Era una de las reuniones más esperadas después del éxito que el tándem formado por Mariano Rajoy y Mario Monti cosechó en la última reunión del Cosejo de Europa a finales de junio, y ayer, Madrid fue la última etapa del viaje que el primer ministro italiano realizó por Europa parar tratar de frenar la complicada situación que atraviesa el país que dirige. En la Moncloa le esperaba el presidente del Gobierno nacional para despachar sobre la situación de los dos Estados y confirmar que confían en hallar soluciones positivas para ambos.
Y uno de los aspectos en los que ambos coincidieron es que evitaron decir si acudirán o no al fondo de rescate comunitario con el objetivo de que el Banco Central Europeo (BCE) compre deuda soberana para aliviar la situación, cada vez más acuciante, de la economía. Asimismo, ambos se agarraron al compromiso de la institución con el euro al valorar la tibia intervención de su presidente, Mario Draghi, en Fráncfort.
Una intervención, la de Draghi, que desencadenó una nueva tormenta en los mercados, precipitando el hundimiento de la Bolsa española y disparando de nuevo la rentabilidad del bono español a 10 años y la prima de riesgo hasta los 594 puntos básicos.
«Encuentro aspectos muy positivos» en la intervención del dirigente del BCE, afirmó Rajoy tras una reunión de la que salió un nuevo apremio a los socios comunitarios para poner en marcha los acuerdos que adoptaron en el último Consejo Europeo.
«También nos comprometemos a acelerar en lo posible las iniciativas acordadas en favor del crecimiento y el empleo y en trabajar con nuestros socios y las instituciones europeas para poner en marcha la hoja de ruta para una mayor integración fiscal y financiera, que complete una verdadera Unión Económica y Monetaria», añadieron los dirigentes.
Sin poder de cambio
«Es reconfortante escuchar que el euro es irreversible, porque lo creemos tanto en Italia, como en España y en la mayor parte de la UE», indicó el popular, y también quiso destacar las palabras del jefe del BCE cuando se refirió a que el «castigo» que está sufriendo España en los mercados en los últimos tiempos «no es justo».
Madrid confiaba en que la entidad financiera internacional, entre sus medidas frente a la crisis de deuda europea, anunciara la compra de títulos soberanos en el mercado. Pero Draghi dejó claro que para que eso ocurra, el Gobierno tendrá que pedir esa ayuda, una especie de rescate encubierto, al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). Y toda petición de ayuda lleva aparejada una «condicionalidad estricta y efectiva», señaló el italiano en Fráncfort.
Rajoy se resistió siempre a cualquier tipo de rescate -más allá del de los bancos, que no tuvo el efecto deseado en los mercados- para evitar que caiga sobre España el estigma que sufren Irlanda, Portugal y Grecia y ayer evitó responder si se plantea o no cumplir con el camino abierto por el BCE.
Por su parte, Mario Monti, que venía de París y Helsinki en su búsqueda de mecanismos para rebajar el coste de la deuda italiana fue algo más específico. «Tendremos que estudiar si pedimos o no la ayuda». Y desveló que en su encuentro con Rajoy no abordaron ese tema.
