Es uno de esos médicos locos que hace más de 30 años giró la vista a un lado para centrar su atención en los enfermos moribundos y en sus familias. Desde entonces va por medio mundo reivindicando la mejor atención médica para los enfermos en fase terminal, una atención que palie el dolor y que, en su opinión no debe responder a las tentaciones de marcar los tiempos a la muerte, alargando de forma artificial la vida de un paciente o anticipando su fin. Marcos Gómez vuelve a agitar conciencias declarando una vez más y siempre con argumentos firmes y renovados, que “la sociedad debería avergonzarse de que un ciudadano pida que le matemos” y asegurando que la mejor forma de luchar contra la eutanasia es la buena aplicación de cuidados paliativos.
Marcos Gómez siempre encuentra un hueco para regresar a su tierra y si así se lo piden mostrar sus conocimientos en Cuidados Paliativos. Hace una semana intervino en una jornada celebrada en el Hospital General donde habló de ciencia y sentimientos y demostró que se puede ser buen médico sin curar. Marcos Gómez ha dado un paso más y ya no solo recuerda a los profesionales sanitarios sus deberes con los enfermos que agonizan también les pide atención para los familiares que pierden a un ser querido.
¿Qué relevancia sanitaria tiene atender a los familiares de un enfermo terminal?
Hoy a través de la psiconeuroinmunología tenemos investigaciones que demuestran que las personas que han perdido a un ser querido son muy vulnerables, al menos durante el primer año, y los profesionales de la salud tenemos que tener en cuenta que son personas en riesgo de enfermar o de morir. Uno de los motivos por los que los familiares tienen mayor dificultad de elaborar el duelo es el sentimiento de culpa y la sensación de no haber hecho todo lo que querían haber hecho por su ser querido. Los profesionales de la salud podemos inducirlos a cuidarlos, a darles la medicina, a estar con ellos… También les ayuda ver que el paciente fallece sin dolor intenso, sin sufrir. Los médicos tenemos que saber que cuando aplicamos una inyección de morfina ayudamos al enfermo porque le quitamos el dolor y a la familia a que elabore el duelo.
¿Qué indicadores tienen sobre la vulnerabilidad de las personas que ven morir a un familiar tras una enfermedad?
Estamos haciendo una investigación en viudos y viudas, y ya tenemos datos que muestran que son personas que acuden más a los centros de salud, consumen más recursos sanitarios, vamos, que enferman más. Todo el mundo conoce algún caso de una señora que se muere pocos meses después que su marido, y decimos que es una casualidad, y además al cabo de un año se muere su hijo con el coche, y volvemos a decir que es una fatalidad. Hoy hay datos que apuntan a que no son causalidades, sino que estas personas forman parte de grupos muy vulnerables que tienen una disminución del sistema inmunológico y que son más propensos a enfermar y a morir.
Hablaba de la morfina ¿por qué sigue escandalizando su uso?
Tiene mala prensa porque a principios del siglo XX, sobre todo en EEUU, se empezó a hacer una batalla sin cuartel sobre todos los productos susceptibles de abuso. Ha costado mucho desmontar la leyenda negra que cayó sobre la morfina. Hay que tener en cuenta que en 1994 conseguimos cambiar la ley sobre prescripción de la morfina que trataba al enfermo como un delincuente al que previamente había que fichar y hacer un carné especial, y penalizaba al médico que tenía que comprar un talonario de recetas con diez hojas. Recientemente, una de las doce propuestas que hizo la Organización Médica Colegial (OMC) al borrador del proyecto de ley del Gobierno de lo que llamaban muerte digna fue suprimir definitivamente la actual legislación sobre prescripción de morfina, porque esa receta especial sigue siendo un obstáculo por el que muchos pacientes mueren sin alivio de su dolor. Otra de las propuestas fue la de cambiar el nombre de la ley porque tenía similitud con el nombre de sociedades que promueven la eutanasia y llevaba a la confusión a los ciudadanos. En esto nos hicieron caso y pasó a llamarse proyecto de ley de la adecuada atención de los enfermos al final de la vida.
¿Hay que avergonzarse por aplicar morfina?
Hay que estar muy orgulloso. Es un medicamento muy fácil de utilizar y muy seguro. Hay que quitar los mitos y leyendas que hay en torno a ella y aprender a utilizarla con la generosidad que necesiten los enfermos al final de la vida para tener un final apacible, sereno y digno. Es muy difícil acabar con la vida de un paciente por medio de la morfina, hay otros medicamentos mucho más peligrosos.
¿Qué otros tabúes frenan los cuidados paliativos?
La medicina tan maravillosa que tenemos actualmente provoca una fascinación por la tecnología que ha generado en los médicos un delirio de omnipotencia ajeno a la realidad. Se nos olvida que cuando curamos a un enfermo es de manera provisional porque la mortalidad del ser humano es del cien por cien y antes o después todos morirán a pesar de nuestra maravillosa medicina. Muchos médicos interpretan la muerte como un fracaso profesional. La muerte de un enfermo es una bofetada al narcisismo médico, y con excesiva frecuencia los médicos no nos ocupamos de los moribundos con la diligencia que nos exige nuestra deontología y nuestra vocación.
