Es curioso comprobar cómo por la asociación de ideas, puede saltarse de un tema a otro, a veces, de manera inverosímil. Así, por ejemplo, de la portada que fue de la Casa Grande de Ortiz de Paz (1) y también del regimiento de Artillería nº 41 (2) podemos pasar a la canción de Lili Marleen tan famosa en el correr de los tiempos.
Es imprescindible facilitar algunos datos esenciales sobre Lili Marleen en quien recae una buena parte del protagonismo de estas líneas. Se trata de una figura simbólica de mujer joven recreada por la cantautora alemana Lale Andersen en 1939 como un canto de amor entre soldados y novias.
Tuvo un precedente en 1915 cuando Hans Leip (Hamburgo) escribiera unos versos considerados como el principio de toda esta historia.
En 1957 el ejército español me llamó a filas. Y una de las primeras cosas que se me ocurrieron fue revisar la canción Lili Marleen y ponerle una letra a mi manera. Lo hizo mucha gente y yo fui uno más. ¿Me quedaría en España en el sorteo? ¿En qué parte? ¿Me tocaría ir a África? Y así fue cómo surgieron las primeras frases: CUANDO AL PARTIR VINISTE RAUDA Y FIEL, A DECIRME ADIOS A LA PUERTA DEL CUARTEL/. Y algún añadido más que luego borré al saber que me quedaría en Segovia.
Cuando mandos allegados a mi batería, la cuarta, se enteraron de que andaba metido en tales peripecias, me animaron a seguir en el empeño para usarlo al marchar en paso de maniobra durante los próximos ejercicios.
Aquella chica que debía acudir a despedirme a la puerta de cuartel apenas me era conocida en esos momentos. Acabábamos de ser presentados y aunque pudo haber un flechazo inicial apenas brillaba lo que una lamparilla. En todo caso, mucho menos que la farola de la canción original.
Su protagonista era una maestrilla, muy guapa, por cierto, cuyo título aun tenía la tinta fresca. Por mi parte, había aprobado las oposiciones al Cuerpo de Telégrafos donde ya prestaba mis servicios y al que había solicitado mi excedencia temporal para hacer la mili. La despedida sería, pues, triste, pero no traumática.
Y a las palabras ya consolidadas de la canción añadí: TE PROMETÍ Y JURÉ MI AMOR, Y TU SERÁS, TODO MI BIEN… quedando incompleto el verso.
Cuando me midieron en la Zona de reclutamiento, en lugar de ponerme 1`80, anotaron 1`90. Esto determinó que en Madrid mi vieran apto para la Guardia de Capitanía General.
Me propusieron pasar de artillero a infante en unas condiciones muy favorables y eso que yo estaba rebajado en Segovia con pase de pernocta en casa. Pero, ¿y la novia? ¡Ah, la novia! Con eso no había contado. Y sin reflexionar mínimamente acepté ir a Madrid a donde me trasladé sin más.
La Guardia de Capitanía General estaba compuesta por 67 miembros de estaturas comprendidas entre el 1`90 y los 2,00 metros. Formábamos una agrupación adherida al regimiento de Saboya nº 6 ubicado en Leganés. Como no era verdad que yo midiera 1`90, automáticamente me colocaron al final de la fila.
Más, ya en el campamento de El Goloso, intenté retomar mi Lili Marleen abandonada. Y volvió a ocurrir lo que en Segovia, que mandos cercanos a la sección de Capitanía me pidieron un texto para el paso de maniobra por los grandes espacios de la zona.
Como apenas tenía tiempo para dedicarme a este menester, tuve que emplearme a fondo para salir del paso.
Tendrían que pasar tres meses de campamento para que, ya en Madrid y en la compañía de destinos, intentara mejorar aquel texto. Quité algunos párrafos y añadí otros que borré por no quedarme satisfecho con ellos.
Con el paso del tiempo y a medida que mis viajes a Segovia se iban sucediendo, añadí: CUANDO EN LA LLANURA MI MOTO VA VELOZ O CUANDO EN EL PUERTO LA MARCHA LENTA ES/ PRONTO ESTARÉ YA JUNTO A TI… Haciendo alusión a mi Lambretta que tan excelente servicio me prestaba para ver a mi Lili Marleen ya consolidada.
Y nuevamente mi canción quedó inacabada, coincidiendo con mi licenciamiento. El resultado final devino en una deriva personal que se prolongaría durante medio siglo.
También y con el nombre de “La hora de Lili Marleen”, que se correspondía con las diez menos diez de la noche, establecimos la maestrilla y yo un encuentro imaginario. Consistía en unir nuestros pensamientos a pesar de la distancia si es que la hubiese.
Esto lo hemos mantenido, dentro de lo posible, hasta que la muerte nos ha separado. Sin embargo, tiene tal fuerza la costumbre que yo sigo haciéndolo si no lo impide una causa más apremiante.
Finalmente aprovecho la ocasión para agradecer a los historiadores Diego Quirós Montero y Francisco-Javier Mosácula María la recuperación de esta valiosa portada, misteriosamente desaparecida durante las obras de la UVA.
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- Laureano Ortiz Paz Impulsor de la fábrica de paños llamada de la Casa Grande.
- Regimiento de artillería 41 ubicado en las mismas dependencias que la Casa Grande y en cuyo solar se construiría posteriormente la UVA.
Carlos Arnanz es Académico Honorio de San Quirce
