Si tienes perro, y al llegar a casa lo saludas con toda la excitación posible, déjanos decirte que este gesto, que todos entendemos como tierno y de cariño, podría afectar a la salud física de tu mascota a largo, especialmente si estamos ante un animal que ya de por sí sea nervioso o que pertenece a esas razas que son propensas a sufrir problemas cardíacos.
Y sí, aunque cueste creerlo, existen casos reales en los que un perro ha llegado a sufrir un infarto debido al nivel extremo de excitación que se genera en esos primeros segundos en los que su dueño entra por la puerta, una mezcla que, entre tu alegría y la suya, termina elevando sus pulsaciones de una forma muy peligrosa, lo que ha llevado a varios adiestradores a pedir algo tan simple como que dejemos ese tipo de saludos para más adelante, cuando el perro ya esté tranquilo.
Por qué tu perro no gestiona la emoción igual que tú
Lo primero que debemos entender es que un perro vive el momento de tu llegada como un acontecimiento inmenso, y es que no exageramos al decir que eres su mundo entero. Es por ello que, mientras a nosotros nos basta con abrir la puerta, dejar las llaves y respirar hondo, nuestro perro puede pasar de estar relajado a un estado de excitación muy intenso en cuestión de segundos, algo que para ciertos animales puede ser peligroso.
Los adiestradores han explicado que nuestros perros no regulan sus emociones igual que los humanos, y es que su adrenalina sube rápido y tarda mucho más en bajar. Si a eso le sumas gritos, caricias exageradas o saltos como de alegría, lo que estás haciendo sin querer es disparar aún más su nivel de estrés, algo que podemos evitar si entramos con calma, evitamos el contacto directo en los primeros instantes y permitimos que el perro se acerque cuando su cuerpo ya se haya regulado.
Uno de los casos más impactantes lo vivió un adiestrador conocido, que contó cómo un bulldog francés vio dispararse su ritmo cardíaco hasta niveles peligrosos solo por el saludo de tal forma que el animal, que ya estaba nervioso esperando, pasó de 180 a 220 pulsaciones por minuto en cuestión de segundos, lo que terminó provocando un infarto.
No por ello decimos que se deba ignorar a nuestro perro, sino que los expertos recomiendan que, nada más entrar, te tomes un par de segundos para respirar y permitir que el animal huela, observe y se relaje y, cuando veas que ya no salta, no ladra o no gira sobre sí mismo sin parar, ese es el momento para acercarte con un saludo calmado, sin exagerar movimientos ni subir la voz.
Cómo educar (bien) a un perro y los errores más comunes
Aprovechando este tema, los especialistas insisten en que todo perro necesita una educación adaptada a su edad, su carácter y su nivel de energía. En el caso de los cachorros, por ejemplo, pueden empezar a entrenar desde los 4 meses, aunque es a partir de esa edad cuando realmente empiezan a retener órdenes básicas; mientras que desde los 10 meses, un perro ya es capaz de comprender instrucciones más complejas, pero siempre con paciencia, constancia y refuerzo positivo.
Los errores más habituales, según los profesionales, son asumir que el perro entiende todo a la primera, utilizar castigos o gritos y permitir conductas un día para prohibirlas al siguiente, algo que genera confusión. También recuerdan que un perro necesita normas claras y un entorno estable, no autoritarismo.
Al final, querer a un perro significa conocer cómo funciona su cuerpo y su mente y aprender a cuidar de él incluso cuando nuestras ganas de abrazarlo sean casi irrefrenables, ya que lo que tú interpretas como cariño, él lo puede vivir como una montaña de estímulos casi imposible de gestionar. Y si podemos evitar que un simple saludo comprometa su bienestar, merece la pena cambiar el hábito. Porque, al final, su salud es lo más importante.
