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Kike, del Bar Santana: “Los artistas tocan quince días en Madrid y se olvidan de Segovia, Ávila, Toledo o Soria”

Kike y José Arranz, los hermanos Santana, serán lo pregoneros del Carnaval de Segovia 2026, un reconocimiento que les llega después de 34 años siendo una referencia para los carnavaleros de la ciudad

por Alberto García de Frutos
8 de febrero de 2026
A la izquierda, Kike, con gorra, y José posan junto a un retrato suyo expuesto en el Torreón de Lozoya durante la muestra ‘Arte y música’ con la que se celebró el trigésimo aniversario del Bar Santana en 2022.

A la izquierda, Kike, con gorra, y José posan junto a un retrato suyo expuesto en el Torreón de Lozoya durante la muestra ‘Arte y música’ con la que se celebró el trigésimo aniversario del Bar Santana en 2022.

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“Dos de hierbas, uno de orujo y un pacharán para los cuatro chicos de la mesa”. Es la última orden que Kike Arranz, más conocido como Kike Santana, da a un camarero de su bar de la calle Infanta Isabel, la calle de los bares, antes de atender a este periódico. Habla rápido porque tiene 34 años de recuerdos grabados en la memoria y poco tiempo para contarlos. Él y su hermano José están al frente de un bar que además es una institución cultural en Segovia. Tienen el doble trabajo de llevar una cantina y ser promotores de conciertos por toda la provincia y de la galería de arte en la que se convierte el Santana dos veces al mes, pero no están cansados; la respuesta de la gente a todas sus iniciativas les impulsa a la siguiente. Ya están preparando el Carnaval, del que este año son pregoneros y del que son referencia para las comparsas de la ciudad.

—Para alguien que no lo conozca, ¿cómo es el Bar Santana?
—Es un bar muy dinámico que se dedica, por supuesto, a vender cubatas y cervezas, pero también es muy activo. Hemos hecho más de 3.000 conciertos en 34 años, en plazas de toros, polideportivos, campos de fútbol… Llevamos 908 exposiciones colgadas en el bar, que cambiamos cada 15 o 20 días. Y organizamos actividades de todo tipo: presentaciones de libros, títeres, conciertos en acústico. Hemos hecho 40.000 cosas y seguimos haciéndolas.
—Y ahora también pregoneros.
—Es un honor que nos hayan elegido. La verdad es que nos ha hecho mucha ilusión porque es un mundo en el que estamos muy metidos. Desde el primer día, abrimos la puerta a las comparsas, que como son grupos grandes que suelen beber bastante, en muchos locales no están bien vistos. Nuestro bar es un poco canalla y al final se ha convertido en un punto de referencia para los carnavaleros; algunos se pasan con nosotros tres o cuatro días y nos dan ambiente. Para nosotros, el martes de Carnaval siempre ha sido de los días más gordos del año, a la altura de Nochevieja.
—¿Cómo se consigue eso?
—Abrimos el 16 de enero de 1992, un mes después llegó Carnaval y el bar se puso a reventar y no sabíamos qué hacer. Yo creo que los carnavaleros se sintieron bien tratados porque les dejábamos un poco hacer lo que querían, y como nosotros lo que queríamos era vender, todo fue bien. Ahora, 34 años después, han hecho piña y cuentan con nosotros para todo.
—¿Cómo ha cambiado en 34 años el Carnaval de Segovia?
—Ha cambiado bastante. Hace 30 años, cada uno se vestía como quería y hacía lo que le daba la gana, después, las comparsas fueron ganado peso y ahora son las que marcan la pauta. Lo que no ha cambiado es el tiempo, casi siempre tenemos mala suerte, y este año parece que también.
—¿Tiene escrito ya el pregón?
—Un poco, pero no voy a adelantar nada, solo que será un pregón a nuestra manera.
—¿Por qué eligieron abrir un bar para conciertos?
—Éramos unos chavales cuando llegamos a Segovia desde Mudrián para buscarnos la vida y decidimos montar un bar para hacerlo. A mí siempre me ha gustado mucho el rock and roll y me di cuenta de que nadie estaba programando conciertos en Segovia. A los tres meses de abrir, empezamos a arrancar con conciertos en el bar y luego en plazas de toros, polideportivos… En Segovia había seis discotecas y programamos en todas.
—¿Y las exposiciones?
—A las exposiciones se dedica mi hermano José. En cuanto empezamos, la gente se apuntó porque había muchos pintores noveles que no tenían la posibilidad de colgar sus cuadros. Ahora tenemos un año y pico de lista de espera para exponer.
—¿Qué clase de exposiciones acogen?
—De gente de todos los sitios. Habrán venido de, por lo menos, diez o doce países distintos, y luego mucha gente de Segovia, lógicamente. Siempre que tengan un mínimo de calidad, damos una la posibilidad a la gente que tiene ganas de exponer.
—También acogen muchos actos sociales.
—Hacemos muchos actos benéficos, entre otros, a favor de la lucha contra el cáncer; colaboramos con el festival Flamencura y con todo el que nos pide ayuda, por eso somos distintos a otro tipo de locales.
—No tienen tiempo de aburrirse.
—No. Tener un bar puede ser muy cómodo, pero también muy aburrido. Yo prefiero que sea como el nuestro.
—Pero ese ritmo tendrá que ser cansado.
—Sí, pero muy guay. Una vez que entras en la dinámica, no te cansas mucho. Yo llevo toda la vida metido en el lío, y el día que no tengo lío, estoy mal. Necesito actividad.
—¿Cómo comenzaron los conciertos en el bar?
—Empezamos haciendo acústicos los martes y jueves. Tres meses después empezamos a hacerlos en las seis discotecas que había en la ciudad. Los hacíamos en un horario que ellas no tenían actividad. De diez a una la gente estaba en los bares. Nos cedían el espacio y así hicimos unas 160 actuaciones al año.
—Pasaron a ser promotores.
—Sí. Tenemos la promotora Santana Producciones y con ella empezamos a programar por toda la provincia.

