De niño recuerdo que la llegada del obispo a mi pueblo era todo un acontecimiento. En mi pueblo no lo recuerdo, pero sí sé de algunos lugares en los que se hacían arcos de flores para acogerlo. Era la visita de un hombre ilustre a unos pueblos a los que nunca venían personas ilustres. Por cierto, que yo recuerdo la visita de otro hombre ilustre a mi pueblo, aunque desconozco el motivo. Nada menos que Di Stéfano en sus mejores momentos como jugador del Real Madrid.
La presencia del obispo se ha hecho ahora más habitual, casi cotidiana. De hecho nuestro obispo D. Jesús, que cumple estos días el primer aniversario de su llegada, no ha parado y ha estado presente en todos los rincones de la Diócesis en un afán admirable por conocer.
El último trimestre del año pasado y el primer semestre de este ha comenzado, de una forma programada, la Visita Pastoral. Comenzó con el Arciprestazgo de Cuéllar, entre octubre y diciembre, y continuará con el Arciprestazgo de la Ciudad de Segovia, de enero a marzo, para terminar con el de Abades/ Villacastín de abril a junio. Son jornadas agotadoras para el obispo puesto que todos queremos que vea lo que hay, que escuche a la gente y que nos diga palabras de aliento.
¿Qué pretende la Visita Pastoral? En el Arciprestazgo de la Ciudad hemos publicado una Hoja Arciprestal explicando el sentido e informando del calendario. En ella podemos leer que el Directorio para el Ministerio de los Obispos dice que “la Visita Pastoral es uno de los modos… por el que el Obispo cultiva el encuentro personal con el clero y demás fieles del Pueblo de Dios, para que los conozca y dirija, los exhorte a una vida de fe y de práctica cristiana, así como para que vea de cerca y valore en su real eficacia las estructuras e instrumentos destinados a su servicio pastoral”.
Es importante cómo el documento destaca que la Visita tiene que ser “un encuentro personal con el clero y demás fieles”. Con el clero para conocer su situación personal. La relación entre obispo y sacerdotes se ha normalizado. Hace unos años, un veterano Vicario decía que antes cuando el obispo quería hablar con un cura, el cura se echaba a temblar pero que ahora cuando un cura quiere hablar con el obispo, es el obispo el que tiembla. Esta broma expresa una realidad. El obispo es consciente de que los sacerdotes, que somos colaboradores necesarios en la misión evangelizadora del obispo y estamos llamados a vivir en comunión con él, somos pocos y mucho más frágiles de lo que la gente piensa. El caso es que la escasez de clero, ha trastocado una relación que ya no puede estar basada solamente en la autoridad de quien tiene la jerarquía, sino en una sintonía de intereses comunes para el servicio a la comunidad.
La segunda parte de ese encuentro es con los demás fieles. Es parte fundamental de la Visita que el Obispo escuche para poder hablar. Hace años, durante una Visita Pastoral, habíamos preparado un informe de la vida parroquial para situar al obispo en el contexto. Y así empezamos la reunión, pero de pronto, el obispo me pidió un poco de atención y me dijo textualmente: “Jesús, estás muy equivocado. Yo no he venido a escuchar sino a que me escuchen”. Reconozco que era pretencioso por mi parte y que ahora no haría tal cosa, pero escuchar a la gente es valorarla y darle importancia. No son figurantes para llenar un decorado, sino la parte más importante de la comunidad cristiana. Y para iluminar hay que escuchar, aunque sea lo de siempre. En los pueblos siempre le piden que les mande un cura y que les arregle el tejado de la iglesia, en la ciudad que no les quite misas y que mantenga al párroco. Pero aunque sea eso, es necesario que el Pueblo de Dios se exprese y el obispo los escuche porque en ese diálogo sale también la vida cotidiana y sus problemas, la realidad social y la situación más allá de los muros y estructuras de la parroquia o el pueblo.
En la última parte del párrafo citado más arriba sobre la Visita Pastoral se dice que también ha de servir para valorar la eficacia de los instrumentos que utilizamos para la evangelización. Sería muy necesario revisarlo. Constatamos el fracaso de las catequesis de iniciación cristiana y la inutilidad de nuestro esfuerzo para llegar a la gente más alejada. No conseguimos que las personas que están en las Cofradías, por ejemplo, se integren en la vida parroquial más allá de sus actos puntuales. Algo estamos llamados a cambiar y se impone una reflexión serena cuyo punto de partida puede ser la Visita Pastoral.
