San Martín. Linda Starbatti. O/l. 1976. Uno en este post Linda Starbatti, pintora asistente a los Cursos de Pintura de Segovia entre 1974 y 1976, y a Julián Alonso Moreno, autor de una rara guía de Segovia escrita en verso: La iglesia de San Martín, / con dos ábsides románicos / y dos atrios con sus arcos / abiertos y otro cerrado, / con columnas-capiteles / descubiertos, bien tallados / y dos portadas magníficas / y esculturas por columnas, / en archivoltas muy ricas. / Sobre la nave central, una torre de ladrillos, / cuadrada, con chapitel / y columnas de granito / entre dos grandes ventanas / que hay en sus cuatro caras.
Un día vi en la red que Linda estaba en Suiza y le envié un mensaje al que no contestó. Me hubiera gustado contactar con el pasado.
Dos plazas. Antonio Moragón. Dibujo. 1984. El artista ha dibujado un costado de la plaza y el escritor que hay en él describe toda ella haciendo muy bien ambas cosas: “Una sinfonía de ecos que llena la plaza y sube hasta la torre. Y patina los atrios y altos portalones con brillos de oro; pinta las fachadas y los circulares ábsides de viejos ocres y perfila la torre de barroco alcuzón de pizarra con alegres trazos de rojo ladrillo. El relieve del patrón, de San Martín, en el renovado balcón de su aplastado granito, contempla indiferente tanta maravilla desde los rectilíneos pliegues de su vestimenta con ese mirar rudo y almendrado. Una fuente ablanda en círculo la arista de su borde; dos amorcillos sin traje alguno, en forzada genuflexión y abrazo, o en incómodo asiento, obligan a escupir al pez, erecto y horrible producto marino, el chorro de su invariable queja”.
Plaza de San Martín. Ángel Cristóbal. O/l. 1986. Un día, en la acera sur de esta plaza construyeron un hotel elegante al que llamaron Sirenas. Todo nuevo y de líneas modernas, en un tiempo en el que Segovia se había convertido en un plató de cine que conoció el rodaje de muchas películas y la presencia de estrellas muy conocidas, grandes y glamurosas de Hollywood, como Olivia de Havilland, Sofía Loren, Cary Grant o Frank Sinatra, a las que los segovianos miraban con admiración cuando se cruzaban con ellas por la calle. Ángel Cristóbal, uno de los grandes pintores segovianos, cuando aquella vorágine ya había pasado, supo jugar con la plaza, con evocaciones y con recuerdos para crear un precioso cuadro ambientado en el soberbio e incomparable escenario: delante del Torreón de Lozoya y de la estatua de Juan Bravo dos mujeres muy chic han descendido de un elegante coche de época y se dirigen al hotel.
Leoncio Martínez Cameno. Desde San Martín. Acuarela. 1988. Leoncio consiguió un gran éxito con una exposición sobre el románico segoviano que preparó aquel año, cuando, sin excesivos fastos, los segovianos celebraron el noveno centenario de la repoblación de la ciudad. Pintó, sobre papel y a la acuarela, templos y ruinas, torres y portadas, ajimeces, dovelas y chambranas y, como en este caso, un arco y medio del pórtico de poniente de la iglesia de San Martín, motivo suficiente para representar elementos característicos del estilo, como basas, fustes, capiteles y chambranas. Mas allá de los arcos, la vieja cárcel, casas de la calle Real y las cúpulas de la catedral. Una bella estampa.
José Antonio Regidor. Plaza de las Sirenas. Acuarela. 1992. Este edificio, con portada de grandes dovelas, balcones y dos escudos rematados por tímpanos con bolas, es el cierre de la plaza por su cota más elevada. Sobre él escribió Juan Vera en su libro Casas blasonadas de Segovia (1974): “En lo alto de la escalinata de las Sirenas, cubriendo el fonde de la plaza llamada de San Martín, divísase un típico edificio del siglo XVII, construido sobre los restos del antiguo palacio de Enriqye IV, y superando las grandes dovelas que forman el arco de su gran portalón de entrada, campean dos piedras armeras cuarteladas, de correcta construcción manual, ya que no heráldica… La puerta del zaguán conservaba, hasta hace días, una inscripción en la que podía leerse: Doña Lucía Mexía de Contreras”.
