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Ahora, Cuba

por Camilo Manrique
6 de febrero de 2026
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Una vez iniciada la estabilización de Venezuela, ahora le toca a Cuba. En la isla pasará algo parecido: con la inestimable ayuda del Comando Sur de los EE.UU. desplegado en el Caribe, el pueblo cubano hará valer su deseo de libertad y la dictadura caerá, o se rendirá, que para el caso es lo mismo. La fe democrática no ha muerto en Cuba. Es cierto que la crueldad castrista ha sido más elucubrada y duradera que la chavista, sin embargo, el 3 de enero demostró en Venezuela que cuando una fuerza superior avasalla al tirano su bravura se vuelve servilismo y el oprimido se recupera. Este, que es el mayor descubrimiento en política internacional en lo que va de siglo, se está implementando por primera vez en Venezuela. Ahora le toca a Cuba.

Lo de Venezuela fue posible porque su pueblo mantuvo siempre viva la llama democrática. Sin duda fueron las elecciones presidenciales del 28J del 2024 las que le dieron el golpe de gracia a la máquina del terror chavista probándole al mundo, y al pueblo mismo, el rechazo a la dictadura. Hoy el chavismo tiene un solo dígito de apoyo porcentual. Mientras, desde la cárcel en Nueva York, Maduro se pregunta por qué no explotó la “huelga general insurreccional revolucionaria de la clase obrera y campesina” que según él iba a “inundar las calles hasta que se retomase el poder para hacer una revolución aún más radical”. La respuesta más adecuada sería: “Es la democracia, estúpido”.

La revolución cubana no fue marxista en sus inicios (que se lo pregunten a Huber Matos), fue democrática, pero se volvió fascista en lo que asumió el poder. Baste como ejemplo los escraches organizados por el régimen en estos momentos contra “Con los cubanos de a pie”, visitas vecinales organizadas por el encargado de negocios de la embajada de EE.UU. en la Habana, Mike Hammer. El pueblo cubano está harto. Lo ha demostrado con el Movimiento San Isidro, con las explosiones sociales del 11 julio del 2021, con las 5.700 manifestaciones del año 2023, 8.400 en el año siguiente, más de 1.000 presos políticos y el clamor firme y resistente de la dirigencia democrática cubana.

La liberación de Cuba tendrá que lidiar con la empatía suicida de Occidente con el castrismo. “Símbolo” es el término que usó el Papa Francisco para bendecirlo. No se dio cuenta Bergoglio que es un símbolo, pero de la mentira: Fidel no sacó al dictador Batista para restaurar la democracia como prometió y ese engaño fue malintencionado, no un inocente pecado original. Todo lo que ha venido después ha sido diabólico. La presunta participación del arzobispo venezolano Biord en el secuestro del yerno del presidente electo de Venezuela Edmundo González, recientemente denunciada por su hija, confirma que “los primeros seducidos por el Anticristo han sido los intermediarios de Dios”. Esto es lo que concluyó Alfred Roth frente al comunismo soviético, la madre del cordero. Lamentablemente, el nuevo Papa León XIV no ha enmendado el embeleso de su predecesor con el mal necesario implícito en las tesis marxistas.

La dictadura cubana ha sabido presentarse como víctima siendo verdugo: ¿puede imaginarse mayor perversidad? Su fórmula, esparcir la patraña de que la desgracia de Cuba se debe a un inexistente bloqueo. El conjuro ha sido tornar la mentira en verdad: ahora sí Cuba está bloqueada y por eso la dictadura, ahora sí, caerá inmediatamente. Es increíble que la solución fuese tan fácil. El Departamento de Estado ha llamado a esta política “pragmatismo consciente” y se basa en acciones, no argumentos, se guía por el sentido común y la ética. Es en este sentido cuasi espiritual (y eminentemente cristiano) que María Corina Machado sintoniza con la política exterior de la actual administración estadounidense: ambos suponen que la verdad se hace incontestable cuando los hechos se hacen evidentes.

La caída de la dictadura castrista dejará claro que Cuba nunca estuvo bloqueada. El petróleo regalado llegó desde Venezuela sin obstáculo durante 27 años y lo revendieron libremente mientras el pueblo cubano (y venezolano) sufría. Se sabe que GAESA, la empresa de los militares cubanos, tiene 18.000 millones de dólares depositados en la banca internacional. Con ese dinero podrían mantener a Cuba durante 10 años, pero no lo harán y tendrá que ser EE.UU. quien use ese dinero para rescatar a la isla. Marco Rubio ya tiene a la Delcy cubana (es un hombre de negocios residente en Florida) y las autoridades supremas de la revolución se exilarán en Moscú con lo robado o irán a la cárcel. Lo que acabe sucediendo va a pasar sin que Putin, ni el Ayatola Jamenei ni Xi Jinping (ni Vietnam o Corea del Norte) hagan nada. ¿Por qué? Porque “Cuba ha estado siempre bloqueada”. Cabría aprender de todo esto que la opinión pública puede ser letal. Una simple mentira compartida por todo el mundo durante casi tres cuartos de siglo es lo que le ha permitido a Fidel Castro ser considerado un héroe legendario mientras torturaba, fusilaba y mataba de hambre a su pueblo y al de Venezuela. El infierno castrista se apagará tras el chavista gracias a Dios, por más que les pese a los ateos, y, sobre todo, gracias a Donald J. Trump, por más que nos pese a los demócratas venezolanos y cubanos.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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