El Alami Karroum- Yassine tiene 46 años y es marroquí, pero prácticamente lleva media vida viviendo en Segovia. Hoy ya 20 años. Antes estuvo en Madrid una temporada corta, alrededor de tres meses, aunque durante ese tiempo también tuvo la oportunidad de recorrer otras zonas de España como Extremadura. Todo esto terminó cuando a los 26 años un amigo le convenció para venirse a Segovia a trabajar. Lo hizo solo. Hoy tiene mujer y dos hijos y viven todos en la capital.
Este marroquí, que habla castellano rozando la perfección, afirma que apenas tardó tres meses en aprenderlo. Además estudió en su país la diplomatura de Física y Química, pero allí no podría haberse dedicado a ello, “Hubiera sido imposible. Es un país sin industria ni tecnología, tan sólo tiene cabida la agricultura y el funcionariado”, asegura con cierto lamento. Y es que explica que hay mucha gente con estudios pero apenas tienen trabajo.
En el restaurante donde trabaja como cocinero, ‘El Bernardino’, todo el mundo le conoce con el nombre de ‘Alami’. Siempre se ha dedicado al mundo de la Hostelería, aunque antes de llegar a este restaurante, estuvo en el que antes se conocía con el nombre de ‘Las Columnas’.
Alami está encantado con el trato que ha recibido de los segovianos: “En general me han acogido muy bien aunque, como en todos lados, siempre hay de todo, pero estoy muy contento aquí”.
A la pregunta “¿Qué te gusta de Segovia?”, este cocinero lo tiene muy claro: “El clima, sin duda. Hay mucha vegetación, mucho verde y, aunque el invierno es duro, puede sobrellevarse perfectamente”. Aunque no deja de contemplar maravillado la riqueza monumental que tiene Segovia.
Cada seis u ocho meses, Alami viaja a Marruecos. “Últimamente, y si el tiempo y el bolsillo lo permiten, viajo más a menudo que antes”. Y si a la familia siempre se la echa de menos, nunca deja de acordarse de los viejos amigos, a muchos de los cuales lleva sin verles desde que decidió partir hacia España. “La inmigración tiene ese precio; al marcharte debes asumir que hay cosas que vas a perder y dejar atrás”.
Mirando hacia el futuro, siempre intenta tener proyectos en mente para llevarlos a cabo el día de mañana. Alami sabe en qué mundo se desenvuelve bien y, a partir de ahí, es consciente de cómo puede mejorar e ir creciendo a nivel profesional: “El mundo de la hostelería me gusta. Es lo que sé hacer. Me gustaría dedicarme a esto pero ya como empresario, dentro de unos años, cuando mis hijos sean mayores”.
Este cocinero de gran sonrisa y ojos llenos de vida, no descarta ahora volver a Marruecos dentro de un tiempo, aunque muchas veces, cuando se tiene familia, las cosas ya no dependen sólo de uno mismo. “Siempre queda la idea de volver. Pero cuando los hijos crecen, la situación se vuelve más complicada. Cuando llegué no tenía planes de futuro. Sólo pensaba en vivir día a día”.
Alami nunca ha dejado de ser realista, aunque tampoco ve la vida con pesimismo. Todo el mundo tiene momentos difíciles, pero a este profesinoal de la hostelería la vida no parece haberle tratado mal. “Si yo no estuviera a gusto aquí, está claro que no me hubiera quedado”, comenta. En su país de nacimiento, la situación era y es un tanto complicada. Da igual que este cocinero tenga a sus espaldas una carrera universitaria porque allí no hubiera conseguido triunfar a nivel profesional.