No se me asusten. Al menos, los que ya tienen una edad similar a la mía y las siglas del titular les revuelvan las tripas. Es cierto que las siglas tienen memoria y estas, por desgracia, demasiada. Ya saben, mencionar a los GAL en los años 90 nos helaba la sangre; evocaban la sombra de un capítulo oscuro, rancio, cutre… que nunca debió escribirse.
Por eso resulta casi terapéutico que hoy esas mismas letras signifiquen algo tan ilusionante: el nuevo tridente del Atleti. Griezmann, Álvarez y Lookman. Que generan peligro, sí, y mucho, pero del bueno: disparos con balón, en lugar de balas; magia, en vez de terror.
Los GAL de mi Atleti suelen operar con nocturnidad o en horario vespertino; tanto nos da. Antoine pone la inteligencia, la brújula, el talento infinito; Julián mantiene la efectividad letal del delantero centro de toda la vida, metiendo goles incluso cuando no está en racha; y Ademola aporta electricidad pura, la sensación de que algo va a pasar cada vez que encara. Los GAL, dispuestos a dinamitar defensas y asaltar el área rival sin pedir permiso. Y hasta sin que se les vea venir…
No sé si los GAL colchoneros venderán tantas camisetas como los rutilantes tridentes de la BBC blanca o la MSN azulgrana -más mediáticos, no necesariamente mejores-, pero tampoco les tenemos nada que envidiar. El Atleti, ya saben, no es cuestión de focos, sino de fe y de realidad. Por eso, nuestro tridente forma parte de un equipo único; que palma con el Rayo con la misma facilidad con que le mete cuatro al Barça; de un equipo que muerde y que, en la misma semana, toca el cielo y aterriza sin cinturón.
En cualquier caso, y ya que hemos resucitado las siglas para algo noble, hagamos bien el trabajo: aseguremos, al menos un año más, la continuidad de Griezmann; blindemos a Julián de los cantos de sirena culés y, por supuesto, renovemos al Cholo cuanto antes. Que estos GAL sean, sí, un asunto de Estadio. Metropolitano.
