Ahora que comienza el goteo de presos liberados, entre ellos los españoles, Venezuela afronta una nueva realidad marcada por la expectativa de un futuro mejor. Se atisba luz al final del oscuro túnel que supuso un chavismo derrocado en un abrir y cerrar de ojos por un Trump con ínfulas de conquistador. Hablamos con dos represaliados que tuvieron que huir de su país angustiados por un temor que abarcaba ya hasta su seguridad personal. Una dictadura que separó a unas 9 millones de familias. Dos venezolanos de Segovia con prolíficos estudios e ideas muy claras, versados en la materia y con puntos de vista argumentados que respiran aliviados con grandes dosis de esperanza y de reencuentro con unas familias que la barbarie rompió.
La luz al final del túnel del administrativo
Roberto Traspalacio es uno de ellos, de 42 años y con cuatro hijos aunque solo la pequeña vive con él en Segovia, donde lleva seis meses. Es licenciado en Administración con la especialización de Marketing y Ventas. Está esperando que le activen el permiso de trabajo para retomar aquí su vida laboral. “Más que preocupación es un punto de esperanza, de que ya el régimen dictatorial está dando los primeros pasos para poder hacer el cambio de un régimen opresivo que nos tenía a todos, o que nos tiene a todos los venezolanos, en una pesadilla que ha durado 27 años. Esto nos da esperanza porque ya se ve un cambio”, son sus primeras impresiones de lo ocurrido. “Todos los países tenían su opinión de lo que sucedía, pero ninguno había actuado hasta ahora. Siguen en el poder algunos de ese régimen, pero quizá sea la vía para ese cambio”, medita respecto a una posible transición.
Apunta que más del 90% de la población del país fue castigada al exilio, la extrema pobreza o la desigualdad, a excepción de ese casi 10% vinculado de alguna manera al Gobierno que vive en unas condiciones muy diferentes a la estampa real de la calle. “Abuelos durmiendo a la intemperie, madres que les dicen a sus hijos que salgan a buscar comida porque no hay, tienen que pedir en los semáforos o robar…, eso es lo que pasa en mi país”.

Considera que no se trata de una invasión porque Venezuela ya estaba invadida. “Lo vemos más como una luz al final del camino”, señala Roberto mientras echa la mano al bolsillo para sacar unas notas escalofriantes. Las cifras del horror: 36.800 casos de torturas según datos de la ONU, 10.000 ejecuciones extrajudiciales y 18.305 presos políticos. La represión unida a la carencia económica del pueblo.
Al igual que el otro protagonista de esta historia, Roberto tiene que huir de su tierra porque podría representar un peligro. Ya se sabe, quien no está a favor del dictador es un enemigo. “Estuve 16 años en la Administración Pública y me obligaban a salir en fotos como relleno para que parezca que había más apoyo al sistema cuando realmente no lo había”, recuerda con enfado.
Por seguridad, prefiere no nombrar ni ubicar a la familia que dejó en Venezuela, donde tiene a dos de sus cuatro hijos. El mayor vive en Estados Unidos y la pequeña es la única que está con él. El peligro de que se genere allí un conflicto, una guerra civil o derramamiento de sangre le mantiene en vilo respecto a sus allegados. “Claro que tengo miedo por ellos. Si es que en Venezuela tenemos más miedo de que te paren los guardias nacionales, policías o el Ejército a que nos roben. Yo fui comerciante una temporada y una de las razones por las que tuve que salir es que comenzaron a amenazarme, a decirme que sabían lo que yo hacía, dónde vivía, mis hijos. Hasta me pidieron 5.000 dólares para que te dejemos tranquilo, dijeron. Es el mismo Gobierno el que hace eso. Un día después de marcharme se presentaron en casa de mi mamá dos patrullas. Mi hermano tuvo que atravesar la peligrosa selva a pie para llegar a México y entrar en Estados Unidos”.
