—Su trayectoria en el estudio del derecho y de las religiones y su estudio de la historia le han llevado a publicar interesantes obras. La última es Hispanoterapia, pero antes estuvieron El Sacro Imperio Romano Hispánico, La conjura silenciada contra España, A favor de España: el coste de la ruptura, La Leyenda Negra: Historia del odio a España y La Guerra Cultural. Su última obra es divertida, ágil, fácil de leer y adecuada para dar respuesta a las críticas que se vierten contra España. Díganos, ¿Por qué este nuevo libro?
—Los hispanos tenemos un problema psicocultural y no le estamos haciendo frente. Cada vez somos más -520 millones de personas tienen al español como lengua materna-común, la tercera del mundo-, pero podemos menos porque vivimos divididos, dependientes, enfrentados, acomplejados y a menudo nos equivocamos de enemigo. La corrupción, el caos, la polarización extrema, el conflicto permanente, las tendencias fragmentadoras, la dejadez, la mediocridad de nuestras clases dirigentes, la mentira como estrategia consolidada, el vasallaje entusiasta de nuestras élites a poderes y marcos culturales foráneos, la irrelevancia geopolítica… corroen nuestro presente y futuro. Este proceso de deterioro continuo tiene varias causas, pero las principales, que suelen pasar desapercibidas, tienen que ver con un estado mental colectivo caracterizado por la desconfianza, la falta de autoestima y la ingenuidad galopante. Y, sin embargo, nada de esto ocurría cuando estábamos unidos.
—De sus libros anteriores ¿Cuál cree que tuvo mejor acogida?
—Por número de ventas, sin duda el titulado “La leyenda negra: historia del odio a España”. Algunos separatistas que compraron el libro se quejaron de que habían sido engañados porque esperaban encontrar más razones para odiar a España, la razón vital de su existencia. Por supuesto, era todo lo contrario. Cuando es el odio lo que te mueve podrás alcanzar la independencia, pero difícilmente la salud mental. No obstante, creo que tanto el de la “Guerra cultural” como “El Sacro Imperio Romano Hispánico” aportaban nuevas ideas, algo provocativas, que han tenido también su influencia, sembrando el terreno para un cambio de paradigma cognitivo. Mi objetivo siempre ha sido sacar al lector de su zona de confort y hacerle pensar de forma crítica sobre cuestiones incómodas, como por qué pensamos lo que pensamos. A nivel colectivo, la propaganda y las modas (incluidas las ideológicas) juegan sin duda un papel que no puede ser ignorado.
—Descríbanos al hispanobobo.
—El relato cancelador del ser positivo hispano se ha incrustado de tal manera en nuestro inconsciente que nos impide hacer un diagnóstico certero de “todas” las causas de nuestros problemas actuales, determinando con ello que cualquier proyecto de futuro esté condenado al fracaso. Pero nuestro mayor enemigo lo tenemos dentro: el hispanobobo. Sería aquél hispano que, a lomos de una ingenuidad y candidez inusitadas, se dedica a lanzar piedras contra su propio tejado, al defender con vehemencia el relato más negativo de nuestro pasado, pensando que esas piedras no le van a caer sobre su cabeza porque está protegido por el escudo de no sentirse español o ser muy posmoderno. En el fondo, opera bajo la premisa según la cual uno no es como es o han sido los que lo preceden, sino cómo se siente según la moda predominante, y por tanto cambiante, en cada tiempo y lugar. La pregunta incómoda es cómo has llegado o te han forzado a sentirte así, lo que resulta especialmente pertinente en el caso de charnegos convertidos entusiastas al separatismo más radical, aunque ello entrañe negar sus propios antepasados que es tanto como decir a sí mismos. Los que se quejan de que el problema de salud mental esté creciendo en nuestro país, a menudo temen hacer un diagnóstico certero de sus causas porque están ellos.
—Lleva varios años dando la batalla de las ideas. ¿Cree que se ha avanzado algo?
—Cuando salió mi primer libro sobre Hispanidad, “La Conjura silenciada contra España” en mayo de 2016, muy pocos hablaban de la leyenda negra, no al menos en la línea del gran Julián Juderías, el gran iniciador de este movimiento intelectual. La ciudad de Madrid, donde nació, y por qué no Segovia, le deben una estatua. Desde entonces, los autores, libros, artículos, asociaciones, fundaciones, canales de YouTube se han multiplicado como el milagro de los panes y los peces. La prueba de que algo está cambiando es que los ataques al hispanismo arrecian, incluidos los de aquellos que pretenden dividirlo, muchas veces desde dentro. Pero “ladran, luego cabalgamos”.
