La presión que ejerce el magma en el subsuelo de la isla canaria de El Hierro no solo ha provocado que la isla haya temblando más de 8.600 veces desde mediados de julio, sino que, además, ha abombado su relieve 3,5 centímetros, según datos facilitados por el Instituto Geográfico Nacional (IGN).
Hasta ayer, El Hierro ha sufrido un total de 8.613 seísmos, de los cuales solo 36 han sido sentidos por la población. Su magnitud máxima hasta la fecha ha sido de 3,8 grados en la escala de Richter y su intensidad ha sido de cuatro, en una escala de uno a 10.
Según explicó la directora del Centro Geofísico del IGN en Canarias, María José Blanco, las estaciones de GPS que tienen monitorizada al momento la isla «han detectado que el terreno se ha abombado 35 milímetros, 12 de ellos en los últimos 10 días».
Esa deformación del relieve, imperceptible a la vista, se ha producido porque la zona Este de la isla se está desplazando al Noreste y el extremo Oeste se está moviendo había el Noroeste.
Los datos recogidos por las distintas estaciones científicas repartidas a lo largo de la más joven de los islotes canarios, en términos geológicos, indican que la actividad sísmica ha remitido en las últimas horas y es más baja que la que se produjo el martes pasado, cuando el incremento en la frecuencia e intensidad de los temblores obligó a desalojar varias viviendas situadas en zonas con riesgo de desprendimiento de rocas.
Además, el centro de los terremotos sigue a una profundidad importante, de unos 12 kilómetros, y no ha variado en las últimas jornadas. Los científicos controlan especialmente ese parámetro, porque si el epicentro de los temblores mostrara una tendencia a ser cada vez más superficial, podría estar anunciando una erupción próxima. Por ahora, esa situación no se contempla y el semáforo de riesgo volcánico sigue situado en amarillo, el nivel intermedio.
Además, ese foco sísmico continúa moviéndose hacia el Mar de las Calmas, en el sur de la isla, hacia donde parece haberse desplazado la presión del magma, por lo que de producirse una erupción, no se descarta que esta pudiera ser submarina.
