El mercado de deuda se intranquilizó ayer con España y obligó al Tesoro, en la primera emisión tras la victoria del PP en las elecciones del domingo, a pagar de nuevo más del 5% por una emisión de letras, por encima de lo abonado en los últimas semanas por países rescatados como Portugal o Grecia.
La presión sobre Madrid obedeció, según los analistas, a la urgencia de que el nuevo Gobierno concrete cuanto antes las medidas que va a aplicar y también a la vaguedad de la respuesta de las instituciones europeas para hacer frente a la crisis de la deuda soberana de la zona del euro.
En opinión del banco británico HSBC, la nación no puede hacer frente por si sola a la crisis de la zona del euro, que exige una solución global y la imprescindible intervención del Banco Central Europeo (BCE).
La agencia de medición de riesgos Fitch, por su parte, recomendó al nuevo Ejecutivo que ponga en marcha ya un ambicioso plan de reformas fiscales y estructurales, antes de que el impacto de la crisis de la deuda soberana en el país sea todavía bastante mayor.
En términos parecidos se mostró la calificadora Standar & Poo’rs, que exigió «una reforma estructural radical» para sorprender positivamente a los inversores.
Hay otros elementos intrínsecos de España, como apuntó el responsable de la mesa de deuda de Ahorro Corporación, Javier Ferrer, que señaló la desconfianza que genera el sistema financiero patrio, agravada por la intervención del Banco de Valencia.
El informe publicado ayer por Fitch advierte también del peligro de que se disparen los costes de la recapitalización de la banca.
Es preciso, insistió Ferrer, que alguien deje claro la situación concreta del sector financiero del país y tome decisiones rápidas en cuanto a los tiempos.
El estratega de Citi, José Luis Martínez Campuzano, por su parte, restó importancia a la demanda que encontró la subasta en el mercado, al tiempo que recordó que el objetivo de colocación era ya de entrada más bajo que en otras ocasiones, entre 2.000 y 3.000 millones de euros, de los que finalmente se vendieron 2.978.
La demanda de las entidades rozó los 10.500 millones, con lo que el ratio de cobertura -proporción entre la demanda y el importe adjudicado- fue de 3,5 veces.
En opinión de Campuzano, «el problema ha dejado de ser la demanda, que ha estado ajustada a la baja con respecto a otras subastas».
El tema ahora, aclaró, no es el riesgo país, sino que se puede hablar «ya abiertamente de una restricción financiera al sector privado difícil de superar, a no ser mediante una intervención en las Bolsas para cortar la especulación y facilitar liquidez».
El mercado, concluye el analista, ya no funciona, pues no asigna precios racionales.
De los 2.978 millones de euros colocados, 2.012,22 correspondieron a letras a tres meses que se adjudicaron con un interés marginal del 5,22%, el más alto desde 1993 -no hubo letras a este plazo entre los años 1994 y 2002-, que duplica el aplicado en octubre (2,35%).
Los 965,18 vendidos en letras a seis meses lo hicieron al 5,33%, el interés más elevado para este plazo desde 1997 y casi el 60% más caras que en octubre, cuando alcanzaron el 3,35%.
Para el jefe del Departamento de Investigación del IEB, Lorenzo Dávila, estos intereses son «preocupantes» y a la larga podría hacer «inviable» el pago de la deuda.
En la subasta de letras celebrada el pasado 15 de noviembre España adjudicó, por primera vez desde 1997, letras a 12 y 18 meses con un interés superior al 5%.
Esa misma semana ya se vio obligado a subir el beneficio de sus obligaciones a 10 años por encima del 7%, algo que no ocurría desde 1997, lo que provocaba un repunte de la prima de riesgo país y la decisión de mantener como referencia para su cálculo el bono a 10 años antiguo, en lugar de sustituirlo por la nueva denominación.
El riesgo de Italia estuvo por encima del de España desde mediados de agosto, cuando los mercados comenzaron a desconfiar de la capacidad del entonces Gobierno de Silvio Berlusconi para afrontar las reformas necesarias.
Por otra parte, y como nota positiva, el presidente del Bundesbank y miembro del Consejo de Gobierno del BCE, Jens Weidmann, expresó su confianza en que Madrid y Roma serán capaces de superar las dificultades que atraviesan sin la necesidad de recibir ayuda externa y confió en que sus respectivos nuevos Gabinetes aplicarán las medidas requeridas para ello.
Asimismo, Weidmann expresó su rechazo a las presiones para que el instituto emisor europeo se convierta en prestamista de último recurso de los Estados como otros bancos centrales.
«Existen razones de peso, entre otras, porque supondría forzar el límite su mandato y pondría en duda su independencia», apuntó.