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El programa ProInfancia de la Caixa mejora la vida de 93 niños

De la mano de la Asociación Espávila, en Segovia, ofrece servicios orientados a la educación de los menores y ayudas básicas a padres en situación de vulnerabilidad, desempleados, inmigrantes, etc.

por MARCO A RODRÍGUEZ
10 de febrero de 2026
La trabajadora social Marta García, con unos padres en Espávila para una atención logopédica del menor.

La trabajadora social Marta García, con unos padres en Espávila para una atención logopédica del menor.

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No todo el mundo tiene la suerte de no pasar apuro alguno en la vida. Quienes sí los padecen pueden aferrarse a distintas manos tendidas, como la que proporciona la Fundación la Caixa con su programa ProInfancia, enfocado a menores de familias en situación de vulnerabilidad (desempleados, inmigrantes, familias monoparentales…) ofreciendo desde apoyo para lo más básico a refuerzos educativos que en el futuro supongan oportunidades. En Castilla y León se ha atendido a 491 menores de 294 familias en el año 2025, mientras que en Segovia, si se cuentan los del curso ya iniciado, alcanzan los 93 en una labor para la cual se apoya en asociaciones como Espávila Formación y Desarrollo Social, en el CC El Carmen, La Albuera.

“Como el programa va por cursos escolares, la entidad bancaria informó de que ya había 51 niños/as beneficiados del mismo, con 35 familias detrás, pero ya nos hemos adentrado en otro curso y el número se ha incrementado a 93”, resume Marta García, trabajadora social de Espávila. Eso significa casi el doble, mientras las familias involucradas suman ya las 45, unas 22-23 ya activas, y se espera que sobre septiembre sean unas 50. Al ser un problema transversal en una red local, hay casos donde estas familias coinciden con otro programa de la entidad bancaria que también tiene depositado en la asociación y que está destinado a la inclusión laboral de colectivos en riesgo, Caixa Incorpora, vigente desde 2006 y que ha dado grandes frutos en 2025 con 201 contrataciones en Segovia.

Más de la mitad de estas familias son monoparentales y la mayoría no recibe otro tipo de ayuda o prestación, como por ejemplo el desempleo. “Así es. Se les ha acabado el paro y no cuentan con nada. Otras muchas están en situación de pasaporte, no me gusta decir que están en situación irregular. Son inmigrantes que a lo mejor no pueden acceder a otro tipo de recursos más allá de la sanidad, por encontrarse en esas condiciones y el programa sí permite que sean incluidos”, explica Marta García.

¿En qué consiste el programa?

El eje central del ProInfancia es el ámbito educativo, sobre el cual coexisten distintos servicios, entre ellos el de refuerzo educativo, que incluye varios grupos de estudio asistido a través de entidades vinculadas prestadoras, como es el caso de la Fundación Secretariado Gitano, con la que hay dos grupos, uno en San José, con seis niños; y otro en San Lorenzo, con cuatro. Inmerso en el servicio se encuentra una atención logopédica, donde otros tres menores están apuntados.
Otros servicios menos tangenciales con el refuerzo educativo es el de atención psicoterapéutica, tanto personal como familiar según las circunstancias observadas, o en casos de violencia de género u otros motivos para que una profesional de la Psicología trabaje con ellos siempre de cara al bienestar del menor. “Se puede trabajar solo con el menor o también con el padre o la madre, o bien los dos. O con el tutor. El objetivo final es el bienestar de un menor que está en una situación vulnerable. En algunos casos se presta solo uno de estos servicios y en otros pueden ser varios”, añade.

Otras prestaciones de apoyo educativo familiar son los talleres, todavía en fase inicial en este curso, o el apartado de ocio y tiempo libre, que sí está más encarrilado con la creación de una colonia con menores, también con la colaboración de la Fundación Secretariado Gitano. “Los resultados de esta experiencia fueron muy buenos. Había niños de muchas etnias, no solo la gitana, y el nivel de integración de todos fue muy bueno. Estamos muy contentos y la intención es repetir, creo que en Semana Santa, para darle esa oportunidad a otros menores del programa”.

Un apartado más es la entrega de bienes, sobre todo para las familias con menos recursos, a las que se les ofrece tarjetas de alimentación e higiene para menores de 0 a 3 años, además de gafas y audífonos. “Es un complemento a lo demás, porque lo importante es el refuerzo educativo y la atención psicoterapéutica. Que no sea pan para hoy y hambre para mañana, pero es verdad que a veces hay que cubrir primero necesidades básicas”, argumenta. Es decir, no se trata de entregar una prestación económica que pone fin a la ayuda, sino ofrecer ciertos servicios encaminados sobre todo a la educación y la inclusión.