—¿Esta variación es distinta en España y en América?
—La novedad más interesante de este proceso es que su incidencia, si bien empieza en España, se extiende rápidamente a América, casi como una reverberación inconsciente de la carrera de Indias. Autores como Gullo, Lons, Victoria, Zunzunegui, Aíta, Ordosgoitti, Leáñez, Pérez Guevara, entre otros muchos, están conformando un tercio cultural imbatible de hispanoamericanos que se han dado cuenta del engaño y trabajan hoy en pos de la reconquista de lo mejor de su propia historia. Probablemente la independencia de Virreinatos muy autónomos era inevitable, pero tal como se hizo sólo ha beneficiado a quienes nos quieren pobres, divididos y enfrentados. El siguiente paso es que surjan partidos hispanistas, de izquierdas y derechas, con el coraje de reconocer que gran parte de nuestros problemas no se resuelven separados.

—¿Qué entendemos por relato colectivo?
—Somos en gran medida el relato que nos contamos de nosotros mismos. Si cada mañana te miras al espejo y te dices gordo, feo, tonto e hijo de un delincuente, difícilmente vas a tener un gran día. A nivel colectivo opera de forma parecida, siguiendo el célebre adagio hermético de “como es arriba, es abajo”. La Historia no es una ciencia casi nunca exacta, pero sí siempre un instrumento de poder. Un relato se impone a través del lenguaje y las imágenes y una vez que nos lo contamos porque nos lo cuentan se convierte en dominante operando como software colectivo inconsciente que permea nuestra mente condicionando nuestra forma de pensar y sentir, para bien o para mal. En él nos movemos, vivimos y existimos, pero su influencia y poder suelen pasar desapercibidos. De esto son muy conscientes los gobiernos de las grandes potencias del mundo, empezando por EEUU, pero siguiendo por China, Rusia o el mundo árabe. Los únicos que estamos orgullosos de darnos un tiro en el pie somos los hispanos, a pesar de que probablemente hayamos protagonizado la empresa -toda empresa tiene un debe y un haber- con saldo neto positivo más elevado de la Historia.
—¿Qué entendemos por confianza y salud mental al hablar de un pueblo?
—Lo que funciona a nivel individual también lo hace a nivel colectivo y viceversa. Hispanoamérica es la zona del mundo con menor grado de confianza interpersonal, según el Estudio mundial de valores, y España el país con menor autoestima de Europa según el Pew Research Center. Nada de esto ocurría cuando estábamos unidos donde bastaba un apretón de manos para sellar un acuerdo o contrato y todos nos sentíamos orgullosos de ser miembros de una comunidad próspera, sobre todo en América, que era envidiada y respetada por otras potencias. Si no nos respetamos a nosotros mismos es difícil que los demás nos respeten, lo que tiene un coste colectivo e individual.

—¿Cuáles son los síndromes que afectan al bloque hispano en su percepción de sí mismo?
—Los síndromes de la distorsión cognitiva hispana que identifico son cinco: la hispanobobería hispanófoba, el hispano acomplejado y dividido contra sí mismo, el vasallaje cognitivo y la carencia de pensamiento propio —un hispano para ser o parecer culto tiene que citar a autores extranjeros—, el síndrome de Estocolmo ante el secuestro terminológico, y la pulsión fragmentadora y disgregadora que nos auto-destruye.
—¿Cómo se pueden tratar con sesiones de choque esos síndromes?
—En el libro ofrezco, por lo que cuesta un ejemplar, cinco sesiones paralelas de hispanoterapia con los siguientes títulos: cambia tu historia y cambiará tu vida (recordemos quién somos/hemos sido para sanar la autoestima perdida), del vasallaje cognitivo se sale (en busca de la hispanosofía perdida), saquemos el liderazgo hispano del olvido para caminar de nuevo a hombros de gigantes, lecciones prácticas de hispanosofía y liderazgo hispano para el mundo de hoy, y, finalmente, planteo un plan sistémico para despertar la fuerza unificadora hispana pasando de la indignación a la acción. No tengo espacio para profundizar en ellos por lo que invito a comprar el libro.
—¿Cómo se convierte uno en un hispanobobo?
—En el póker se dice que si no sabes quién es el tonto de la mesa, el tonto eres tú y añado que, si sabes que algún jugador hace trampas y sigues jugando con él, eres doblemente tonto. Nos hemos convertido en el patito feo del cuento geopolítico porque hemos olvidado quiénes somos en realidad, un cisne con las alas acartonadas y agarrotadas de tanto creer que no puede volar.
