La operación “Resolución absoluta” con la que EE.UU. extrajo a Maduro no ha sido un ataque imperialista, ha sido una acción a favor de la libertad, exactamente lo contrario de lo que se ha estado diciendo en gran parte de la prensa nacional e internacional. Este suceso bélico-judicial, en el que han muerto 32 militares cubanos en el Fuerte Tiuna de Caracas, pone fin a 27 años de férreo imperialismo cubano en suelo venezolano, aunque esto no quiere decir que la tiranía chavista haya sido erradicada todavía. Con lo del petróleo pasa lo mismo. Se dice: “Trump se quiere coger el petróleo venezolano”, cuando a Trump le sobra el petróleo. La realidad es que China es la que va a perder fuelle y la dictadura cubana va a caer sin petróleo venezolano. En resumen, la espectacular detención y presentación de Maduro ante el tribunal del Distrito sur de Nueva York hay que inscribirla en la defensa de la libertad y la seguridad, la de las Américas y la de Occidente en general. Sin embargo, por sobre todas las consideraciones anteriores, hay que celebrar el aporte inmediato que esta operación ha tenido en el proceso de liberación del pueblo de Venezuela.
El régimen chavista, la más sofisticada creación de Fidel Castro (con Hugo Chávez como financista y en el rol de caudillo carismático), ha sido un híbrido revolucionario voluntariamente equívoco que ahora se está desmontando a sí mismo, so pena de ser arrasado por el ejército de EE.UU. apostado en el Caribe. El desmontaje del leviatán chavista es como la caída del muro de Berlín, pero planeado y tutelado. La importancia histórica de este acontecimiento es proporcional a los 2,7 mil millones de dólares (“trillones” en inglés) de los que dispuso el cartel desde 1999 por concepto de petróleo, comercio ilegal de oro y tráfico de cocaína. Con ese dinero sucio se crearon “nuevas izquierdas” y se corrompieron élites excedentarias alrededor del mundo. María Corina Machado ha sido la única líder democrática que entendió la escala y naturaleza del problema y sostuvo que Maduro sólo se iría por la fuerza: tenía razón. Esa postura era lucidez, no extremismo político como se empeñan en difundir las izquierdas ahora bajo sospecha.
La extracción de Maduro deja en evidencia la ingenuidad de aquellos gobiernos e instituciones que intentaron infructuosamente negociar con él en 17 ocasiones: faltaba entender el secuestro de un país entero como un asunto criminal y político a la vez, un estado mafioso que generó hasta hoy 8 millones de desplazados, 18.305 presos políticos, 36.800 torturados, 10.000 ejecuciones extrajudiciales, 468 manifestantes asesinados, 400 medios de comunicación cerrados, 3 elecciones robadas y un salario mínimo mensual de 3 dólares. Machado ha movilizado al país en medio de esta desgracia diseñada desde la Habana, ha ganado elecciones por más del 90% de los votos, ha resistido pacíficamente y ha prometido hacer justicia y traer de vuelta a los que han tenido que huir: esa es la mejor promesa política imaginable en las actuales circunstancias.
El desmontaje del leviatán chavista exigía articular estrategias policiales, políticas y mediáticas. Eso es lo que se está haciendo y los resultados saltan a la vista. Que lo de Maduro era un cartel lo demuestra la inmediatez con la que su aparato se ha puesto a las órdenes de la CIA y la nula reacción popular tras su captura. Resultan patéticas las imágenes de Telesur, canal de televisión chavista, en las que unas pocas docenas de personas se tambaleaban de un lado a otro simulando marchar en defensa de una revolución que a pesar de su falsedad ha hecho más daño y por más tiempo que ninguna otra.
Hay otra cosa que la prensa ha entendido como si se tratase de un “culebrón venezolano” y no como alta política. María Corina Machado no ha ido de visita personal a la Casa Blanca: ella ha llevado el mandato de los venezolanos ante el presidente de los EE.UU. tras la intervención militar en su país. Sin el respaldo del pueblo no habrá transición democrática duradera en Venezuela y la crisis humanitaria crecerá aún más. El pueblo venezolano es bravo y Trump haría mal en ignorarlo. Por otro lado, entregándole su medalla del Premio Nobel de la Paz 2025 María Corina Machado equipara su visita con el reconocimiento que EE.UU. le hizo a Simón Bolívar hace doscientos años, cuando Lafayette le regaló la medalla de George Washington y que el libertador conservó hasta el día de su muerte. El lio mediático del asunto de la medalla es, además de incompetencia periodística, una manipulación de corte ideológico que intenta dañar a los demócratas venezolanos de la que no ha escapado ni siquiera la Fundación del Nobel.
España tiene muchos problemas de política nacional, eso es evidente. Sin embargo, tiene que rectificar su política exterior y apoyar incondicionalmente a Edmundo González y María Corina Machado. Lo que más va a costar a partir de ahora va a ser liberar a los presos políticos, que hoy en día son 804, 172 militares, 102 mujeres y un adolescente. El moribundo leviatán chavista, como degeneración revolucionaria tardía que es, intentará sostenerse hasta el último instante por el indigno comercio de carne humana, así es su naturaleza y no puede evitarlo. Nosotros sí podemos evitarlo de inmediato: comencemos por no llamar “retenidos” a los presos políticos.