Los fondos Next Generation han regado de millones la industria de la robótica de cuidados para mayores en España, y algunos han llegado también a Segovia. Es el caso del robot social que la Junta e Castilla y León ha cedido a la residencia Los Fresnos y los Claveles. Este robot es capaz de realizar diversos juegos para entrenar el cerebro, y de fomentar el movimiento de las personas mayores. Además, promueve las relaciones sociales entre los residentes, ya que puede introducir conversaciones sobre temas de interés común. Puede realizar videollamadas con familiares, recitar poemas, reproducir música, etcétera.
Las iniciativas de este tipo se extienden por toa España. Cataluña ha aprobado la compra de 1.000 robots asistentes por 5,4 millones de euros. El proyecto Vivir en Casa de la Junta de Andalucía y la Universidad de Málaga destina 2.300.000 euros a un proyecto que combina domótica, sensores y robots sociales. Castilla-La Mancha destina 140.000 euros a la compra de los robots Temi y Nao. ¿Es la solución a la soledad no deseada?
“El problema es mucho más complejo que poner un robot en casa” explica Yangüas, “la soledad no deseada no se reparte al azar: la pobreza y la exclusión social son factores claves en el aislamiento social, como lo son el género, la salud y el barrio, el entorno. En ese contexto, la tecnología —y los robots— pueden ayudar, pero difícilmente serán la solución si se ignora todo lo demás”.
España se ha convertido, casi sin hacer ruido, en un laboratorio de robótica social aplicada al envejecimiento. En Barcelona, el proyecto ARI (Asistencia Robótica Integral) impulsa una prueba piloto con cientos de robots en hogares de personas mayores con dependencia leve o deterioro cognitivo inicial. Estos robots se integran en el servicio público de teleasistencia avanzada e incluyen sensores, recordatorios de medicación, videollamadas con familia y profesionales, y un módulo de conversación básica.
En Fuenlabrada (Madrid), el robot TEMI se mueve de manera autónoma por el centro de mayores, propone ejercicios, conecta por videollamada con familiares, recuerda medicación y monitoriza la actividad diaria.
El último en llegar es Arkeo, un robot humanoide desarrollado por la startup catalana Arkeobots. Con cara expresiva y voz juvenil, está pensado para acompañar a mayores en hogares y residencias: conversa, detecta emociones, propone actividades, recuerda citas médicas y facilita el contacto con la familia a través de llamadas y mensajes. Todos estos proyectos comparten una misma promesa: estar “ahí” cuando no hay nadie más, vigilar la seguridad y, sobre todo, ofrecer compañía. Pero ¿hasta dónde llega esa compañía?
Javier Yanguas sintetiza así el papel que debería tener la tecnología en los cuidados: “La tecnología debería facilitar la parte dura instrumental, complicada, difícil y pesada del cuidado y habilitar tiempo”.
Es decir, los robots pueden encargarse de tareas rutinarias, supervisar caídas, recordar medicación o abrir canales de comunicación… precisamente para que el tiempo humano —el del familiar, la vecina, la auxiliar— se use en lo que ninguna máquina puede dar: presencia y afecto.
