El estado de ánimo de algunas personas puede adivinarse en función de si dicen ver el vaso medio lleno o medio vacío. Con los mercados al aire libre de la ciudad medir el éxito de una jornada de ventas se complica un poco más porque, a juicio de los vendedores, no sirve con apreciar si hay ‘mogollón’ de personal circulando entre los puestos; hay que tener en cuenta el poder adquisitivo de los compradores, el envejecimiento de la población en los barrios de la ciudad donde se celebran estos mercadillos y hasta los accesos y sobre todo las plazas de aparcamiento disponibles en las proximidades.
Seis meses después de que el mercado al aire libre de los sábados fuera desplazado hasta el entorno de la Plaza de Toros con motivo de las obras de acondicionamiento de la avenida de la Constitución, este popular mercadillo ha recuperado su emplazamiento tradicional, entre José Zorrilla y la citada avenida, siendo muy bien recibido sobre todo por vecinos de los barrios del Cristo y Santa Eulalia e incluso de otros algo más alejados como el de la estación (Santa Teresa-Puente de Hierro), San José o Santo Tomás.
“Mucho mejor en esta zona, no hay comparación, porque aquí, además del mercadillo, hay de todo, hay muchas tiendas y aprovechas”, afirmaba una jubilada que arrastraba el carrito de la compra por la calle Coronel Rexach a eso de la una de la tarde.
Entre los vendedores hay división de opiones. “Hoy está animado, aunque con esto nunca se sabe porque hay ratos de mucha gente y al momento cambia y te has quedado sola”, comentaba Belén en un puesto de frutas y verduras. Antonio se mostraba de acuerdo en que el número de clientes en esta jornada sabatina estaba siendo superior a la de los sábados anteriores en la ubicación del nuevo barrio de Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia. Sin embargo, ambos coincidían también en que la tipología de compradores es diferente y si ayer se produjeron hasta encuentros emotivos con clientes “de toda la vida”, admitían que las compras de estos últimos son “más pequeñas” que las que pueden realizar algunos compradores en la zona de la Plaza de Toros, principalmente matrimonios jóvenes con hijos. El perfil sociológico del barrio marca la longitud de las cuentas por las compras realizadas y, en definitiva, el resultado económico de una jornada en el mercadillo. En estas ocasiones más puede ser menos o, como mucho, igual.
Otra de las vendedoras, Juana, en este caso de ropa y con más de cuarenta años en mercados ambulantes, se quejaba de lo mal que están las ventas y de que casi no compensa teniendo en cuenta los costes que supone.
Desde 2004 se ha producido un descenso del número de puestos, al pasar de cerca de un centenar en este mercadillo de los sábados a la treintena escasa de la actualidad.
Reordenación Tal y como habían anunciado los responsables municipales, con el regreso a la zona tradicional de los sábados se ha producido una reordenación del mercado, concentrándose los puestos en las calles de Alonso Sánchez Coello y General Gutiérrez Mellado y permitiendo la circulación rodada por la plaza del Carrasco y sus accesos. Aún así llama la atención que muchos espacios reservados para venta ambulante no han sido ocupados. Clemente, uno de los compradores, recordaba que algunos de los vendedores se han retirado “porque no pagaban o no cumplían los requisitos”. A simple vista, los negocios más concurridos siguen siendo los de alimentación: frutas y verduras, bollería y encurtidos, sobre todo.
Una de las ventajas de la reordenación es que a los vendedores les han permitido mantener sus vehículos junto a los puestos, como ya tenían en la Plaza de Toros. Por otro lado, algunos piden a la Policía Local “que abra la mano un poco con las multas durante el mercado”.
