El reinado de Alfonso XIII, cuyos inicios y desarrollo relatamos en números anteriores, encara, a partir de los años 20 del Siglo XX una larga recta final que terminará con la proclamación de la II República en el año 1931, hecho este que determinará la salida de España del rey y de toda la familia real.
Este largo recorrido de la segunda parte de este reinado, tiene un primer momento, relacionado de nuevo con la guerra surgida en el Norte de África, en la que España se va a ver envuelta, y cuyo amargo desarrollo condicionará la desafección de gran parte de los españoles con respecto a su rey y a la propia institución de la Monarquía.
La presencia de España en el Norte de África se fue incrementando progresivamente a lo largo de finales el S.XIX y principios del XX. Los sucesivos tratados internacionales, suscritos principalmente con Francia en 1904 y 1912, sirvieron para que la zona Norte de Marruecos se convirtiese en lo que fue luego el Protectorado Español, que comprendía, en el Norte, la zona del Rif, con sus imponentes montañas, y en el Sur Ifni y Tarfaya.
La zona asignada a España en los Tratados a que nos referimos, era la más pobre de Marruecos, con una organización de tipo tribal, con tribus que, a menudo, estaban enfrentadas unas con otras; la agricultura era pobre, el comercio insignificante y el aprovechamiento minero-único recurso importante del Rif- no fue viable hasta que se pacificó la zona, ya bien entrado el siglo XX. Mientras la parte Sur, asignada a Francia, era la más rica, con más población y con las ciudades más importantes, como Marrakesch o Rabat. Este reparto era la prueba más concluyente de la irrelevancia a que había llegado España en el ámbito internacional, sobre todo tras de la pérdida de los últimos territorios de Ultramar en 1898.

No obstante lo anterior, el Gobierno Español se dispuso a enfrentar una tarea que sería ardua, pues lo primero que debía de hacerse era ocupar militarmente el territorio para, en una segunda fase, proceder a su colonización y puesta a nivel del de un país civilizado. La organización política y militar que se realizó comprendía la figura de un Alto Comisario, con sede en la ciudad de Tetuán, y que estaba apoyado en las Comandancias Generales de Ceuta y Melilla. Estos eran, en principio, los enclaves controlados efectivamente por las tropas españolas, quedando fuera la mayor parte del territorio, en manos de tribus más o menos belicosas, algunas de las cuales comenzaron enseguida a combatir la presencia española.
Estábamos en los comienzos de los años 20, últimos 10 del reinado de Alfonso XIII, que se verían condicionados de modo sustancial por este problema marroquí, unido al de la dictadura impuesta por el general Primo de Rivera, que abarcó desde 1923 a 1930. Ambos hechos serían decisorios para la continuidad de Alfonso XIII en el Trono de España.
En los acontecimientos que se iban a desarrollar en 1921 en al Protectorado Español, tuvieron el protagonismo dos hombres de muy diverso origen y condición: Uno, español, el General D. Manuel Fernández Silvestre, que por entonces era Comandante General de Melilla; otro, marroquí, Mohamed Abd-El-Krim, procedente de una familia acomodada y españolizada de la zona, que hasta aquellos momentos había colaborado con los españoles y había sido Juez islámico en Melilla y anteriormente maestro.

Abd-El-Krim y el general Silvestre, tuvieron varios enfrentamientos personales y esto, unido a la convicción a la que el marroquí había llegado, de que debía de luchar por un Marruecos independiente y libre de las injerencias de potencias europeas, hizo que literalmente se “echase al monte” y decidiese sublevar a varias tribus del entorno de las montañas del Rif contra los españoles. Contó para ello con varios jefes notables, de cierta cultura como su propio hermano, que había realizado estudios de Ingeniería de Minas en España. También contó con la actitud pasiva de Francia, que pensaba que era beneficioso para sus intereses el que España no consiguiera el dominio total de la zona norte de Marruecos.
El general Silvestre era un militar de bastante prestigio, nacido en Cuba antes de la independencia de aquel territorio, hijo de un comandante y, por tanto, en el seno de una familia de ambiente militar. Antes de la independencia de la isla, se distinguió en varias acciones contra los insurgentes, siendo herido, especialmente de gravedad al dirigir una carga de Caballería- pues pertenecía a este Arma- en la que resultó alcanzado por dos balazos.
Al proclamase la República cubana, volvió a España en 1898. Al haber seguido una brillante carera militar, tras varios destinos y al alcanzar el honor de ser Ayudante del rey, en 1920 fue nombrado Comandante General de Melilla. Antes lo había sido de Ceuta y optaba al puesto de Alto Comisario, pero el designado para este cargo fue el general D. Dámaso Berenguer.

