Recibimos hoy a Marcelo Gullo, doctor en Ciencia Política y autor de, entre otros, los libros “Madre Patria”, “Nada por lo que pedir perdón” y “Lo que América le debe a España”, que tanta repercusión han tenido, para hablar de su nueva obra, “Lepanto”, que nos sumerge en uno de los acontecimientos más importantes en la historia.
—¿Qué le ha llevado a escribir un libro sobre la batalla de Lepanto? ¿por qué cree que un hecho trascendental para la historia europea?
—Bueno, yo siempre en mis libros tengo una metodología de trabajo basada en volver al pasado, porque el pasado explica el presente, pero, sobre todo, porque es el pasado el que nos permite… no predecir el futuro, porque el futuro no puede ser anticipado, pero sí como decía Cervantes “olfatear” el futuro y entonces esa búsqueda hacia el pasado de lo que es el enfrentamiento de la cristiandad occidental y el imperio musulmán otomano, nos permite entender lo que está pasando hoy que aunque parezca paradójico, ya no es un enfrentamiento militar, sino que Europa, en general, vive una invasión silenciosa, porque, para uno de los dos contrincantes en Lepanto es una batalla inacabada. La dirigencia del mundo musulmán tanto política como la religiosa, sigue soñando con lo mismo que soñaban los turcos otomanos en la batalla de Lepanto: convertir la basílica de San Pedro en la mezquita más grande del mundo.
—¿Y si esa batalla, esa victoria en Lepanto, cambió realmente el curso de la historia, por qué se menciona ya tan poco?
—Porque España está enferma de “endofobia”, término que utilizo para designar al odio a uno mismo y a todo lo que hace, incluso los méritos y por supuesto los hechos históricos más heroicos. Hay un sector político español enfermo de odio hacia su propia cultura, hacia sus propias raíces, entonces detesta todo lo que fue España en la historia. Detestan y odian la Reconquista, la conquista española de América, las tradiciones y la cultura española y así surge como producto de ese odio, un ministro de Cultura, que deberíamos llamar ministro de “incultura”, que se atreve a decir que España tiene que descolonizar sus museos. ¿Pero qué es eso? España no tuvo colonias y las pocas cosas que tiene de América en sus museos, en realidad, fueron regalos posteriores a la época de las independencias. Si esto fuera ignorancia sería perdonable, pero decir que España tiene que descolonizar es “endofobia”, es la expresión más nítida y clara de este fenómeno, y esto los lleva a decir que Lepanto no fue nada, un enfrentamiento sin importancia. Ahora, este error de minimizar Lepanto, también lo han cometido algunos historiadores incluso con buena voluntad, y esto ha ocurrido porque no son expertos en geopolítica, no han visto el contexto geopolítico en su conjunto. Cuando se analiza el contexto completo se ve que Francia, que se había aliado con el imperio otomano, había pasado de ser la hija primogénita de la Iglesia a la concubina del islam, y los franceses estaban planificando la invasión de España, si esta perdía en Lepanto, es decir, querían clavarle a España una puñalada por la espalda, porque, al mismo tiempo, estaban en conversaciones con los moriscos, la población musulmana de Andalucía, para que se rebelaran contra España. Con una derrota en Lepanto, una invasión de Francia y una rebelión de los moriscos, hubiera sido posible la invasión de España por la flota otomana para reconquistar al-Andalus, idea a la que nunca han renunciado los musulmanes. Solo cuando se entiende el contexto geopolítico completo, se entiende todo y se comprende que fue una batalla decisiva, aparte de los juegos de las otras potencias esperando que España fuese derrotada para invadirla, lo que hubiera supuesto el final de España, también habría sido el final de Europa porque los turcos hubiesen tomado Roma.
—¿Es indiscutible entonces el papel determinante que tuvo España participando en la Liga que luchó en Lepanto?
