Antonio Romero, representante de ‘La Unión Resinera Española S.A.’ —la empresa líder del sector—, insistió ayer en que “la resina tiene futuro”
“En el mercado hay carencia de materia prima, y como ello coincide con una mayor demanda, a medio-largo plazo se producirá una subida del precio, lo que convertirá en rentables las explotaciones nacionales”, afirmó.
Aunque los resineros desean que tales pronósticos se cumplan, todavía parecen lejanos. El motivo no es otro que el coste de producción, muy superior en España al de países como China, Indonesia o Brasil. “No podemos competir con ellos en precio”, lamenta Romero. No obstante, hay visos de que la situación cambie a no mucho tardar, ya que esos tres países, grandes productores de resina, se han convertido en los últimos años en grandes consumidores. “La materia prima que van a tener disponible para la exportación va a ser cada vez menor; posiblemente tengan que empezar a importar para satisfacer sus necesidades ”, cree el representante de ‘La Unión Resinera Española’.
Si tal sucesión de hechos se produce, “España estaría abocada a utilizar los recursos forestales que tiene pero que, desgraciadamente, no está utilizando”.
El ejemplo de su empresa es paradigmático de lo que ocurre en España. ‘La Unión Resinera Española’ transforma cada año cerca de 14.000 toneladas de resina. Adquiere la inmensa mayoría de la producción nacional —estimada en unas 2.000 toneladas— y acude al mercado internacional a por el resto. “Es un paradoja que teniendo los pinares a 200 metros de la tapia de nuestra fábrica, tengamos que depender de otros países”, manifestaba Romero.
Aunque equiparar el precio de la mano de obra entre los principales productores y España es un asunto “de difícil solución a corto plazo”, Romero sí cree que las administraciones públicas tienen un papel que hacer, el de intervenir “para no dejar morir el sector”. A su juicio, “hace falta que den un impulso a la resina”, en referencia a algún tipo de ayuda económica, ya que el sector vive un situación crítica, puesto que los viejos resineros se jubilan y no hay jóvenes que tomen su relevo. “Hace falta voluntad política para dar ese primer impulso; luego la actividad podría mantenerse por sí sola”, concluye Romero.