Existen en España un gran número de monumentos, dentro de las calificaciones dadas a los mismos (monumento nacional, BIC, etc.) que es materialmente imposible que las arcas del Estado puedan atender a una conservación adecuada de cada uno de ellos. Pero es que también ocurre lo mismo a escala de las Comunidades, porque cada Autonomía cuenta asimismo con un número elevado de ellos, entre castillos, palacios, catedrales, ermitas, cuevas arqueológicas, etc. etc., que asimismo es imposible para dichas comunidades hacer frente al gasto que supondría el mantenimiento de todos ellos.
En las numerosas librerías segovianas se pueden encontrar muchos volúmenes conteniendo la historia de muchos de estos monumentos, bien agrupados por tomos, o bien referidos a alguno solo de ellos, y todos los textos con las firmas de reconocidos expertos en arte, y complementados con numerosas y excelentes fotografías que revelan el estado actual de cada uno.
¿Y qué hacer? El tema es grave y a la vez preocupante a escala nacional, porque el avance sin cesar de las amenazas de ruina es casi imparable.
Con harta frecuencia leemos en los periódicos y revistas, o contemplamos en programas de televisión, noticias sobre hundimientos totales o parciales de muchos de estos monumentos, por los que pasan también los años y los agentes atmosféricos son asimismo causantes de muchos daños que sufren. Y todo ello ante la impotencia de quienes nada podemos hacer para remediarlo. En ocasiones, ayuntamientos, organizaciones de distinto tipo e incluso empresas particulares hacen intentos exponiendo sus dineros para sostener en pie algunas de estas obras de arte, muchas de ellas verdaderas maravillas, pero finalmente nunca se puede llegar hasta conseguir la recuperación y conservación de la mayoría.
En Segovia ciudad el tema parece menos preocupante, porque, por ejemplo, el Alcázar y la Catedral se autofinancian para sus obras de conservación con las aportaciones de los cientos de turistas que has visitan. También el Estado como propietario del monasterio de El Parral, no descuida sus necesidades, como ayuda a la Real Iglesia de San Miguel donde fue proclamada Reina la princesa Isabel. En cuanto al resto, la misma Iglesia Católica hace sus buenas aportaciones, junto a las que asimismo realizan algunas asociaciones de las parroquias, contando también a veces con la Junta de Castilla y León y el mismo Estado.
Otra cosa es en la provincia, donde las necesidades son mayores, de un lado por la profusión de monumentos, y por otro la nada fácil forma de conseguir subvenciones, dado el alto número de ellos.
Con frecuencia vemos en los medios informativos locales y nacionales derrumbamientos de monumentos, o de paredones de los mismos, que te dejan una dolorosa impresión ante la impotencia nuestra de poner la mano encima para detenerlos. Pero el paso del tiempo es inflexible, y ya he repetido que los agentes atmosféricos también, y máximo en este periodo en el que una borrasca sustituye a otra, ante el temblor de los que esperamos nuevos daños.
Naturalmente, a cada localidad afectada le duelen asimismo los daños, dado que tampoco sus autoridades y vecinos tienen poder económico. Volvemos a acudir a la paciencia y a la esperanza que la bonanza del tiempo que venga pueda servir para algo en la conservación de tanto patrimonio artístico que se va deteriorando.