—Aquí hay otra cosa que llama la atención: para este pensamiento fóbico negro-legendario, España ha hecho todo mal o cuando hace algo es insignificante y no tiene importancia. Pero sí, sí, fue España la que decidió la victoria, la Liga Santa formada por Venecia, los Estados Pontificios y con la colaboración de los caballeros de Malta, no hubiera tenido nada que hacer, si España no se suma a este frente. El Papa aunque hubiese querido no habría podido porque no tenía con qué y los caballeros de la orden de Malta tenían apenas cuatro galeras, sin España no hay Lepanto. ¿Cómo se atreven algunos a decir que no es una batalla española? si simplemente, sin España no hay Lepanto, sin España no se hubiese combatido, los venecianos hubieran terminado arreglándose con los turcos a cualquier precio para salvar su pellejo, y ese precio sería que los turcos tomasen Malta, sin exagerar, Sicilia, lo que quisiesen…
—Sorprende leer en su libro las barbaridades que los otomanos musulmanes infringían sobre los esclavos y cuánto fomentaron y se enriquecieron con la esclavitud.
—Los musulmanes otomanos utilizaron el comercio de esclavos como fuente de ingresos, pues negociaban con la libertad de los prisioneros, engrosaban las filas de sus ejércitos, de los remeros de sus barcos, de los harenes de sus sultanes, con mujeres y niños y también, de paso, sembraban el terror entre los pueblos a los que atacaban, que sabían de su crueldad, llegando en muchos casos a matar a sus mujeres e hijas con tal de que no cayeran en su poder. La esclavitud, además, se mantuvo legal en algunos países, por ejemplo, en Mauritania, hasta 1960, año en que se abolió por presiones de John F. Kennedy, el primer presidente católico de EE. UU.
—¿Podemos decir que esta victoria en Lepanto marca el inicio del declive otomano? ¿Occidente recupera con esta batalla conciencia quizá de su fuerza histórica?
—Lo primero que quiero aclarar cuando se habla de otomanos es que seguimos hablando de musulmanes, turcos en este caso, frente a los musulmanes árabes.
La batalla de Lepanto detiene a los turcos otomanos, pero en ese momento histórico la llamada cristiandad occidental ya está partida, por un lado, comienza a ser más fuerte el sentimiento nacional que el sentimiento religioso y tenemos a una Inglaterra que ya es enemiga acérrima de España, dispuesta a aniquilarla. Por supuesto, hablo de los gobernantes, no me refiero al pueblo inglés que en esos momentos no decide nada, yo me refiero a Isabel I. El imperio otomano seguirá intentando conquistar Europa, pero ya nunca más por el Mediterráneo porque allí están los españoles, así que intentarán llegar a Viena, de ahí a Suiza, de Suiza a Italia y de ahí a conquistar todo el centro de Europa. Tras la derrota de los musulmanes en Lepanto, es cierto que en España se daban las condiciones necesarias por la valentía y determinación de sus soldados y por figuras militares tan brillantes como don Juan de Austria, y es muy probable que hubieran podido tomar de nuevo Constantinopla y haber derrotado definitivamente al Islam, pero en ese momento España no puede hacer más. Hay que comprender que Felipe II tenía muchos frentes abiertos, una guerra con los holandeses en los Países Bajos, guerras potenciales con Inglaterra, incluso Francia dispuesta a clavarle un puñal por la espalda cruzando los Pirineos. También la empresa del Nuevo Mundo absorbía muchos recursos y pobladores para la construcción civilizatoria, se entiende que humana y materialmente esto era mucho esfuerzo para que una nación lo pudiera afrontar en solitario en ese momento, por eso decide no tomar Constantinopla.
—¿Se pueden establecer paralelismos entre esta Alianza de la Santa Liga tan frágil y con tantas tensiones internas, con la débil unidad política que tenemos ahora en Occidente?
—Claro, yo ahí tengo una postura muy clara, el principal problema de lo que está ocurriendo en Europa es que tiene un problema consigo misma, porque Occidente ha abandonado sus valores y los ha abandonado porque ha abandonado su fe fundante, entonces al abandonar su fe fundante los hombres y mujeres, pierden la idea de trascendencia, solo quieren vivir el momento, se convierten en materialistas, la familia empieza a molestar, uno se continúa casando por costumbre, tiene dos hijos, luego ya uno solo, después ya piensa que para qué me voy a casar, después que solo un hijo y después ya que mejor ninguno y lo que pasa después es que esa comunidad, esa sociedad, que ha perdido la idea de trascendencia no procrea más, no tiene más hijos y comienza a tener una pirámide funeraria: son más los que van a morir, que los que van a nacer.