Respecto a las formas, la manera en la que Trump apresó a Maduro saltándose la legalidad internacional, el exiliado es consciente de ello pero matiza que la comunidad internacional no debe pensar que se hizo de una forma arbitraria ya que hubo otras actuaciones previas, como las sanciones económicas, comunicaciones, incautaciones de dinero, oro, aviones, diálogos que se perdían en el tiempo, etc. “Realmente no había otra manera de sacarlos porque ellos no iban a salir, ni siquiera intentando hablar con otros países, como España. Así que su único objetivo era perpetuarse en el poder hasta que alguien que tuviese la fuerza necesaria, o como dicen aquí, los ‘cojones’ de decirles ‘oye, ya está bien’”, prosigue Roberto, para quien Trump no les está robando el petróleo pues ya estaba robado y lo sacaban casi regalado a Irán, Cuba, donde lo enviaban, como dice, “a precio de gallina flaca. Es una riqueza que nunca llegó a los venezolanos, se la quedaron unos pocos, muy devaluada, mientras que ahora se está vendiendo. Tenemos la reserva más grande del mundo no extraída y de más alta calidad”. Eso sí, reconoce que el petróleo ha influido sobremanera en esta operación.
Sobre el futuro, recuerda las elecciones que ganó Edmundo González con Corina Machado como vicepresidenta, pero mantiene la ilusión de que en este proceso de cambio “el régimen sea extirpado por completo. Si quieren hacer elecciones que las hagan, votando los exiliados y todos, que no sea un títere de elección y con un árbitro de verdad. Así podríamos volver, porque ya no es un tema geopolítico, es poder volver y abrazar a nuestras familias, ver a nuestros hijos, trabajar dignamente y tener una vida normal”.
Asegura haber sido muy bien recibido en España y agradece el apoyo de la ong ACCEM, desde donde afirman que los exiliados que más piden protección son los venezolanos. “Los españoles nos han acogido con mucha empatía y nos han entendido, mejor que en otros países”. Se refiere a Estados Unidos, su primer destino en una huida que emprendió en 2020.
La ilusión del abogado
César Pérez Guevara aterrizó en España en el año 2022 porque el temor sobre su supervivencia había sobrepasado al amor por su tierra. Además, muchos de sus amigos y compañeros, obligados por la tiranía, siguieron el mismo camino huyendo de una represión que amenazaba su integridad física. En nuestro país, en concreto en Segovia, se le abrió un nuevo y más seguro universo donde fue bien acogido y donde es feliz junto a su esposa y una hija. Como hombre culto con cuatro estudios universitarios en su currículo (Contabilidad, Filosofía, Derecho e Historia), razona con argumentos de peso que no debería haber ningún venezolano con la cabeza bien amueblada que no esté contento por la expulsión de Maduro de un país que pedía a gritos una liberación.
“Sí, lo sigo con mucha preocupación. El venezolano que te diga que cuando vio que estaban bombardeando Venezuela no se le saltaron las lágrimas será falso, aunque en absoluto eso entra en contradicción con la gran alegría que nos hemos llevado al saber que se han llevado al delincuente de Nicolás Maduro. Es una paradoja lo que está ocurriendo”. Cuestionado sobre que será lógico que lo vean con diferentes ojos los exiliados en comparación con los acólitos del chavismo contesta tajante que algo no debe ir bien cuando un país que nunca alcanzó los 30 millones de habitantes tenga repartidos por el planeta unos 9 millones de represaliados que escaparon de la dictadura con miedo, a los que se deben agregar los asesinados. “Es que no es una situación subjetiva. No se trata de un aspecto político, va más allá de la izquierda o la derecha o partidismos. Va de unos delincuentes que tomaron el país. La sociedad abarca mucho y da para todo y es posible que haya personas que aún hoy en día lo apoyen por fanatismo ciego, estupidez o ignorancia, a pesar de que este régimen ha hecho que un país rico por naturaleza se convierta en uno de los más pobres del mundo, haya matado, torturado, etc. Cuando entraron los rusos en Berlín en los últimos días del nazismo había gente que todavía era nazi. Ser de izquierdas no significa no ser decente y seguro que hay mucha gente de izquierdas que sabe lo que ha hecho el chavismo, que se comió el partido comunista u otros de centro-izquierda. Es una autocracia disfrazada con una bandera y financiación y colaboración internacional, un lobby, en el caso de España con ayuda de partidos como Podemos”.

