A la buena reputación de las carnes de Sacramenia ha ayudado la excelente promoción que sus habitantes han hecho de ellas. Los importantes tratos comerciales o las distendias reuniones de amigos siempre han ido acompañados de una merienda a base de chuletas de cordero de la zona.
Para facilitr estos encuentros gastronómicos también han resultado indispensables las bodegas horadadas en las laderas del pueblo. Tras la reconversión del mundo del vino muchas se abandonaron y otras se convirtieron en útiles merenderos.
Uno de los más afamados en la zona es el de Faustino Lázaro González. Él ha generalizado un sistema de parrilla que facilita el cocinado a la brasa. Basándose en una idea que le traspasó un amigo de Fuentesoto, Faustino la ha materializado para su merendero. “Con ella se puede da la vuelta a las chuletas de una vez, sin esfuerzo y evitando manchas”, asegura. La doble parrilla ya estaba inventada, pero este antiguo mecánico, carpintero y agricultor convertido en artesano jubilado, añadió un dispositivo que facilita el manejo. Además ha colocado una bandeja y un carro para recoger las molestas gotas de grasa que siempre se desprenden. Quien acude por primera vez a su cocina enseguida le pregunta por la forma de conseguir una ‘parrilla-fácil’.
Alrededor de este útil invento se arremolinan numerosos objetos, casi todos artesanales, que convierten al merendero es un completo museo etnográfico. La joya de la corona la constituye un carro de llantas: una pieza con una gran carga sentimental, pues fue uno de los últimos que fabricó artesanalmente Faustino con su padre Miguel Lázaro. Para conseguirle tuvo que recorrer muchos kilómetros, y además pagar 15 veces más la cantidad por la que le había vendido nuevo.
Toda la familia de Faustino vivió de la fabricación de carros y arados agrícolas hasta que la mecanización del campo segó esta actividad artesanal. De ella solo quedan muestras en merenderos como el de Faustino Lázaro.