Pero la economía tiene que seguir circulando, entonces esa misma sociedad atrae un proletariado exterior que viene a ocupar el lugar porque el otro no tiene más hijos. Claro, si ese proletariado exterior llega con una religión, con una cosmovisión del mundo, antagónica con la sociedad que lo recibe, esa sociedad está perdida y vamos a poner un ejemplo muy claro: ese proletariado exterior llega a Sevilla, a Granada, a Málaga y les dice a sus hijos, en su lengua: estas ciudades fueron nuestras y volverán a ser nuestras… y ellos van a tener cuatro, seis, ocho, diez hijos…y al cabo de un tiempo, por una simple cuestión matemática, si la sociedad a la que llegan no tiene hijos y ellos tienen tantos, este proletariado exterior comenzará a ser más numeroso que la sociedad que les ha recibido y como los consideran enemigos al final terminan dominándolos, no es una cuestión ideológica sino numérica. Si terminan siendo más y piensan distinto que usted y dicen que usted es un infiel, al final le van a decir bueno, ahora todo esto es nuestro, y se acabó.
—¿O sea que mientras perdure este relativismo moral y cultural en Occidente no ve solución?
—No hay solución, el problema de Occidente es consigo mismo por haber abandonado su fe fundante, lo que los llevó al relativismo, es largo de explicar, también hay culpa de la Iglesia…

—¿La iglesia que se movilizó para luchar por su supervivencia y la del catolicismo organizando la Liga Santa, ha cambiado su postura frente al islam? En su libro dice que a la jerarquía católica actual le gusta afirmar que todas las religiones son un lenguaje para llegar a Dios y usted recuerda que el islam es una religión de espada.
—Ahí entramos en un problema muy espinoso, que es el momento de mayor crisis de la Iglesia: a partir de la década de los 60 marcado con la introducción de los relativismos en la propia Iglesia. Algunos dicen que, por culpa del Concilio Vaticano II, otros dicen que no es el Concilio sino lo que algunos habían llamado la interpretación del Concilio, fuese como fuese, la interpretación o el propio Concilio, lo cierto es que, a partir de ese momento, comienza a hablarse de lo que para mí es un falso ecumenismo, comienza a renunciar la iglesia a la prédica de la verdad, porque si yo digo que todas las religiones son un lenguaje para llegar a Dios, entonces si todas las religiones sirven para llegar a Dios, le puedo preguntar a un cura ¿se puede saber para qué yo soy católico? da lo mismo ser budista, ser musulmán, si yo digo eso pero el otro sigue diciendo que la suya es la verdadera, entonces yo estoy perdido, introduzco el relativismo en mi propia religión y la gente deja de creer. ¿Por qué va a creer en mi religión si yo le digo que todas son iguales? Preferirá seguir creyendo en la suya o no creer en ninguna, porque no puede haber dos o tres cosas que sean verdad al mismo tiempo; puede ser que todas sean falsas y tengan razón los ateos, bueno puede ser…eso es lógico…todas son falsas…pero no puede ser que todas sean verdaderas, eso es imposible o todas son falsas o una verdadera pero todas juntas en un tiempo verdaderas no puede ser.
—Me gustaría que nos hablara un poco sobre dos personajes muy interesantes que menciona en el libro, dos mujeres contemporáneas en el SXV y que fueron determinantes para el cristianismo, Isabel la Católica y Sofía Paleólogo.