Dice Jesucristo en san Mateo, 10:16: “Mirad, yo os envío como ovejas en medio de lobos; por tanto, sed mansos como palomas y astutos como las serpientes”. Está describiendo cómo funciona el mundo y también muchas empresas y partidos políticos; lo de mansos lo hemos aprendido muy bien, somos muy simpáticos, pero lo de astutos lo pasamos por alto. Basta ya de ser ovejas, aspiremos a ser lobos sin tener que comernos a nadie, pero evitando que nos coman otros y además les salga gratis. Abandonemos el estado de ingenuidad y de queja y pasemos a agarrar el toro por los cuernos. Dejemos de sentirnos víctimas y asumamos el papel de nuevo de conquistadores… de nuestro destino. Todos podemos ser conquistadores porque todos lo fuimos, ¿no eran los aztecas un pueblo del norte que llegó conquistando fieramente a otros?, ¿no fueron los llamados pueblos originarios, aliados de los españoles para reconquistar su tierra precisamente de los aztecas?

—¿Cómo y dónde presenta sus libros?
—La primera presentación tendrá lugar el próximo 5 de marzo en Madrid, a las 19.00, en la Universidad San Pablo-CEU (c/ Julián Romea, nº 2). Después iniciaré otra ronda de presentaciones que pasarán por Salamanca, Medina del Campo, Alcalá de Henares, Burgos, Málaga, Ávila… Por supuesto que estaré encantado de acudir a Segovia si me invitan. Pueden consultar los datos en mi página web: www.albertogibanez.es.
—Existe una cantidad de dinero ingente para producir determinados contenidos, diríamos determinados relatos colectivos, como por ejemplo el pretendido cantante Bad Bunny ¿Cómo se puede luchar contra una propaganda tan millonaria?
—La gran diferencia entre el mundo anglosajón y el hispano es que ellos cuentan con Hollywood, para vender su relato y sus héroes, y nosotros no tenemos un Hispawood para hacer lo propio, e incluso parte de nuestro cine se dedica a hacerle el juego a los hispanófobos tal vez porque saben que las contadas excepciones pagan su peaje. Ya sabemos lo que pasó con la gran película “La Sociedad de la Nieve” de J.A Bayona, que se fue de vacío en la ceremonia de los óscar porque había que premiar al relato halagador del creador de la bomba atómica. ¿Para cuándo una gran superproducción sobre Blas de Lezo o Urdaneta? Solo dos ejemplos de una lista que daría para llenar los cines durante décadas, y sin necesidad de acudir a héroes inventados como los de Marvel o los Sherlock Holmes o James Bond de turno. La buena noticia es que, a pesar de la indolencia de nuestras elites económicas, políticas y culturales, existen fenómenos que ponen al español en órbita, nos gusten más o menos, haciendo que cada vez más gente baile y cante en español. El futuro hispano pasa por que la Comunidad hispana de los EEUU -un país que debe reconocer su doble alma anglo-hispana- recupere el terreno y el papel que arteramente les robaron en 1848, y ello sin disparar un solo tiro, simplemente hablando español.

—¿Qué le gustaría ver en las generaciones nuevas?
—Los jóvenes han sido engañados por telepredicadores-pedabobos que les cuentan que la vida debe ser fácil. Decía Marco Aurelio que la vida es más lucha que danza. La forja del carácter ha sido siempre un elemento clave de la educación, pero hoy parece que su misión es crear seres frágiles, dependientes y caprichosos, sin resistencia a la frustración, y además convencidos de que tienen derecho a que un tercero (normalmente el Estado) les garantice su felicidad. Carácter y voluntad se construyen, como bien sabían nuestros antepasados, enfrentándose a dificultades y obstáculos, sin demasiadas quejas, reforzando así autoestima y confianza. A nuestros jóvenes les han robado su Historia y los referentes en quién inspirarse. La rebelión pendiente es reclamar una nueva educación. Para ello no hay que acudir al coaching anglosajón. Doy dos referentes hispanos, de los muchos que utilizo en mi libro: Antonio Medrano para quien el carácter del líder era “la nobleza, la magnanimidad, la grandeza de alma o grandeza de corazón” y Jaime Balmes -en el siglo XIX no había problemas para ser de Vic y escribir tu nombre en español- para quien el hombre completo perseguía la armonía y equilibrio, bajo el lema: “la razón da luz, la imaginación pinta, el corazón vivifica y la religión diviniza”. Este ser humano completo fue ahorcado por la Ilustración francesa. Toca recuperar el liderazgo hispano. Todos podemos ser parte de esa nueva aventura transoceánica.
