Hay segovianos que sienten que se les eriza el vello cuando escuchan el himno de la Fuencisla, otros no pueden reprimir unas lágrimas cuando la imagen de la Virgen entra en la Catedral, a mediados de septiembre, como todos los años, entre la ovación de miles de devotos. Desde hace siglos septiembre en Segovia es el mes de la patrona, el de jornadas en las que las emociones están a flor de piel por la veneración a esta pequeña imagen tan querida en la ciudad.
Las manifestaciones multitudinarias de religiosidad y cariño a la Virgen durante la novena que se celebra en el principal templo de la provincia indican hasta que punto produce consternación y dolor entre los segovianos el robo sacrílego que sufrió la imagen el pasado viernes.
Esos sentimientos fueron definidos así por el obispo de Segovia, Ángel Rubio,el año pasado, tras recibir, junto al Cabildo, a la imagen de la patrona a la entrada de la Catedral: Segovia se transforma durante el novenario “en un hervidero de fe, en el que venimos a enaltecer a la Virgen, que contempla silente el clamor de un pueblo que se acerca con devoción a su altar”.
Los cultos del novenario se celebran por la tarde para devotos en general y por la mañana, dirigido estos principalmente a los jóvenes. Cuenta además con predicadores invitados y, por ejemplo, el año pasado participó el arzobispo castrense de España, Juan del Río Martín. En las últimas décadas, además, uno de los días de la novena se realiza una ofrenda de frutos de la tierra a la patrona, acto popular que congrega a cientos de personas y que se inició en 1981, aunque fue a partir de 1991 cuando pasó a estar organizado por la Cofradía de la Virgen de la Fuencisla.
