Cada 5 de febrero en la provincia de Segovia se cambian los papeles: mandan ellas. La fiesta de Santa Águeda —las Águedas— se ha hecho famosa por Zamarramala, pero el mapa real es mucho más amplio y salta de la campiña a la sierra, del Nordeste a la Tierra de Pinares.
En Cuéllar, la Cofradía organiza un programa que mezcla culto y convivencia: teatro solidario, actos religiosos y la liturgia civil del bastón y la comida de hermandad, que acaba siendo la mejor radiografía del pueblo. En Nava de la Asunción Santa Águeda lleva años integrada en su calendario festivo local.
Al norte, Riaza mantiene su propio ritual de aguederas con una agenda que combina música, rondas y celebraciones públicas. Y en Cantimpalos, la víspera se escucha el repique de campanas y se prepara el relevo simbólico de alcaldesas, un gesto que se repite en muchos municipios como recordatorio de una tradición obstinada.
En el Nordeste, la celebración se describe como una costumbre de comarca, con aguederas que recorren calles y plazas al son del bombo, reivindicando que ese día toman el mando. No siempre hay grandes escenarios: a veces basta la ronda, el traje, el baile y la merienda para que el pueblo se reconozca en el espejo.
En el eje periurbano aparecen celebraciones como la de Palazuelos de Eresma, Tabanera del Monte o San Cristóbal de Segovia, con actos anunciados en la web municipal, y la del Real Sitio de San Ildefonso donde la agenda turística recoge la festividad. En El Espinar, La Estación y San Rafael hay misa, procesión y refresco, señal de que la fiesta también se adapta a municipios extendidos.
Y luego están los nombres que confirman la extensión de la costumbre: Sacramenia, Zarzuela del Pinar, Ureñas, Yanguas de Eresma, Cobos de Segovia, Hontoria, Torrecaballeros, Lastras de Cuéllar o Espirdo, Carbonero el Mayor… No es folclore de escaparate y promoción institucional, esta fiesta se sostiene y crece gracias a las mujeres de los pueblos, que simplemente han cogido por bandera a la santa mártir que no se rindió ante el abuso. Una percha con mucho sentido y tradición para reservarse un tiempo de disfrutar juntas de una juerga en medio de este interminable invierno castellano.
