Empiezo estas palabras pensando en cómo le gustaría a mi tía Laura que la recordáramos, y la respuesta es clara: en una noche de Reyes segoviana. Fría, como suelen serlo, pero iluminada por un sol fuerte y un cielo azul limpio. Era uno de sus días favoritos del año, vivido con una ilusión sencilla: rotuladores, roscón y chocolate, los tebeos de Mortadelo y Filemón, su Súper Humor y esa alegría tranquila que sabía compartir.
Dicen que los Reyes Magos siguieron una estrella. Creo que Laura ha dejado la suya encendida en el Cielo, justo en su día más especial. Allí se ha reencontrado con sus padres y desde donde seguirá cuidando de su familia.
Si para nosotros la noche de Reyes siempre ha sido importante, ahora lo será aún más. La estrella cobra un nuevo sentido, porque sin ella los Reyes nunca habrían llegado a adorar al Niño Jesús. Hoy entendemos que nada es casual y que todo, incluso el dolor, encuentra su lugar en el plan de Dios.
La tristeza es inevitable, porque el vacío que deja es grande. Pero junto a ella permanece la esperanza, la certeza de que el amor no desaparece y de que lo vivido permanece.
Hoy también recuerdo con gratitud a mis abuelos, Víctor y Gloria. Supieron entender a su hija, cuidarla y quererla, y nos enseñaron a todos a estar siempre a su lado.
Gracias a APADEFIM por acompañar a Laura con respeto, responsabilidad y cariño, y por ayudarla a vivir su vida con dignidad.
Hoy la despido con tristeza, pero también con agradecimiento. Laura deja luz, recuerdos y una estrella que, a partir de ahora, brillará con más fuerza y seguirá marcando el camino.
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Marina Mena Utrilla