—Es un tema muy interesante y me encanta hacerlo aquí, en Segovia, en la tierra donde tan presente estuvo Isabel. De nuevo hay que contemplar el contexto geopolítico en ese momento, en mayo de 1453 cae Constantinopla, que para la Cristiandad es un desastre inmenso. Imagínese una persona en Segovia, que se enteró mucho tiempo después, pues las noticias tardaban meses en llegar, o un campesino de Francia, la caída de Constantinopla es un desastre lejano, los otomanos parecen invencibles y quién podía suponer que en estas tierras de Castilla, que aún no era España porque estaban todos los reinos divididos, peleados entre ellos e invadidos en gran parte, quién podía imaginar en ese momento que nacería una mujer que iba a cambiar la historia de Castilla y la historia de España, haciendo la unidad española y haciendo el primer paso a la conquista y evangelización de América, ¿quién podía imaginarlo…? Nadie… En ese momento pensaron: estamos perdidos, ha caído Constantinopla y dentro de 100 años llegarán hasta Los Pirineos cruzarán los Pirineos y llegarán hasta aquí. Nadie podía imaginar que aquí había nacido una mujer, Isabel, que cambia la historia, pues tiene la decisión política de cambiarla. También intervino la providencia, nadie podía pensar, cuando nació, que esa niña iba a ser reina de España, tenía hermanos por delante, no era lógico, sin embargo, llegó a serlo y esta mujer tiene una idea clara, la de conseguir la unidad de España y expulsar, definitivamente, al invasor musulmán de territorio español. Y ¿por qué expulsarlo? hay que verlo en relación con la caída de Constantinopla. Isabel es un genio geopolítico, tiene conciencia desde adolescente de que mientras exista presencia musulmana, un pedazo de España dominada por los musulmanes, los turcos pueden volver a invadir España por completo, porque tienen una cabecera de playa, un lugar donde llegar, entonces hay que sacar a los musulmanes, porque ese imperio turco es todopoderoso y si cuenta con un lugar donde desembarcar tendrá siempre la tentación de invadir España.
Pero claro cuando Isabel llega a ser la reina de Castilla, no reina sobre una Castilla en pleno apogeo, es una Castilla desorganizada, en la que están peleados nobles contra nobles, algunos nobles con el rey y otros contra el rey, con una iglesia en una crisis profunda.
Isabel tiene a dos hombres fundamentales a su lado, su brazo derecho, el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, cuya madre, por cierto, era de Pedraza, según se acaba de descubrir y publicó el historiador José Rey en este mismo periódico. El gran héroe pone orden y disciplina en los ejércitos y construye el poder militar de Castilla. Y su brazo izquierdo, el cardenal Cisneros, que reconstruye la iglesia, no solo en el plano material, reparando monasterios y conventos, sino sobre todo reconstruyéndola espiritualmente, creando una iglesia maravillosa que va a dar santos, mártires y miles y miles de sacerdotes y religiosos que van a ir a evangelizar a América, que van a ir a Asia…una iglesia esplendorosa por trescientos o cuatrocientos años. Con la obra de Cisneros, la iglesia española, fue la iglesia más importante de la catolicidad. Pero, como la historia tiene esas cosas, los Papas nunca le reconocieron nada a España, su niña mimada fue siempre Francia, España era como la cenicienta…hacía todo, pero la preferida de la Iglesia seguía siendo Francia, que no hacía nada por la Iglesia. ¡España le dio un continente! España hizo Trento, son los teólogos españoles los que construyen la catolicidad y los soldados españoles pararon a los musulmanes en Lepanto, con esa victoria increíble, y salvando a Roma de convertirse en mezquita…aun así, sin embargo, la Iglesia sigue mirando a Francia como a su hija favorita y a España no la mira, son esos misterios de la historia.

—¿En qué medida afectó también el cisma protestante en esa fragilidad europea?
—La gente dice: se rompe la Cristiandad porque se quedan cien mil de acá o cien mil de allá, pero no era una cuestión de números o de cuántos países quedan en un bando u otro, el problema es que la Cristiandad se rompe en su ser, porque la Catolicidad, que antes era toda la cristiandad occidental, se basaba en la idea de la búsqueda del “bien común, la verdad y la belleza”. Uno busca la belleza porque la belleza conduce a Dios, busca la verdad porque Dios es la verdad y busca la belleza y la verdad, aunque eso no sea provechoso económicamente. Además, uno debe buscar el “bien común”, no solo el bien individual, que es la primera obligación de mantenerse uno mismo y su familia, sino que tiene, por encima de todo, un sentido del “bien común”. El protestantismo rompe eso, porque Lutero dice que el hombre se salva por la fe, lo que quiere decir que las obras no importan, es decir, que lo importante no es la búsqueda del “bien común”, usted se salva por la fe. Después viene Calvino, que da una vuelta de tuerca más y dice que no todos los hombres se salvan…reproduce el concepto de predestinación griego que había sido abolido por el cristianismo, no todo hombre se salva porque Cristo no ha venido a salvar a todos…una cosa terrible…no se puede salvar a todos y no se puede saber a quiénes se salva, pero…la riqueza es un signo de predestinación…entonces si las obras no importan, si la riqueza es signo de predestinación y ya no busco el “bien común”, lógicamente, tengo que buscar solo mi bien individual, no el bien común solo el bien individual, porque total.. las obras no importan y yo me salvo por mi fe y por los signos de predestinación.