Un 87% de esos niños, en el plano nacional, logra graduarse y finalizar la ESO. En Segovia no tienen el dato concreto pero desde la asociación avanzan que la intención es alcanzar el máximo. «La pobreza infantil no es solo una cuestión económica, también de oportunidades. Trabajamos para que ningún niño/a vea limitado su futuro por el contexto en el que nacen», afirma el subdirector general de la Fundación la Caixa, Marc Simón. Un programa con alma.

 

Katrin Tsvetanova, Su hijo forma parte del programa ProInfancia de la Caixa

“Siento que he pasado tiempos difíciles y vendrán mejores”

Katrin Tsvetanova (Vratsa, Bulgaria, 1991) asegura no saber con certeza si la vida ha sido injusta con ella, aunque reconoce que le ha dado algunos golpes duros. Es evidente que sí, por eso, emocionada, repasa su pasado con la aspiración de un futuro más llevadero. El camino ya lo ha emprendido y no lo recorre sola, apoyada por la Asociación Espávila y los diferentes programas de la Caixa, ahora centrada en la educación de su hijo de 10 años, Tsvetan, quien precisa un costoso refuerzo educativo, a quien quiere sacar adelante desde la soledad de una familia monoparental, una piedra más en dicho camino.

Sus primeros contactos con la asociación los mantuvo a los 16 años, con un programa sobre garantía social. Mientras estudiaba ya hizo un curso de peluquería a través de Espávila, hace casi 20 años. Más tarde se casó y perdió ese contacto con ellos, y más cuando se marchó a Bulgaria, pero regresó a España y de nuevo recibió la atención de esta asociación, esta vez con el programa Incorpora de la Caixa, con el que logró un trabajo en la hostelería, y más adelante propuso la ayuda en la educación de su hijo, que cursa 4º de Primaria en el Colegio Santa Eulalia.

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Katrin, con su hijo Tsvetan.

El pequeño recibe un refuerzo educativo individual, es decir, con un especialista porque tiene ciertas necesidades, como un retraso madurativo, problemas con el lenguaje pese a que sabe hablar bien el castellano y dificultades para la concentración. Su progenitora comenta que le están haciendo pruebas para descartar que pueda tener un TDAH, trastorno por déficit de atención e hiperactividad. “Hay sospechas, pero no tenemos un diagnóstico todavía. El niño tiene sus dificultades, pero le va bien”.

El pasado verano Tsvetan participó en una colonia urbana, una especie de campamento con otros niños, una experiencia que le vino muy bien. “Vino muy contento de aquello porque hacían muchas actividades, muchas cosas al aire libre. Fue poco tiempo, por desgracia, pero le vino fenomenal”, recuerda. Mientras, la madre está apuntada a psicoterapia familiar con una psicóloga de la ong, quien valora si en algunos casos puede acudir junto con el niño, menciona la trabajadora social Marta García.

Katrin reconoce que es muy duro tener que pedir ayuda, tanto para la educación de su vástago como para necesidades básicas, pero asegura tomárselo de la “mejor manera porque es por su bien. No es agradable, pero son las circunstancias. Es una gran ayuda para la educación de mi hijo porque yo no podría con todo el gasto”. Además, el hecho de tratarse de una familia monoparental lo complica más porque ella sola tiene que salir de cualquier bache. Se emociona al hablar sobre qué le deparará el futuro. “Lo que tenga que venir lo recibiré, no sé qué decir. Siento que he pasado tiempos difíciles y tienen que venir tiempos mejores. Después de cada tormenta sale el sol”. Cuestionada sobre si cree que la vida ha sida injusta con ella, contesta que no sabe si “hay sido justa o injusta, pero sí me ha dado varios golpes y espero tiempos mejores”.

Ahora trabaja en la jamonera Mendoza Arranz de Cantimpalos, pueblo en el que viven sus padres, los abuelos de Tsvetan, algo que ha mejorado con creces su existencia. “Ha sido como un sueño, la verdad. Antes me dedicaba a la hostelería y era muy esclava. Con hijo y con familia es difícil de compatibilizar, pero ahora tengo un horario mucho mejor toda la mañana y además estoy libre los fines de semana. Siempre tuve el deseo de tener estos horarios y se me está cumpliendo. No me lo puedo creer. Además, tengo allí la casa de mis padres, por si necesito quedarme, aunque vivo en Segovia”, indica con una sonrisa Katrin, que se pone seria acto seguido cuando dice que ha sufrido momentos muy duros años atrás.

Vino a España con 11 años por motivos laborales de sus padres, y, salvo un pequeño periplo de regreso a su país cuando fue más mayor en busca de oportunidades que no vieron la luz, ha permanecido siempre en nuestro país. “Mi hijo nació en Segovia en 2015. Tras casarme en Segovia, probamos en Bulgaria en momentos de crisis, pero no salió bien. Mi vida está hecha aquí, me siento más de aquí que de allá. Tengo mis amistades y mis padres, crecí en España. En Bulgaria me sentía como una invitada o una extranjera, fue un poco raro porque no tenía un pasado en mi país”.