El letrado venezolano tira de humor cuando se le menciona la frase de la vicepresidenta Delcy Rodríguez de ponerse en manos de Dios. “Pues para ella Dios debe tener el pelo y la piel entre rubio y naranja y vivir en Mar-a-Lago, porque al mismo tiempo ha dado órdenes para frenar el petróleo gratuito a Cuba, a Irán o a precios irrisorios a Rusia y China y que entre 25 y 50 millones de barriles vayan directamente a Estados Unidos. Es lo que tienen estos regímenes, que son cobardes. Maduro no se cansaba de pedir a Trump que fuera a por él y apenas vio el operativo allí se rindió y llegó vivo a USA”.
César describe como muy brillante la operación de extracción del dictador y deja en el aire algunos interrogantes que con el tiempo se dilucidarán. El chavismo, dice, tenía defensas antiaéreas muy potentes rusas con un gran radar chino para detectar la presencia de aviones F16, pero los Delta Force norteamericanos usaron F32 y no fueron vistos, pudiendo destrozar esas defensas y permitiendo la entrada de los helicópteros. Previa a esa operación militar, el trabajo de la CIA fue decisivo, informada al milímetro de las costumbres y ubicaciones de Maduro, por lo que alguien desde dentro les ayudó, como dicta la historia en estos episodios de derrocamiento. “En estos casos hay que preguntarse quién ha salido beneficiado, y curiosamente Delcy Rodríguez es la que más, ya veremos”, apostilla el letrado, quien se pregunta además quién aconsejó a Maduro dar vacaciones a media tropa teniendo los portaaviones Iwo Jima y Gerald Ford frente a la costa venezolana y añade que la CIA ha pagado la recompensa de 50 millones de dólares. “A Maduro lo vendieron en el marco de una operación muy compleja”.
César Pérez fue el abogado asesor más joven de la Comisión de Justicia y Paz de la Asamblea Nacional Opositora, enfrentada a Chaves y Maduro, y siempre supo, como recuerda, que ni perdiendo las elecciones “esta gente iba a salir de allí. Ahora Maduro ha tenido que salir a la fuerza y le pueden caer 15, 20 años o incluso pena de muerte. Muchos, como el partido morado de España, deben estar temblando como cante como Pavarotti, porque era un régimen criminal. Ya no hablamos de política, sino de narcotráfico y terrorismo, tipos penales que se persiguen a nivel internacional”.
“Yo salí de allí porque mi seguridad personal estaba en peligro. El primer Maduro perseguía todo tipo de asesores y abogados y era muy duro ver los coches que te seguían a la oficina, al juzgado. Que te manden mensajes, amenazas. Nos hicieron cosas que nos obligaron a huir de Venezuela en el 2022, que es cuando llego a Segovia. Precisamente el día siguiente de venirme, aterrado, a un compañero abogado le impidieron salir y lo apresaron por traidor por la ley inventada del odio. En Venezuela si leen esta entrevista, me imputan y me van a buscar a casa”, continúa.
Con apenas 15 años se graduó en Secundaria y le fueron asignados los estudios de Contabilidad, que no eran lo suyo aunque los acabó. Después pasó a Filosofía, se graduó y especializó en Derecho y estudió el doctorado en Historia. En Segovia trabaja como abogado, pero más como asesor porque no tiene la convalidación para personarse en un juzgado, si bien goza de la nacionalidad española. “Lo más fácil hubiera sido venderse al chavismo, un sistema de extorsión propio de un cartel de la droga donde te dan a elegir plata o plomo y te pagan en negro. Muchos letrados y catedráticos se vendieron. Yo no me vendí, prefería tener mi conciencia tranquila para poder mirarle a la cara a mi familia, a mi padre, mi esposa y mi hija. No creo que la vida sea una cosa solo de dinero”, prosigue el abogado, que no extraña a su gente cercana de Venezuela porque muchos tuvieron que huir, pero sí a los colores, los lugares, la vegetación, etc., según dice añorar.
Sobre el presente y futuro de su tierra, valora que Trump acierta al poner de su lado un sistema criminal que quedó descabezado con la idea de dar paso a una transición que evite una guerra civil y derramamiento de sangre. “Venezuela no es un país, ni un estado, es un territorio tomado por una mafia de la peor calidad. Cuando se den las condiciones, veremos que el país pueda nacer y que el chavismo sea proscrito”. Alivio y esperanza.
