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“Es probable que nunca tengamos una respuesta definitiva a la gran pregunta sobre el origen de la vida”

Carlos Briones, bioquímico, investigador del CSIC

por Agencias
25 de enero de 2026
Carlos Briones
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“Cuando uno comprende de verdad una escena la obra se abre de una manera impresionante”

“El paisaje segoviano es parte esencial de sus paisanos, quienes han sabido mantenerlo poco alterado”

“Queremos que se vaya asociando cada vez más la Biblioteca con la música”

El científico burgalés y ganador del Premio Fundación Lilly de Divulgación Científica 2025 reflexiona sobre el origen de la vida y las bondades y peligros de la Inteligencia Artificial.

El investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Carlos Briones, recogió el pasado 2 de diciembre el Premio Fundación Lilly de Divulgación Científica 2025, que reconoce la labor del científico burgalés por acercar la ciencia a la sociedad. Defensor de la tercera cultura y muy vinculado a su tierra natal pese a residir en Madrid, Briones no duda en hablar claro acerca de su investigación sobre el origen de la vida, la posible existencia de vida más allá del planeta Tierra y las bondades y peligros de la Inteligencia Artificial.

El divulgador burgalés defiende la importancia de combatir los bulos con “verdades científicas” y “aprovechar” los aspectos positivos de la IA e intentar “limitar” los problemas que pueda generar, con una mayor legislación y protección. Actualmente, se encuentra trabajando en un nuevo libro que previsiblemente se publicará en la primavera de 2026 y que será “muy distinto de los anteriores”.

—Hace un par de semanas recogió el Premio Fundación Lilly de Divulgación Científica 2025. ¿Qué supone para usted este reconocimiento?

—Fue una alegría muy grande, porque es un premio muy relevante dentro del panorama español. Se lo dan a personas que llevan una trayectoria muy amplia, en este caso, de divulgación científica. En esta ocasión han destacado especialmente el hecho de que a mí me gusta mucho combinar ciencias, artes y humanidades, es decir, avanzar hacia eso que llamamos la tercera cultura, que es algo un poco diferencial en mi caso. Además de hacer divulgación científica con charlas, escribiendo libros o participando en todos los medios de comunicación que me lo piden, me gusta mezclar la ciencia con la pintura, la música, la literatura, la filosofía…Eso me hace un poco particular dentro del panorama de la divulgación.

—En un mundo cada vez más dominado por la inmediatez y las redes sociales, ¿considera que esta tarea es cada vez más compleja a la vez que necesaria?

—Vivimos en un mundo lleno de noticias falsas, de bulos, manipulaciones torticeras de la realidad, entonces es necesario que se conozcan las verdades científicas, lo que la ciencia dice sobre cada tema. En ocasiones hay que conformarse con un: ‘de momento, no sabemos por qué pasa esto’. Eso es una llamada de humildad a la ciencia, no siempre sabemos todo en absoluto y lo que sabemos va cambiando con el tiempo, pero todo eso es muy necesario hoy en día. El espacio que no ocupemos los divulgadores y los científicos, lo van a ocupar los negacionistas y los que dispersan bulos, por lo tanto, creo que nuestra labor, aunque requiere mucha dedicación. Yo estoy contento con mis aportaciones para intentar frenar el avance de las anticiencias y las pseudoterapias, estos ‘saberes alternativos’.

—¿Son los jóvenes un público difícil?

—Los jóvenes son probablemente más críticos que los mayores. Tienen esa frescura y esa capacidad de comparar rápidamente, están muy bien informados por redes sociales. Es un público difícil y para hablar para los jóvenes hay que estar muy bien preparado y hay que intentar adecuar el lenguaje a su edad, pero no tratarlos de tontos, de personas que todavía no están formadas. Qué va, son humanos con muchísima capacidad de crítica, de análisis y merece la pena tomarse muy en serio la divulgación que se hace para los jóvenes.

—¿Tenemos una respuesta definitiva al origen de la vida o lo tendremos en algún momento?

—No la tenemos, y siendo honestos, tenemos que reconocer que nunca la tendremos. Cada vez vamos a saber más, vamos acumulando evidencias que nos vienen de la física, la química, la biología, las matemáticas, la ingeniería, todos los saberes convergen en la búsqueda del origen de la vida. Pero creo que es algo que ocurrió hace unos 3.800 millones de años, no hay pruebas directas, sino que son todas pruebas indirectas que se van sumando. Aunque fuéramos capaces de recrear la vida en el laboratorio, de construir biología a partir de la química, y eso nos desvelara alguna forma de cómo pudo ocurrir, eso no quiere decir que realmente ocurriera así, porque no conocemos exactamente cuáles eran las condiciones físicas y químicas en el origen de la vida. Algo que ha ocurrido hace 3.800 millones de años ha dejado algunas señales, y las señales son todos los seres vivos que nos rodean, pero no ha dejado claramente marcado el mecanismo de cómo se produjo. Una investigación fascinante pero que a la vez nos obliga a ser humildes, en el sentido de que, probablemente, nunca tendremos una respuesta definitiva a la gran pregunta.

—¿Esto puede generar frustración?

—Ocurre en muchos campos de la ciencia. La gente que trabaja sobre el origen del universo, por ejemplo, tiene cada vez más datos sobre el Big Bang, pero en las primeras fracciones del segundo no se puede saber qué ocurrió. O muchos procesos relacionados con la salud. La ciencia te obliga a caminar despacio, con pie firme, eso sí, pero teniendo en cuenta que tú vas a ir dando una serie de pasos que probablemente continuarán otros y que difícilmente vas a tener explicaciones absolutas al fenómeno que tú estás estudiando. Tenemos que ser humildes, serios y rigurosos trabajando, y saber que nuestra investigación forma parte de una cadena de investigadores que nos han precedido y los que vendrán después de nosotros.