“Es un honor que nos hayan elegido pregoneros. El Carnaval es un mundo en el que estamos muy metidos desde el primer día”

“Hemos hecho más de 3.000 conciertos en 34 años y llevamos 908 exposiciones colgadas en el bar, que cambiamos cada 15 o 20 días”

“Hacemos muchos actos benéficos y colaboramos con todo el que nos pide ayuda, por eso somos distintos a otro tipo de locales”

“Es muy agradecido hacer las cosas y que la gente entienda el mensaje de todo lo que hacemos y te anime a seguir. Hay Bar Santana para rato”

—¿Quiénes eran los artistas que llegaban a Segovia entonces?
—Pues venía Pereza, Coque Malla, Despistaos… El bar no es muy grande, cabrán unas 100 personas, pero por entonces todos estaban empezando.
—Para Extremoduro, 100 personas son muy pocas
—Empezamos a trabajar con Extremoduro en el 93, hicimos un primer concierto en Babalú, una sala para 800 personas. A Platero y Tú, les hicimos muchísimas veces, y después a Fito y los Fitipaldis. Reincidentes, Porretas, Loquillo, Ilegales, Enemigos, Joaquín Sabina y Serrat… con todos ellos empezamos trabajar en los 90. Y salvo un susto con un concierto de Estopa, que vendimos 2.500 entradas de 25.000 previstas, todos fueron muy bien.
—¿Quién viene a tocar ahora a Segovia?
—Ahora programar un concierto como el de Leiva es imposible. Sus exigencias son muy altas y los artistas se limitan a hacer cinco o diez días en Madrid. En tiempos, yo traje a Dani Martín y a El Canto del Loco varias veces. Pero ahora tocan quince días en Madrid y se olvidan de Segovia, Ávila, Toledo o Soria. Los artistas prefieren hacer cincuenta conciertos tranquilamente que noventa corriendo para ganar los mismo. Hacemos todo lo que podemos, pero a veces estamos limitados por una ciudad con una capacidad pequeña.
—¿Por eso programan más conciertos tributo?
—Son tiempos distintos. Hay mucha gente que ni tiene los 60 euros ni la posibilidad de desplazarse para ver a algunos artistas, y tampoco hay entradas porque lo tienen todo vendido. Además, algunos grupos tributos son muy buenos. Pagas 12 o 15 euros y te lo pasas bien y ya está.
—¿Cuáles son los próximos conciertos que ha organizado?
—En mayo tocan Porretas en Bercial, La Fuga en Coca… hay bastantes cosas por ahí pero sin firmar. El próximo verano va a estar muy bien.

 

—¿Algún grupo que le haga ilusión llevar?
—Tenemos a Los Lebreles del Voltoya, que ya tengo con ellos 19 conciertos para el verano. Donde van, arrasan. Es una banda de nueve personas de Madrid, Sevilla, Valladolid… no hacen versiones, cogen canciones y las rompen a su manera y a la gente les encantan. Montan una feria divina.
—¿Vendrán Sanguijuelas del Guadiana?
—Cuando empezaron a pegar, les llamé y me dijeron que eran 40.000 euros, y que me diera prisa porque en breve serían 70.000. Así es imposible. Los chicos son majísimos y van a triunfar, pero tienen dos canciones y tienen que hacer un segundo disco. Algo parecido me pasó con Isabel Aaiún, la tenía firmada por 6.000 euros antes del boom de ‘La potra salvaje’ y la selección, y cuando llegó al concierto me dijo que el caché había subido. Tenía tres mil entradas vendidas y tuvo que pagar la diferencia.
—¿Qué son los Premios Bar Santana?
—Llevamos dándolos unos 20 años, es una cosa que hacemos coincidiendo con los aniversarios y se las entregamos a gente de la cultura casi siempre de Segovia, pero es inevitable traer gente de fuera. Lo tienen M-Clan, Burning, Boicot, Porretas, José Luis López Saura, Carlos Costa, Nuevo Mester de Juglaría, Lujuria… Los ganadores lo agradecen mucho.
—¿Cómo surgieron?
—Simplemente para animar un poco el aniversario. Son muchos días y hay que darles contenido. Este año hemos hecho cinco días, pero recuerdo que cuando hicimos 30 años estuvimos diez días de celebración. Salimos hasta el gorro, pero lo cierto es que es muy agradecido hacer las cosas y que la gente entienda el mensaje y te anime a seguir.
—Después de 34 años, ¿le queda recorrido al Bar Santana?
—Yo tengo 59 años y mi hermano 63, pero nos queda cuerda para rato.
—¿Y hay relevo generacional?
—Nuestros hijos están haciendo todos Matemáticas y fuera de Segovia, repartidos por el mundo. Si quieren seguir, que sigan, pero que hagan lo que quieran.
—¿Le puedo pedir la receta de las patatas al ajillo?
— No te la daría, pero tampoco sabrías hacerlas. Son el 80% de los pinchos que vendemos. Las hacemos desde el minuto uno que abrimos y están buenísimas. No eres el primero que pregunta por la receta, incluso hay bares que han intentado copiarlas, pero no les salen igual.
Había que intentarlo.

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