A partir de ese momento, nace el concepto de utilidad, o sea, no busco el bien, la verdad y la belleza, sino que busco lo que me es útil para ganar dinero…esa es la creación del mundo protestante, olvido el “bien común”, no busco más la belleza, no busco más la verdad, sí es útil para mí mentir, miento, si es útil hacer una obra de arte que es una porquería, pero me la pagan millones, la hago, no busco más la belleza, ni la verdad, eso va a ser fatal porque rompe la Cristiandad ontológicamente.
España se opone a esto, claro, pero como todas las ideas se encarnan en personas y las personas están en países, esa idea aparece en Alemania, pero sin fuerza porque Alemania estaba dividida en pedacitos…treinta y pico estados. El único estado protestante, fuerte de verdad, que se cambió de bando desde el catolicismo, fue Inglaterra. Se encarna este protestantismo, aunque disfrazado de forma católica, porque el anglicanismo mantiene las formas católicas, pero no la idea, para engañar al pueblo y le dan una vuelta de tuerca más: si tiene razón Lutero y el hombre se salva por la fe, si tiene razón Calvino y Cristo no he venido a salvar a todos los hombres…la iglesia anglicana dice: si Dios no ha venido a salvar a todos los hombres, quiere decir que tampoco ha venido a salvar a todas las naciones, se reintroduce el concepto judío de nación elegida. Dios no viene a salvar al mundo sino a nosotros, la gran nación cristiana, los otros no son cristianos. La riqueza y el poder que tengamos será el signo de que Dios nos ha elegido, pero como las obras no importan, yo puedo salir al mundo a matar, robar y asesinar que no pasa nada, porque las obras no importan, pero la riqueza y el poder son el signo de predestinación, por eso hay una jauría de piratas británicos que salen a luchar contra el imperio español a saquear las ciudades españolas en América, en Canarias….la gente tiene una idea equivocada, se cree que un pirata es un tipo tomando ron, conquistando mujeres, no…escúcheme… Drake era un hombre religioso, todos los días leía la Biblia en su barco y el libro de los mártires, que era un libro hecho contra el catolicismo, después violaba mujeres sí, católicas, robaba sí, a católicos y ¿por qué? porque ellos creían que estaba bien porque estaban robando para engrandecer Inglaterra, que era el nuevo pueblo elegido y porque para ellos, los católicos, que eran los españoles fundamentalmente, eran papistas y el Papa era la prostituta del demonio. Así que entonces estaba muy bien hacer eso con los españoles y con las españolas y con los hispanoamericanos y con todos, entonces España se enfrenta a eso, pero a la larga es derrotada. A partir de ese momento, en que España es derrotada, la conducción del mundo europeo pasa a manos de Inglaterra y Occidente se transforma en sinónimo de imperialismo. Esta visión inglesa pasa a las colonias americanas, a Estados Unidos, que se van a creer una nueva nación elegida por Dios, iluminada en la montaña, una nueva Jerusalén, un nuevo pueblo elegido.
—Pese a la situación mundial, con los imperialismos musulmán, americano, ruso y chino en expansión y esta sociedad relativista que ha perdido sus valores, nos gustaría terminar con un mensaje positivo y esperanzador.
—Nosotros, los pueblos unidos en torno a la Hispanidad, fuimos grandes cuando estuvimos unidos, y hemos perdido la conciencia de que éramos una sola nación de los Pirineos a Acapulco y de California a Tierra de Fuego. Esta es nuestra principal derrota. Seremos fuertes de nuevo cuando recuperemos la conciencia de que somos un mismo pueblo, con muchas características distintas sí… pero al final con más cosas que nos unen que las que nos separan… hay hispanos blancos, negros, mulatos… todos somos hispanos que compartimos la sustancia que nos une, que es nuestra tradición cultural y nuestra lengua, la lengua de España y la religión de España. Cuando recuperemos la conciencia de que somos un mismo pueblo, que es lo más difícil, en ese momento podremos recuperar la unidad y eso está ya en marcha, se está recuperando… es un proceso histórico muy largo, pero se está avanzando y una vez recuperada la conciencia, recuperar la unidad es lo más fácil…

