Históricamente, los molinos fueron la sede de una actividad industrial esencial en la vida de la España rural. La elaboración del pan requería como primer paso moler el trigo en grandes cantidades para abastecer la demanda de harina, principal ingrediente en la elaboración del pan. El trigo se vaciaba entre dos pesadas muelas circulares que giraban gracias a un sistema de palas movidas por la corriente del agua, consiguiendo transformar los dorados granos de trigo en fina y blanca harina. El procedimiento requería grandes dosis de energía, hidráulica en nuestra zona y con aprovechamiento de la fuerza del viento en otras muchas zonas de España, motivo por el cual los molinos harineros se situaban en las márgenes de los ríos para aprovechar su caudal de agua.
Fuentes tuvo desde la antigüedad dos molinos harineros muy cercanos a su población, el denominado molino de Arco, ubicado en el término municipal de Bernardos, y que daba nombre a una de las calles del pueblo, y el molino Nuevo, situado en el paraje de Peñas corvas, más conocido como el molino de Peñacorbilla, este último era de propiedad municipal, de propios en la terminología de la época. Ambos molinos aprovechaban las aguas de río Eresma, cuyo cauce servía también delimitar administrativamente los respectivos términos municipales de Bernardos y del barrio de Fuentes, integrado en el concejo de Carbonero el Mayor.
La primera noticia de la existencia del Molino de Peñacorbilla podría remontarse al año 1625, cuando se termina de instalar el primitivo retablo de la iglesia, según documenta Moreno Alcalde, M.: “se trajo una escalera del molino para el dorado del retablo”. Para encontrar la siguiente referencia debemos trasladarnos al año 1749, cuando el Catastro del Marqués de la Ensenada nos referencia este molino de propiedad municipal, por entonces arrendado a Francisco de Andrés, vecino de Carbonero, y con una producción anual de nueve mil reales de vellón. El molino de Peñacorbilla era arrendado periódicamente a los particulares mediante el sistema de subasta pública.
Los bienes de propios fueron objeto de desamortización en la segunda mitad del siglo XIX. Así ocurrió con el molino de Peñacorbilla, que terminó pasando a manos particulares tras la oportuna subasta y después, a principios del siglo XX, como otros muchos molinos harineros, se transformó en fábrica de luz, para atender la demanda de energía eléctrica destinada al alumbrado público, que empezaba a ser una realidad gracias a que muchos de estos molinos cambiaron su pesadas muelas por turbinas, que eran igualmente accionadas por la corriente del agua, generando la preciada y lucrativa energía eléctrica.
Hoy, las ruinas de estos edificios nos recuerdan este interesante pasado y podemos documentarlo mediante las reseñas que aparecían en el BOP. En 1850, un anuncio del ayuntamiento de Carbonero daba cuenta de que había vencido el arrendamiento del molino de Peñacorbilla y se sacaba nuevamente en arrendamiento por el consabido procedimiento de subasta pública, y por un nuevo periodo de 4 años.

