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La provincia revive la tradición de las vaquillas en una ruta que recorre once municipios

Hasta el martes 17 de febrero los pueblos participantes mostrarán las peculiaridades de esta fiesta ancestral como uno de los elementos más destacados del Carnaval en la provincia

por S.G.H
14 de febrero de 2026
Vaquillas en el carnaval de Arcones en una edición anterior.

Vaquillas en el carnaval de Arcones en una edición anterior.

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Torre Val de San Pedro será hoy a las 13.00 horas, la primera parada de la Ruta de las Vaquillas Segovianas que organiza la Diputación de Segovia y la Asociación Despertar Memoria. A lo largo de este sábado y hasta el martes 17 de febrero, un total de once pueblos, en su mayoría pertenecientes a la sierra segoviana, se engalanarán para recuperar la diversidad y la vitalidad de uno de los ritos más singulares del patrimonio inmaterial segoviano, que en muchas ocasiones el tiempo y la despoblación han dejado en el olvido.

Torre Val de San Pedro, será de esta forma el punto de partida de un itinerario que pasará también por localidades como Arcones, Casla, Matabuena, Navafría, Santo Tomé del Puerto, Collado Hermoso o Fuenterrebollo, entre otras, hasta culminar el martes en Prádena.

Más que una programación conjunta, la ruta nace con la intención de mostrar que no existe una única vaquilla, sino múltiples formas de entender y celebrar el rito. Como explica David Soriano, presidente de la Asociación Despertar Memoria, el objetivo es que “todo el mundo sepa en qué pueblo se celebra el ritual y la diferencia que hay entre los rituales”.

Las vaquillas forman parte del conjunto de mascaradas de invierno que se celebran en distintos puntos de Castilla y León. En el caso segoviano, su presencia está documentada desde la Edad Media, incluso en representaciones escultóricas del románico y existen referencias escritas que ya en el siglo XIX trataban de limitar o prohibir estos festejos.

A pesar de ello, el rito ha demostrado una notable capacidad de resistencia. En algunos municipios se mantuvo incluso en épocas de prohibición, transmitido de generación en generación. En otros casos, quedó reducido a recuerdos dispersos hasta que en los últimos años se ha impulsado su recuperación gracias al trabajo de investigación etnográfica y al compromiso vecinal.

Como ha señalado el diputado de Cultura, Juventud y Deportes, José María Bravo, la vaquilla es “un elemento vivo”, que en varios municipios “todavía tiene un desarrollo popular como festividad”, mientras que en otros está comenzando a recuperarse.

Una muestra de diversidad

Uno de los principales objetivos de la ruta es visibilizar las diferencias entre localidades. “Todo el mundo debe saber en qué pueblo se celebra el ritual y la diferencia que hay entre los rituales”, explica David Soriano, presidente de la Asociación Despertar Memoria, impulsora de la iniciativa.

Y es que la diversidad es una de las grandes riquezas de esta tradición. “Cada vaquilla es diferente”, subraya Soriano. Las hay construidas con armazones de madera; otras elaboradas con mimbre; en algunos pueblos se decoran con mantas tradicionales, pañuelos de lana merina o cintas de colores; en otros presentan estructuras más austeras, hechas con madera, cuernos y tela. “No tiene nada que ver la vaquilla en un sitio que en otro”, insiste.

También varía el desarrollo de la celebración. En determinados municipios se mantiene el rito completo: la vaquilla recorre las calles persiguiendo de forma festiva a vecinos y visitantes, acompañada por personajes tradicionales —como tripudos, remudaos u osos— que simbolizan el desenfreno carnavalesco. La jornada culmina con el sacrificio simbólico del animal y el reparto del vino que representa su “sangre”, un acto colectivo que marca el final del Carnaval y la entrada en la Cuaresma.

En otros pueblos, donde la tradición está en proceso de reactivación, este año se ha optado por un formato expositivo o simbólico, a la espera de consolidar la participación y recuperar todos los elementos del rito.

El trabajo de recuperación no se ha limitado a reconstruir la estructura de la vaquilla. La Asociación Despertar Memoria ha desarrollado una labor de documentación en más de sesenta pueblos de la provincia, recopilando testimonios, fotografías y piezas antiguas. Actualmente, diecisiete localidades mantienen la tradición activa, bien por continuidad histórica o por recuperación reciente.

Según explica la fundadora de la asociación, Nuria Delgado, el proceso parte siempre de la comunidad: “Nos estamos apoyando en ellos para dar a conocer primero a los nuestros y luego al resto de la provincia cómo era”. Entrevistas a personas mayores, análisis de piezas conservadas en arcones familiares y estudio de documentación histórica permiten reconstruir con rigor cómo se celebraba la fiesta en cada lugar. En este sentido, han querido agradecer la labor de Guillermo Herrero, artífice de los primeros estudios sobre esta tradición en la provincia.

Este esfuerzo busca evitar la homogeneización. Con el paso del tiempo, muchos trajes y elementos tradicionales se estandarizaron, perdiendo las particularidades locales. Sin embargo, históricamente existían diferencias claras entre pueblos, tanto en la construcción de la vaquilla como en la indumentaria y los personajes asociados.

Más allá del atractivo turístico, reforzado tras la reciente presentación de la ruta en FITUR, la iniciativa pretende reforzar la identidad local y el orgullo de pertenencia. En palabras de Bravo, estas tradiciones “no son solo reliquias del pasado”, sino expresiones vivas que contribuyen a fijar población y a mantener el vínculo con el territorio.

Desde la organización insisten, no obstante, en la necesidad de un crecimiento equilibrado. El objetivo no es convertir las celebraciones en espectáculos masificados, sino preservar su carácter comunitario. La vaquilla fue y sigue siendo, ante todo, una fiesta del pueblo y para el pueblo.

Desde hoy y hasta el martes, la sierra segoviana vuelve así a llenarse de sonido, color y memoria. La Ruta de las Vaquillas ofrece la oportunidad de recorrer distintas formas de entender el Carnaval y comprobar cómo una tradición ancestral sigue adaptándose al presente sin perder su raíz.

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