El cincuentenario de la restauración de la Monarquía en España debería haber sido una ocasión para reconciliar memoria, historia e institución. Un aniversario en el que España recordara que la Corona fue una pieza clave en el tránsito de una dictadura a una democracia plena. Pero no ha sido así ya que la conmemoración ha estado marcada por ausencias que pesan más que las presencias: la del Rey Juan Carlos I, excluido de los actos institucionales y la de Sánchez, que decidió no asistir al homenaje en el Congreso.
Es difícil comprender que en el 50 aniversario de la Monarquía parlamentaria no se haya contado institucionalmente con la figura que la hizo posible. Juan Carlos I ha sido el responsable de la apertura a la democracia en España, ya que fue él quien renunció a los poderes que heredó del régimen anterior y además impulsó la reforma política. Y todo esto no puede ser colocado en segundo plano bajo la excusa de evitar polémicas. Lo bueno y lo malo forman parte de cualquier biografía pero un país con un poco de juicio no borra a sus protagonistas, sino que los reconoce.
Aceptar que hubo errores, no significa invalidar lo principal y es que Juan Carlos I promovió la democracia y sostuvo la Monarquía. Y esto en un aniversario como este, merece ser dicho con claridad.
Su hijo el Rey Felipe VI ha emprendido un camino propio y lo está basando en la ejemplaridad y la transparencia. Creo que es legítimo y necesario. Pero defender la Monarquía no se puede hacer queriendo borrar el pasado, ya que la Monarquía no se fortalece ocultando su origen, sino que se reconoce con sus aciertos y errores.
El Rey actual tiene el deber de poner en valor lo que su padre representó para España como ha sido el paso en paz hacia un sistema constitucional. Reconocerlo no debilita. Al contrario dignifica.
Otra cosa es la decisión de Sánchez de no asistir a los actos en el Congreso pues añade más ruido a un acto que lo que necesitaba era todo lo contrario, una unidad simbólica e institucional. Sánchez no tenía que aplaudir a la Monarquía, no está obligado a hacerlo, pero sí tenía la responsabilidad de representar al Estado. Lo que se necesita es presencia, no ausencia.
Cuando un jefe del Ejecutivo decide no acompañar al jefe del Estado en un acto tan importante, lo que hace es lanzar un mensaje de distanciamiento que debilita a España.
La Monarquía no es solo una forma de Estado y en nuestro caso concreto es un motor de estabilidad y de integración democrática.
Celebrar 50 años de Monarquía sin Juan Carlos I es celebrar la mitad de la historia. Fue Juan Carlos I quien la hizo democrática y quien la conectó con Europa y la modernidad.
Por eso, este aniversario queda incompleto. La historia solo se honra cuando se cuenta entera. Es decir que a la Monarquía solo se la defiende de verdad cuando se reconoce de dónde viene y quien la hizo posible.