Manuel Fernández Silvestre, ya antes de ocupar este nuevo cargo y desde el de Comandante General de Ceuta había ordenado y llevado a cabo numerosas acciones tendentes a tomar posesión efectiva del territorio, lo que continuó haciendo, especialmente en los primeros meses de 1921. La organización del terreno ocupado era a base de fortines situados en los puntos más elevados, a veces distanciados 20 o más kilómetros unos de otros. La ocupación del territorio, con este motivo, era deficiente, pues las tropas españolas ocupaban de forma casi exclusiva, el terreno que pisaban.
Estos asentamientos apenas contaban con condiciones, pues, en primer lugar, carecían de abastecimiento de agua potable, que a veces tenía que ser acarreada a lomos de mulas, teniendo los soldados que exponerse en campo abierto a los frecuentes hostigamientos de los kabileños marroquíes, lo que costó innumerables bajas a las tropas españolas. Los blocaos tampoco reunían las condiciones mínimas de habitabilidad, siendo frecuentes en ellos las ratas y los piojos y, por tanto, la aparición de enfermedades que aquejaban a las tropas.
Sin embargo, el mayor contingente de tropas estaba acantonado en un campamento, Monte Arrui, situado en la zona de Annual, que teóricamente era defendible y contaba con mejores instalaciones que los pequeños fortines diseminados por el territorio. Desde esta posición, el general Silvestre comenzó a realizar una serie de movimientos, algunos de ellos sin el consentimiento del Alto Comisario.


Entre estas acciones, en Mayo de 1921 se realizó el establecimiento de una posición avanzada en el monte Abarrán. Este asentamiento, pronto fue atacado por los rifeños y perecieron todos los defensores. Otro tanto sucedió con la posición de Igueriben, establecida ya en el mes de junio y que también cayó en poder de los sublevados, pese a la heróica resistencia de sus ocupantes, de los que solo se salvaron 11 de los más de 300 que componían su guarnición.
La mayor parte de los contingentes marroquíes que atacaron las posiciones españolas pertenecía a la tribu de los Beniurraguel eran gentes muy belicosas y estaban bien dirigidos por el propio Abd-El-Krim. Estos cercaron completamente el campamento español y, ante la imposibilidad de defender la posición, se dio orden de retirada, lo que pudo solo hacer un número reducido de soldados, dirigidos por un grupo de oficiales.

El resto, jefes y oficiales incluidos, salieron a la desbandada hacia Melilla, distante unos 40 Kilómetros, sobreviviendo solo un puñado de ellos, pues constantemente la retirada fue bajo el fuego enemigo, con la consiguiente carnicería entre los soldados españoles. Protegió la retirada, de una forma heroica, el Regimiento de Caballería de Alcántara, que, sable en mano, se lanzó sobre las trincheras de los marroquíes, a costa de perder la mayor parte de sus hombres y caballos. Este Regimiento estaba al mando del Teniente Coronel D. Fernando Primo de Rivera, que resultó también víctima de la masacre.

Uno de los puntos fuertes del dispositivo de las tropas españolas en la zona era el conocido como Monte Arrui, lugar donde se concentró un número importante de hombres y material. Esta posición estaba al mando del segundo del General Silvestre que era el General Navarro. Viéndose rodeados también por un ingente número de combatientes marroquíes y no teniendo posibilidades de defensa, el general al mando optó por ofrecer la rendición honrosa, con el fin de preservar la vida del personal a su cargo. Así se pactó con los rebeldes y, en cuanto salieron de la posición el General y algunos Jefes y Oficiales, los soldados desarmados y sin mandos, fueron vilmente masacrados por aquellos a quienes se habían entregado. El general Navarro y los restantes, quedaron prisioneros y solo tuvo lugar su liberación unos años más tarde, gracias a la mediación de un industrial español, de nombre Horacio Echevarrieta, que allanó en camino para que se pagase el elevado rescate de cuatro millones de pesetas, que por ellos pidieron Abd-El-Krim y sus gentes.

Murieron alrededor de 10.000 soldados de aquel ejército de un país europeo, frente a los 1.000 de la parte marroquí. Fue una de las derrotas más dolorosas del Ejército Español. Las causas, entre otras, el error de planificación de las operaciones, la imprevisión, la lejanía entre el teatro de operaciones y el lugar (Melilla) desde donde se hubiesen podido mandar auxilios y un arrojo, falto de motivación real, del General en Jefe, Silvestre quien debió de pensar que solamente combatían con unas tribus de insurgentes, carentes de dirección y de preparación.

El General D. Manuel Fernández Silvestre, que, según algunos tratadistas de estos tristes episodios, se había visto amparado por el Rey Alfonso XIII en sus acciones -otros autores no lo ven así- desapareció en el transcurso de aquel fatídico día, sin que nunca se encontrase su cuerpo, muerto a manos de los Kabileños, o suicidado con su propia arma. Este hecho suscitó las más distintas versiones y relatos. El hecho es que el Desastre de Annual es uno de los más tristes de la historia militar de España y aun hoy es objeto de estudios y publicaciones que quieren desentrañar algunos misterios o episodios oscuros de aquel desastre.
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* Miguel Marchamalo Main.
Miembro de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales.
Miembro del la Institución de Estudios Complutenses ( CECEL-C.S.I.C.)