El Torreón. Ana Valdés Miranda. O/l. 1997. No será un nuevo cubismo pero sí planos y volúmenes yuxtapuestos pintados para acentuar la presencia de una torre. Los acompaño con un texto que Dionisio Ridruejo escribió para describir la plaza de la que resaltó la presencia de la misma torre, aquí conocida como Torreón de Lozoya: “A la derecha dos casas preciosas y otras más hermosas en la plazuela alta, cerrando un rectángulo perfecto con una fuentecilla en medio. Por el espacio que queda a la derecha entre las casas inferiores y las superiores corre una barbacana y tras ella se alza, oscura, envejecida, arrogante, la cuadrada y hermosa torre de los Lozoya, con sus pequeños ajimeces y saeteras góticos y su adarve saliente y cerrado, salvo por sus muchas ventanas, que quizá fueron huecos de almena, sobre poderosos modillones”.
San Martín. Vista lateral. Anónimo. O/l. 2005. Gerardo Diego, uno de los magníficos poetas de la generación del 27, pasó por Segovia, vio la iglesia de San Martín y le dedicó unos versos:
San Martín tiene una torre
y al lado una galería.
Por ella en días de invierno
que bien me pasearía;
nevando por ver los copos;
al sol calentando huesos,
como un lagarto que late,
a adormilar su piel fría.
Como esa vieja de luto
que viene a rezar su rezo
letanía
del Santo y Santa María.
Ábside de San Martín. Juan José Martínez Cánovas. O/l. 2006. Me asomo a esta pintura leyendo un texto de Antonio Gómez Galán, que paseaba por la calle Real: «De pronto la calle se extiende: es la plaza de las Sirenas. En ella hay una infinidad de cosas: un buzón, un aparcamiento con las matrículas más sorprendentes, una escalinata, una estatua, palacios poco espectaculares, la torre de los Lozoya, un pequeño toldo de hotel, la puerta del cine, donde siempre, siempre, habrá alguien como en el andén de una estación para lo imaginario; sigo diciendo que hay una fuente, algún palacio más, y sobre todo, la iglesia de San Martín”. Unas obras efectuadas en ésta última recuperaron el estilizado ábside románico que vemos en la imagen.
Juan Bravo. Iris Izquierdo Gómez. Acrílico/papel. 2006. La pintora llevó al papel dos imágenes difusas y casi iguales del caudillo abatido, al que Antonio Moragón, preguntaba: “¿Acaso reclamas justicia desde esa actitud de estatua?” Luego, sabiendo que no iba a obtener respuesta, se la daba a sí mismo: “No, no lo creo, te has erigido juez de un momento, de un instante con destacados perfiles, y tu imagen se ha identificado con la justicia misma. Caudillo que supo valorar la razón y significado de la bandera sobre la fuerza de la espada; amigo fiel de los amigos e irreprochable caballero en todos los terrenos, amante de su patria. Tus ojos poseen dureza fundida y la mirada desvanecida por los humos y el polvo del tiempo, firme en un Villalar escondido y lejano”.
Obras en la Plaza de San Martín. Alba López Fernández. O/l. 2006. Vuelvo a tomar palabras de Edgar Neville, escritas en 1921, cuando se planeaban las primeras obras de reforma: “Desde la calle se eleva la plaza en pronunciada pendiente, para suavizar la cual se dividió aquella en dos partes, formando dos amplias explanadas, detrás de los ábsides del templo. Una ancha gradería semicircular, con varios peldaños da acceso a la primera, y otra gradería recta, a la segunda. Sobre los gruesos pilares que flanquean la escalinata semicircular aparecen dos caprichosas figuras con busto de mujer y cuerpo de león en actitud de reposo. En el centro de la explanada surgía antes una bella fuente con dos sirenas, obra del artista Francisco Bellver, en 1852, en cuyo emplazamiento se elevará ahora el monumento a Juan Bravo”. Error: en la fuente nunca hubo sirenas sino unos niños elevando un pez.
—
* Supernumerario de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce
porunasegoviamasverde.worpress.com