En el año 1858, la comisión de ventas de bienes nacionales de la provincia de Segovia inició el procedimiento de enajenación de los bienes de propios, sacándolo a la venta en subasta pública con fecha de 10 de diciembre. El anuncio del BOP sirve ahora para encontrar una completa descripción de este molino, cuyas ruinas nos hacen entrever la magnitud de esta instalación:
“Número 435 del inventario.- Un molino harinero denominado de Peña Corvilla, en término de Carbonero el Mayor, procedente de sus propios, que lleva en renta Simón García Rubio por 500 fanegas de trigo anuales. Consta de 3196 pies superficiales, divididos en seis compartimientos; portal, molar muy capaz en el funcionan tras piedras, una cocina con otras piezas para su ingreso, cuadra, cochiquera y una escalera con zanca en bóveda de mampostería, que conduce a un sobrado muy espacioso. En la planta inferior es donde funciona la maquinaria, compuesta de tres rodeznos con sus canales de madera, dos sin tapa y otro cerrado que conduce las aguas a una de las ruedas de cubeta y cada una en su correspondiente cárcavo en bóveda de mampostería, con frente de desagüe de ladrillo a rosca; zócalos de buena sillería y fuera de aguas; existe otro cárcavo con iguales condiciones aunque sin uso, denominado de la Cueva, cuyos vanos se hallan vaciados en su mayor parte en roca arcillosa de pizarra, como igualmente toda la parte ocupada por la toma y canal de embalse, obra de mérito y de gran resistencia por formar sus lados el terreno natural de la roca que defiende al artefacto de las grandes corrientes de las aguas. Sus fábricas exterior e interior son de buena mampostería con mortero, cuyos espesores ofrecen la debida resistencia que garantiza la estabilidad de la clase constructiva, con muro además de sillería que separa el molar de la corriente del río: armadura a dos aguas compuesta de grandes tirantes de pie y cuarto y tercia, carreras y solar de sema serradiza, maderos de seis y de a ocho en los pares, estribo e hilera, planos encajados de tabla de ripia y caballete recibidos con mortero. Muros de contención, de boardilla y ladrones de fábrica, mampostería con mortero y de roca de ladrillo en los frentes de sus bóvedas de desagüe, de 144 varas lineales, abiertas de roca y arena. El plano de presa es de fábrica mixta entramada y en mampostería, cuya superficie es de 3.845 varas superficiales, con buenos perfiles de pie y cuartos, y entablada con buena tabla de a gordo; titos estribos y carreras de tercias y sesmas con cajonería rellena con buena piedra en seco, y fundado el plano de vertiente sobre buen zampeado y emparrillado de madera; el todo se halla en el mejor estado de conservación. Linda por Sur y Oriente con el río Eresma y por Norte y Poniente con eriales del término de Carbonero el Mayor. Posee además este molino entre las aguas del caz y el río, un pedazo de terreno arenoso de ínfima calidad, cuya cabida es de media obrada durante las altas aguas, además del que es necesario para las entradas, salidas y demás servidumbres de todo el artefacto.

Ha sido capitalizado por las 500 fanegas de trigo que actualmente paga su colono, apreciadas a 30 rs y 9 céntimos con arreglo al decenio de 1845 a 1854, que importan 15.045 rs. y dan un capital de 27.0810 rs. al 5 por 100, como finca urbana, deducido el 10 por 100 de administración y reparos: y ha sido apreciado por los peritos en 15.000 rs. en renta y 316.427 en venta, tipo subasta.”
El molino fue adjudicado con fecha de 21 de febrero de 1859 a don Antonio González Sanz, vecino de Zamarramala, en la cantidad de 322.000 rs. El nuevo propietario lo sacaría arriendo por primera vez el 8 abril mediante un anuncio particular aparecido en BOP.
Cincuenta años después, España se subiría al tren del desarrollo de la mano de los avances tecnológicos, especialmente la generación y distribución de energía eléctrica que conseguirá iluminar las largas noches rurales, sustituyendo la tenue luz del alumbrado público que era mantenido con lámparas de aceite, y también la luz de las velas que alumbraban en los hogares más privilegiados. Muchos de los molinos harineros, entre ellos el de Peñacorbilla, van san ser pioneros en la fabricación de electricidad, reconvirtiéndose a este nuevo y lucrativo negocio, mediante la creación de empresas societarias que irán tejiendo progresivamente un entramado de redes de distribución. Los pueblos van a incluir en estos años, como parte de su programa de fiestas, un esperado espectáculo que consistía en la iluminación de la plaza del pueblo en los días de su fiesta grande, la función. Por otro lado, también los hogares irán contratando este nuevo servicio que permitía alargar las reuniones familiares en la oscuridad de la noche: contrataban la iluminación, inicialmente sin contador y en función del número de lámparas instaladas, por ello, y para economizar los gastos, las paredes divisorias de las habitaciones disponían habitualmente de una pequeña ventada donde se instalaba la bombilla para iluminar ambas dependencias simultáneamente. Otra opción, aunque sensiblemente más cara, consistía en la instalación de lámpara conmutadas, independientes para dos habitaciones pudiendo elegir cual de ella se mantenía encendida.
