Si pensabas que en el centro de Madrid ya lo habías visto todo, quizá te sorprenda saber que la calle más instagrameable del momento no está ni en Gran Vía ni en Montera, sino que la respuesta a esa pregunta que te puedes hacer sobre cuál es el mejor escenario para esa nueva publicación de Instagram que quieres hacerse encuentra en un rincón mucho más discreto, escondido entre bares, edificios históricos y turistas que pasan sin prácticamente mirar: la calle de Álvarez Gato, uno de esos secretos que Madrid guarda tan bien que, cuando lo descubres, casi te preguntas cómo ha podido pasar tan desapercibido.
Lo curioso es que este pequeño callejón del Barrio de las Letras, pese a ser estrecho, algo oscuro y ruidoso, ya que forma parte de esa Madrid que nunca duerme, se ha convertido en un imán para los amantes de las fotos bonitas, del turismo literario y de quienes saben encontrar magia donde otros solo ven una pared vieja. Y precisamente ahí está el quid de la cuestión, y es que la calle de Álvarez Gato no solo es fotogénica, sino que es casi un resumen de la personalidad de Madrid en apenas unos metros.
La calle oculta que más representa la esencia madrileña
La calle de Álvarez Gato, conocida popularmente como el Callejón del Gato, debe (en parte) su fama a sus espejos cóncavos y convexos, los cuales inspiraron a Valle-Inclán para escribir algunos de los pasajes más conocidos de su gran obra Luces de Bohemia. Aunque si esperas encontrar el mismo paisaje que el autor, esto ya no es posible, pues los los espejos originales desaparecieron hace décadas y hoy hay otros más pequeños, aunque siguen atrayendo a quien pasa por allí.
Puede que ya no tenga las misma «fuerza simbólica», pero continuan generando curiosidad casi accidental y, si a eso le sumas los murales que se han añadido en los últimos años (como el famoso grafiti que simula una estantería llena de libros de Valle-Inclán) el resultado es un rincón perfecto para perder unos minutos y echarse una foto bien castiza para tu Instagram.
Además, Álvarez Gato está llena de detalles que hablan de la historia de Madrid sin necesidad de grandes explicaciones, y es que en su extremo, haciendo esquina con Núñez de Arce, se encuentra la fachada del antiguo tablao Villa Rosa, una joya cerámica de 1928 que todavía muestra escenas clásicas de la capital, una parada más que obligatoria para quienes paseen por estas calles.
Una calle literaria, castiza y llena de vida, muy al estilo del centro de Madrid
Lo más interesante de esta calle, y lo que explica por qué tanta gente la está visitando, es la mezcla tan típica de Madrid: historia, cultura, bares, bravas y anécdotas que suenan a leyenda urbana. Una de las historias más repetidas cuenta que aquí se atrapó a un gato montés para hacer unas botas que acabaron oliendo tan fuerte que atraían a todos los gatos del barrio y, si bien es un relato muy improbable, es tan divertido que solo podría haber nacido en una ciudad como Madrid.
Hoy, esta parte del centro es un pequeño hervidero donde los turistas se mezclan con grupos de amigos que entran y salen de los locales, entre los que destaca uno que ya es casi una institución: Las Bravas, conocida por sus patatas y por tener en su fachada los famosos espejos del callejón. Allí suele formarse un pequeño corrillo de gente esperando para hacerse la foto, porque si visitas Madrid y pasas por el Callejón del Gato sin posar delante de sus reflejos deformados, parece que te falta algo.
Y es que Álvarez Gato representa justo esa mezcla de caos, cultura y encanto que convierte a Madrid en un lugar irrepetible. No es la calle más elegante, ni la más amplia, ni la que te aparecería en una guía clásica, pero sí es el tipo de lugar que termina conquistando a quienes se dejan llevar por las calles del centro.
