Los primeros semáforos de la historia fueron instalados en Londres, en 1868, empezando por uno ubicado frente al Parlamento británico. Eran manipulados por un agente y las luces verdes funcionaban con gas. Esta instalación; concretamente, aquel primer semáforo, un buen día estalló e hirió a un agente, por lo que el invento fue retirado y solo volvió a las calles en 1914, en Estados Unidos y con luces eléctricas.
Saber que debemos pasar en verde y detenernos en rojo es un aprendizaje heredado del sistema de señales de los ferrocarriles, y el ámbar se agregó como señal intermedia para indicar precaución. Y que el semáforo pronto estuviera en gran parte del mundo tuvo que ver también con la rápida expansión de la industria automovilística, con los correspondientes atascos y otros problemas de circulación.
Cuando para pasar hay que esperar el azul
Aunque muchas normas y señales de tráfico se fueron adoptando por una especie de consenso, también se produjeron grandes diferencias, como la del lado por donde debemos circular (cerca de un 34% del mundo conduce por la izquierda).
Durante los años 60 del siglo pasado, el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas impulsó la unificación de las señales de tráfico, y consiguió aprobar un marco normativo que quedó reflejado en la Convención de Viena sobre circulación vial, realizada en 1968, y suscrita por más de 50 países, aunque entre ellos no se encontraba Japón o Estados Unidos.
A pesar de que Estados Unidos no firmó el convenio, la mayoría de sus normas y señales de tráfico son similares a las europeas y a las de gran parte del mundo. No es el caso de Japón, donde se circula por la izquierda, como en Reino Unido, pero además tienen un detalle aún más exótico, como es el de los semáforos con luces azules en vez de verdes.
Cuestión de palabras y de camuflaje
En Japón, los semáforos más antiguos utilizan rojo, ámbar y azul, en vez de verde, y en esto parece tener mucha relación el hecho de que los japoneses no tienen, o no tenían, un término específico para el color verde, que está incluido en el término ao, que se utiliza principalmente para referirse al azul.
Ao se utiliza de forma indistinta para el azul, el turquesa y el azul verdoso, e imaginamos que cuando se instalaron los primeros semáforos en este país, era más práctico colocar la luz directamente azul para pasar que colocar lo que vendría a ser casi un significado secundario de esta palabra: el verde.
Aunque desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial existe una palabra para el verde, Midori, para referirse a la luz verde del semáforo se dice aoshingö, que puede entenderse como luz verde, o luz azul.
Es el término que se usó para esta luz en la Ley de Tráfico aprobada en Japón en 1960, ocho años antes que la Convención de Viena, y que se mantuvo hasta 1973, cuando se hizo una modificación para indicar que los semáforos en verde debían conservar tonos azulados.
Fue la manera que encontraron las autoridades de ir incorporando el verde sin dejar completamente de lado el azul, lo que hace que en algunos semáforos la luz parezca turquesa. Y en muchas zonas urbanas continúan funcionando los viejos semáforos con luz azul.
La creación de un término especial para referirse al verde, “midori”, se habría debido a la necesidad de evitar confusiones al pintar los portaviones, que debían ser azules para confundirse con el mar.
“Ao” habría quedado exclusivamente para el azul. Pero la población siguió refiriéndose al verde de los semáforos con la antigua palabra, tal y como quedó reflejado en la ley de 1960.
Los semáforos son una curiosidad para quienes visitan Japón, pero también algo que nos recuerda que los signos y las señales que utilizamos son creaciones a las que dotamos de significado.
