Entre el Domingo Gordo, el previo al Martes de Carnaval, y el Domingo de Piñata, en siguiente al Miércoles de Ceniza en Segovia vuelve a rodar un artefacto humilde: un carretón forrado con telas, mantones o flores, coronado por una cornamenta. La ‘vaquilla’ recorre calles provocando un caos alegre, mitad encierro de mentira, mitad teatro de vecinos a cielo abierto.
La tradición, de raíz medieval, tuvo arraigo en la España del centro, pero la despoblación le quebró la memoria. Aunque con respiración asistida, ahora pugna por recuperarse en la provincia, siguiendo la estela de Arcones y su Carnaval de ‘Vaquillas y tripudos’, declarado en 2022 Manifestación Tradicional de Interés Cultural Provincial.
De esa chispa nace Despertar Vaquillas, un grupo de investigadores y etnógrafos que ha trazado un mapa con presencia en al menos quince pueblos segovianos y ramificaciones en Ávila y Madrid. Las primeras referencias documentadas se remontan al siglo XVII y al Corpus Christi, hasta que Carlos III apartó lo profano de la procesión y lo empujó a otras fiestas. Aquí no hay filosofía taurina estricta; hay simulación, juego y final ritual, con la muerte de la vaquilla y la sangre convertida en vino. Arcones, Prádena, Casla o Santo Tomé del Puerto sostienen el núcleo; Matabuena, Navafría o Grado del Pico se suman rescatando recuerdos. La Diputación apoya la iniciativa y la presenta también en Fitur, como ejemplo de la conservación y recuperación del patrimonio inmaterial de la provincia.