—¿Tal vez estamos más cerca de encontrar vida fuera de nuestro planeta?

—Esa es otra de las grandes preguntas. Cada vez se investiga en más lugares, tanto dentro como fuera del Sistema Solar, con mejores técnicas analíticas. Hace poco se ha descubierto que hay azúcares en los asteroides. Es una noticia muy interesante porque quiere decir que a lo mejor, las moléculas esenciales para la vida nos vinieron del espacio, no lo sabemos, pero hasta ahora no hay ninguna evidencia de que en algún lugar, sea Marte, las lunas de Júpiter y Saturno o sean los planetas extrasolares, pues haya vida.Es muy probable que haya alguna otra vida en el universo. Lo más probable es que en algún lugar haya surgido vida y que la Tierra no sea el único donde ha aparecido la vida. Pero de momento, vamos a ser humildes porque no tenemos ninguna evidencia de que exista vida extraterrestre. Es muy probable que no estemos solos, pero de momento estamos solos.

Mensaje de arecibo
La imagen muestra el mensaje de Arecibo, el cual fue una señal de radio binaria enviada al espacio en 1974 desde el telescopio de Arecibo (Puerto Rico), fue diseñada por Carl Sagan y otros, para comunicar información básica sobre la humanidad y la Tierra a una posible civilización extraterrestre. Briones indica en sus redes sociales lo siguiente: “Si no hubieras visto nunca este patrón de unos y ceros, ¿sabrías interpretarlo? Tal vez “ellos” tampoco: aún no nos han contestado…”

—Hace diez años publicó el libro ‘Orígenes’ junto a José María Bermúdez de Castro y Alberto Fernández Soto. Siendo de Burgos le tengo que preguntar por Atapuerca. ¿Considera que su investigación y la de nuestros antepasados se dan la mano?

—Son campos que temporalmente están muy separados, porque el origen de la vida ocurrió hace unos 3.800 millones de años y el origen del género Homo hace sólo 2,5 millones de años. Estamos yendo desde el principio de la idea del tiempo casi en nuestro planeta hasta la actualidad. Por supuesto que hay una conexión entre ambos que es la evolución biológica. Con el origen de la vida empieza la aventura de la evolución y el origen de los seres humanos marca el resultado de la evolución en una de las múltiples ramas del ámbito.

—Con respecto al libro, ¿tendremos un segundo tomo debatiendo sobre los nuevos hallazgos de esta década?

—Más que un segundo libro, tenemos pendiente hacer una edición revisada y actualizada de estos orígenes. En los distintos campos ha habido algunos descubrimientos. Nada que haya cambiado lo que decimos ahí, es decir, el 95% sigue siendo cierto. Pero sí que ha habido actualizaciones o nuevos datos que estaría bien incluir. Estamos siempre pensando en una posible edición revisada y actualizada que acabaremos haciendo.

—El avance de las técnicas bioquímicas están ayudando a la hora de analizar los fósiles hallados en Atapuerca.

—La bioquímica y la genómica han revolucionado el campo. Ahora, gran parte de la investigación que se hace en fósiles humanos tiene que ver con el ADN antiguo. Es posible extraer ADN más o menos íntegro, pero extraerlo de fósiles de la antigüedad que hay en Atapuerca, en algunos casos, es mucho más complicado. Son técnicas de biología molecular que han revolucionado la paleoantropología. Se está llegando a un nivel de sensibilidad y una capacidad de detección que no hace falta ni tener el hueso para poder analizar el ADN. Es fascinante.

—Otro de los grandes temas hoy en día es la Inteligencia Artificial. ¿Qué papel puede desarrollar en el ámbito de la investigación y en la divulgación? ¿Puede ser más ayuda que amenaza?

—Suelo decir que es igual que un cuchillo. Puedes decir que un cuchillo es bueno o es malo, depende del uso. Si lo utilizas para cortar una manzana y alimentarte es bueno, si lo utilizas para matar a alguien, es malo. La Inteligencia Artificial tiene su cara y su cruz también. Nos puede ayudar en muchos campos y, de hecho, en ciencia está ayudando muchísimo, pero también puede ser utilizada malevolentemente. Puedes, por ejemplo, vulnerar derechos de autor de otras personas y decir que la IA está escribiendo algo cuando en realidad lo ha escrito otro escritor hace años y la IA lo que está haciendo es cortar y pegar nada más. Es un riesgo muy grande que hay que legislar, vigilar y proteger.

—¿Y los aspectos positivos?

—Por el lado bueno, está ayudando muchísimo en ciencia, ingeniería, medicina, bioquímica, astronomía, control de tráfico, medio ambiente…en todos los ámbitos de trabajo en los que hay una gran cantidad de datos que hay que procesar y analizar, la IA nos ayuda muchísimo. En el ámbito de la bioquímica ha permitido describir cómo es la estructura de todas las proteínas que tenemos en el ser humano. Eso son casi 30.000. Son avances que hace diez años no podíamos ni soñar y que ahora están definiendo nuestra forma de investigar. Hay que aprovechar lo que bueno e intentar limitar los problemas que puede generar.

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Edición digital del periódico decano de la prensa de Segovia, fundado en 1901 por Rufino Cano de Rueda

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