Le encanta España, su clima, las horas de sol…, aunque no sea el mejor momento de decirlo, y añade que el trato recibido ha sido magnífico, sobre todo desde Espávila y la Caixa, a los que agradece el apoyo en su inserción laboral y en la educación del pequeño Tsvetan, que progresa adecuadamente.

 

Marta García Arribas, Trabajadora social en Espávila Formación y Desarrollo Social

“Es difícil no llevarte a casa sus problemas”

Marta García Arribas es trabajadora social en la asociación de ámbito nacional ‘Espávila, Formación y Desarrollo Social’, en la sede de Segovia del centro cívico El Carmen (La Albuera). La otra delegación de Castilla y León se ubica en Ávila. Por ambas pasan a diario colectivos desfavorecidos que están en el punto de mira de los objetivos de esta entidad sin ánimo de lucro colaboradora de ongs, organismos oficiales y demás entes públicos y privados abarcando población de diferentes perfiles, desde menores o mayores, inmigrantes, minorías étnicas, personas en riesgo de exclusión, jóvenes y niños no escolarizados, etc. Todos con un denominador común: cualquier aportación, y no nos referimos solo al tema económico, es un granito de arena más para mejorar sus vidas. Seres humanos vulnerables, en ocasiones en situaciones dramáticas, con las que Marta convive a diario, por lo que no es fácil desconectar cuando sale de la oficina de aquello que sus ojos ven y sus oídos escuchan.

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Marta, en Espávila de Segovia.

 

—Los trabajadores sociales y todo ese gremio relacionado debéis ver panoramas que entristecen a cualquier persona. No debe ser fácil convivir con eso porque debe doler, ¿verdad?
—Vemos muchos dramas familiares, sí. Doler…, no sé. Como decimos, en la carrera ya te enseñan a que no te lleves a casa los problemas de los demás, pero es verdad que muchas veces llegas a casa diciendo: ‘Qué suerte tienes’. Muchas veces nos quejamos por cosas tontas, nimiedades, y realmente no hay un porqué si lo comparas con las cosas que vemos aquí todos los días. Hay situaciones muy tristes.
—¿Y es muy difícil desconectar cuando sales de la oficina y entras en casa?
—Claro. Es que una cosa es la teoría y otra la práctica. Yo procuro no llevarme las cosas o sus problemas a casa porque desde el 2006 que se inició el programa Incorpora ves muchas situaciones muy tristes, pero no puedes llevarte a casa y ayudar tú a todas esas familias que tienen necesidades. Te enseñan a no pensar en esos problemas una vez que estás en casa y que lo que hay en el trabajo se queda en el trabajo. Pero es muy difícil.
—Son pensamientos que se deben quedar en la mente y no olvidarlos…
—Olvidarlos, nunca. Es verdad que no.
—¿Cómo acceden estas familias a vosotros?
—Algunas lo hace directamente a través del programa Incorpora. Nosotros lo valoramos, la situación en la que están viviendo y los menores, vemos el tiempo que llevan desempleados los padres. Otras veces vienen derivadas de otra entidad prestadora, como la Fundación Secretariado Gitano, que actualmente trabaja con nosotros. Estamos a la espera de reuniones con administraciones públicas y servicios sociales del Ayuntamiento para poder organizar el trabajo, ya nos hemos reunido con entidades sociales como Unión de Campesinos, RedMadre, Adoratrices u otras asociaciones que también trabajan con familias vulnerables. Ellas nos las derivan y nosotros comprobamos los requisitos reglamentados por la Caixa, la documentación, hacemos una entrevista para tener un primer diagnóstico sobre el grado de vulnerabilidad y cuáles son los servicios que más se pueden ajustar para lograr el bienestar del menor.
—Supongo que se llevará a cabo una especie de seguimiento.
—Sí, tanto en el refuerzo educativo como en el resto de servicios se hace ese seguimiento, al menos dos veces al año, dependiendo de la situación puede ser trimestral. Cuando acaba el curso se cierra el plan de trabajo llevado de cada caso, se valora si ha servido. Es pronto todavía en este curso y hay que esperar al final, pero en muchos casos vemos que las personas que han entrado hemos valorado que tenían que continuar, aunque también existen algunas familias que han recibido ayudas básicas pero ya se han estabilizado, lo que necesitaban para el menor ya lo tienen, y podrán abandonar el programa si se valora positivamente, algo que es un éxito.
—Es el mejor final posible.
—Esa es la idea, que las familias que van entrando se vayan estabilizando en ese círculo de vulnerabilidad y seguir ayudando a otras. Van entrando y saliendo, aunque nos gustaría no tener que ayudar a nadie. Pero no es el caso.
—Cierto. Ojalá estos programas no tuvieran que existir.
—Ojalá. Hay muchos servicios a los que la Administración Pública no llega y estos programas ayudan a todos, a la propia administración también.

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