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La técnica y el abandono de los ancianos

Es conocido que los ancianos y los abuelos apenas saben utilizar los medios técnicos que la sociedad de hoy está imponiendo. Esto se manifiesta de forma frecuente en las respuestas a los teléfonos, detrás de los cuales ‘habla’ una maquina, en la conexión con el médico de cabecera y los hospitales, en la operación con los bancos y en la relación con los organismos oficiales.

por Ángel Galindo García
1 de febrero de 2026
ANGEL GALINDO
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Un extraño camino

“La acogida ha sido muy buena. Desde el principio he percibido mucha confianza en mi persona”

Hermanos

Es conocido que los ancianos y los abuelos apenas saben utilizar los medios técnicos que la sociedad de hoy está imponiendo. Esto se manifiesta de forma frecuente en las respuestas a los teléfonos, detrás de los cuales ‘habla’ una maquina, en la conexión con el médico de cabecera y los hospitales, en la operación con los bancos, en la relación con los organismos oficiales, etc.

A veces los familiares les solucionan los problemas, pero gran parte del día los ancianos se encuentran solos. El ‘edadismo’ (o la priorización en la atención de los jóvenes frente a los ancianos) y la gerontecnologia hacen que las personas mayores se encuentren hoy tristes y abandonados, cuando no relegados en residencias mastodónticas donde predomina el anonimato. El abandono de la ancianidad en esta sociedad tecnológica es lamentable: en muchos casos se han visto obligados a acudir a una residencia con gentes desconocidas cediendo gratuitamente sus casas a los hijos.

El envejecimiento está generando una transformación social sorprendente. Algunos creen que la Inteligencia Artificial y la técnica arreglará los problemas de las políticas sociales y consideran que con el desarrollo de una digitalización aplicada a los mayores se solucionan los problemas de soledad, aislamiento, discriminación y edadismo que están emergiendo. En menos de cinco años el número de mayores se incrementará en cinco millones, pasaremos de los 10 millones en 2025 a los 15 en 2030.

Las nuevas tecnologías aplicadas al envejecimiento ofrecen oportunidades para construir una sociedad de los cuidados. A veces nos creemos que recursos como la IA, la robótica asistencial, los dispositivos que facilitan la movilidad, las aplicaciones para dispositivos o el incremento en la calidad de la teleasistencia son focos únicos en los que invertir. Además de olvidarnos de la comunicación corporal y feminización de los cuidados, nos creemos que el desarrollo de la ‘gerontotecnología’, es decir, el desarrollo de herramientas tecnológicas aplicadas al bienestar de los mayores, será suficiente para consolidar unos servicios sociosanitarios dignos.

Los diferentes planes gerontológicos y los desarrollos de la Ley de Dependencia han intentado apropiarse de oportunidades que la tecnología ofrece para la organización de los cuidados. Sin embargo, los datos demuestran que las administraciones actúan fragmentariamente en cuestiones gerontológicas, con poca coordinación, previsión o planificación. Además, consideran los presupuestos en gerontología social como parte del ‘gasto’ y se conforman con parches electorales como la contratación acelerada que agilice los miles de expedientes sin resolver. Los estudios señalan que la media de espera para recibir una ayuda domiciliaria o económica es de 349 días, con más de 290.000 personas en listas de espera. Nadie ha contabilizado el número de mayores que murieron antes de recibir la ayuda que unos meses o años antes solicitaron. Si a ello añadimos el sometimiento de los mayores y sus familias a la tiranía de la digitalización administrativa porque les obligan a relacionarse digitalmente con los servicios, el descontento, desencuentro y despersonalización son cada vez mayores.

La situación es preocupante porque se busca reparar la precariedad asistencial con la precariedad digital, cayendo los gestores en la precariedad moral, es decir, sin reconstruir un modelo comunitario de cuidados justos y humanizadores. Quizá la IA sea la fiebre que nos permite descubrir algunos virus o tumores que el autismo administrativo, alimentado por el atomismo moral, no quiere afrontar; y nos ayude a descubrir lo descuidada que tenemos esta política social, con prácticas que han convertido en fines lo que tendrían que ser medios para el cuidado integral de los mayores.

La técnica y la IA están produciendo el efecto del abandono del trato y cuidado personal del enfermo y del anciano, la profesionalización no vocacional y la atención anónima o telefónica del anciano y del enfermo, y la no implicación personal de los cuidadores, olvidándose del enfermo cuando termina la hora de su trabajo o dejando en manos del Estado el cuidado de los ancianos. La IA, aunque puede ofrecer grandes beneficios, por desgracia hace desaparecer la solidaridad y la implicación personal y familiar en el cuidado de los ancianos. Urge una relación más personal con los ancianos: quizás la solución esté en el voluntariado y que se abandone el exceso de burocratización y de tanto papeleo.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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