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¿A quién pertenecen los hijos? y el Salvaje Oeste digital

Hace dos semanas se produjo una noticia que no puede pasar desapercibida a los padres: El presidente de gobierno español usurpa a los padres el deber de educar a los hijos. Desde la Cumbre Mundial que se celebró en Dubai, Pedro Sánchez ha anunciado una ley que acabará con la falta de regulación en las redes y que rastreará las huellas de odio y polarización que las invaden

por Ángel Galindo García
15 de febrero de 2026
ANGEL GALINDO
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Hace dos semanas se produjo una noticia que no puede pasar desapercibida a los padres: El presidente de gobierno español usurpa a los padres el deber de educar a los hijos. Desde la Cumbre Mundial que se celebró en Dubai, Pedro Sánchez ha anunciado una ley que acabará con la falta de regulación en las redes y que rastreará las huellas de odio y polarización que las invaden. Prohibirá el acceso a las redes de los menores de 16 años y garantizará su salud en el ‘Salvaje Oeste digital’.

La pregunta ¿a quién pertenecen los hijos»? supone que las personas pertenecen a alguien y nace de esta imposición gubernamental. Sin embargo desde una cultura humanista, en la que la esclavitud debería haber desaparecido, se establece que las personas son autónomas, independientes y libres. Por tanto los hijos no pertenecen a nadie. Ahora bien, los niños tienen sus limitaciones como personas menores para el ejercicio de su autonomía en cuanto no tienen las capacidades desarrolladas para valerse por sí mismos.

Al poco de nacer el estado de Israel (1948), los «sionistas» crearon los que se han denominado kibuts. Estos (del hebreo Kibbutz, ‘agrupación’) son comunidades colectivas, tradicionalmente basadas en la agricultura y el socialismo sionista, donde la propiedad es comunal. Objetos de esta propiedad son también los hijos desde el momento de su nacimiento: los padres producen hijos para el Kibuts y para el Estado. Por cierto, los estudios sociológicos han demostrado que estas comunidades no son rentables y no tienen futuro.

Con la retórica que le caracteriza, el inquilino de la Moncloa señaló: ‘nuestros hijos están expuestos a un espacio en el que nunca debieron navegar solos…los protegeremos del Salvaje Oeste digital’. La expresión «nuestros hijos» dicha por el presidente están indicando que son del Estado especialmente cuando añade que les «prohibirá el acceso a las redes». Sin embargo, la protección de los menores y las alteraciones en la salud social que está generando la acelerada digitalización, son tareas lo suficientemente importantes como para no dejarlas en manos de este señor y su gobierno, al menos por tres razones:

1ª. Por despotismo paternalista. Con el ‘Scheriff Sánchez’, llega la ley y el orden. Está dispuesto a someter a Elon Musk y traer la paz. Se nos presenta como Leviatán paternal para proteger a los menores como usuarios vulnerables y como un príncipe de la verdad quien nunca miente (solo cambia de opinión) porque ‘la viralidad cotiza por encima de la verdad’. Nos lo dijo el año pasado, el 5 de febrero, cuando se autoproclamó ‘scheriff’ algorítmico para liderar una ‘digitalización humana y humanista’. Ya no lo vemos como ‘scheriff, ahora representa al vendedor del elixir de crecepelos.

2ª- Por incompetencia. Técnicamente, esta regulación es un proceso europeo complejo donde se contrastan argumentos, se cuenta con afectados y se busca consenso. Algo tendrán que decir las autoridades europeas, los colectivos profesionales afectados por la aplicación y los usuarios. En las plataformas hay fabricantes, gerentes, técnicos y creadores de contenido; ¿se contará con asociaciones de padres o colegios profesionales? La protección no puede confundirse con una prohibición difícil de aplicar, que inhabilite para navegar con responsabilidad y que fiscalice policialmente la integración social.

3ª. Por salud educativa integral. La mejor forma de proteger en la pubertad es acompañar y emplear más tiempo para entrenar en el autocontrol, jugando, conversando y ejemplarizando. Sobran leyes, protocolos, trampas y reglamentos, necesitamos buenos maestros de carne y hueso mejor pagados, exigentes y ambiciosas familias reales, juegos de patio que los dejen crecer, que los responsabilicen en el mundo real y destierren el autismo digital intergeneracional. Como afirma Jonathan Haidt: No a quien promueve iniciativas socio-educativas para restringir el uso de los dispositivos, ya que “los adolescentes están hambrientos de comunidad y comunión”.

Según esta tercera razón, los adolescentes (los hijos menores) necesitan acompañamiento de aquellas personas que los quieren y no negocien con ellos. Estos son los padres. La familia es la estructura social que cumple, dicen los sociólogos, los roles propios de los hijos para satisfacer las necesidades más importantes del ser humano.. Por ello, los hijos no pertenecen al Estado y este no puede imponer un sistema educativo que pertenece a los padres.

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