últimos días Madrid y los miles de peregrinos que se han congregado en la capital para secundar la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) tuvieron que sufrir los sofocos del verano, eso sí, en un ambiente festivo protagonizado por la alegría y el sentimiento de convivencia. Tal vez haya sido la voluntad divina la que, ante tamaño agobio, decidiera refrescar ayer el ambiente con una inesperada tormenta sobre el aeródromo de Cuatro Vientos que paralizó la celebración de la Vigilia de la oración y que fue el sustituto natural de los manguerazos con los que los Bomberos refrescaron en varias ocasiones el ambiente.
Así las cosas, el Papa se vio obligado a interrumpir su discurso durante el acto en el que denunció el relativismo que desprecia la búsqueda de la verdad y en el que exhortó a los muchachos a no tener miedo ni al mundo, ni al futuro ni a sus debilidades. «Nuestra fuerza es mayor que la lluvia», aseguró Benedicto XVI ante los asistentes cuando la tempestad empezó a amainar. El fuerte aguacero arrancó tras la lectura del Evangelio y obligó al Santo Padre a interrumpir su discurso durante más de 20 minutos, mientras los jóvenes coreaban: «Esta es la juventud del Papa».
«Cuánto llueve, esperemos a que pare un poco», comentó el Pontífice en italiano ante los asistentes. Pero la lluvia tampoco apagó el buen animo de los organizadores, ya que el director ejecutivo de la JMJ, Yago de la Cierva, junto con otra de las coordinadoras, Erika Rivera, también se dirigió a los jóvenes y bromeó ante ellos recordando que «se habían quejado de que había poca agua. Pues aquí la tenéis», apostillaron.
De hecho, cuando la situación se fue calmando, el Papa les dio las «gracias por su alegría y resistencia. El Señor, con la lluvia, nos ha mandado muchas bendiciones, sois un ejemplo», subrayó. Antes de la interrupción, el Pontífice agradeció la sinceridad de los jóvenes que le realizaron preguntas en diferentes idiomas sobre temas relacionados con la fe, el matrimonio, la fidelidad, la firmeza en la fe, la universalidad de Cristo, el sufrimiento o sobre cómo iniciarse en la vida cristiana. Cubierto por un paraguas blanco y luchando contra el fuerte viento que se desató en la zona y que hizo volar algunas sillas por los aires, hiló una respuesta tras otra. «¿Cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual?», volvió a cuestionar él mismo. Y dio, entre vítores de la gente, por respuesta el evangelio: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor», punto en el que detuvo su alocución por el aguacero.
aspiraciones. El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, explicó cuando regresó la calma que daba por leído todo el texto. Poco antes, Ratzinger había afirmado que la fe no se opone a los ideales más altos, «al contrario, los exalta y perfecciona», e invitó a los jóvenes a no conformarse «con menos que la verdad y el amor, no os conforméis con menos que Cristo».
«Precisamente, ahora en que la cultura relativista dominante renuncia y desprecia la búsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu humano, debemos proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo como salvador de todos los hombres y fuente de esperanza por nuestra vida», aseveró.
