El Real Madrid se impuso ayer al Barcelona (2-1) en el Santiago Bernabéu, algo que no ocurría desde 2008, en la vigésimo sexta jornada de la Liga, por lo que arrollaron por segunda vez en una semana a los de Roura, que pueden perder ventaja en su solitaria posición de líderes, mientras que los ‘merengues’ visitarán en plena euforia Old Trafford para medirse al United por un puesto en los cuartos de final de la Champions.
Sergio Ramos decidió a siete minutos del final con un cabezazo que no solo le sirvió al cuadro local para sumar tres puntos, sino para ganar una tremenda moral para el envite del martes.
Todo lo contrario que el Barcelona, que solo se pudo agarrar a un posible penalti no pitado sobre Adriano en el tiempo de descuento para justificar la derrota.
El encuentro mostró el dispar momento que viven actualmente ambos equipos: el Real Madrid está lanzado, mientras que el eterno rival vive angustiado, como si hubiera perdido la fe en todo aquello que le hizo grande.
Y eso que la escuadra ‘merengue’ ofreció en el Santiago Bernabéu una alineación con siete suplentes. Respecto al equipo que ganó hace unos días en el Camp Nou, solo se mantuvieron Diego López, Raphael Varane, Sergio Ramos y Fabio Coentrao. Y no estuvo Cristiano Ronaldo de inicio.
A cambio, el cuadro azulgrana distribuyó a casi toda su artillería sobre el césped, con Thiago Alcántara en lugar del lesionado Xavi Hernández, más David Villa en la delantera junto a Messi y Pedro. Y si su alineación se pareció a la del martes, su juego también.
La primera parte fue indigna de un clásico, con un Real Madrid que no quiso y un Barcelona que no pudo. Se registraron más goles que fútbol y tampoco la grada vibró. En los primeros 45 minutos parecía claro que era un partido que ninguno quería.
Con todo, el bloque local aparentó estar más cómodo que su oponente. Empleó la táctica que tanto rédito le ha dado en los últimos encuentros frente a los catalanes: defendiendo muy juntos, en unos pocos metros, e intentando salir rápido al contragolpe. Lo que sucede es que esta estrategia no es tan ventajosa en ataque si no se cuenta con Cristiano Ronaldo. Él solo arma toda una delantera.
Aun así, fue el Real Madrid el primero en morder. Ocurrió a los seis minutos, en una jugada que desnudó las grandes carencias defensivas que tiene el rival. El bisoño Álvaro Morata arrancó en la izquierda, Dani Alves no tapó, Javier Mascherano se comió el centro y Benzema marcó a placer.
Desconcertado
El Barcelona pareció desconcertado durante unos cuantos minutos, mostrando ese fútbol inane de las últimas semanas: mucha posesión para nada. Falto de profundidad, el equipo de Roura se encomendó a Messi, que esta vez sí apareció.
Fue a los 18 minutos, con un balón filtrado entre la distraída defensa blanca que el argentino aprovechó como solo él sabe hacer. Marcó con un disparo vertiginoso de zurda que sorprendió a Diego López, mal situado.
Y no hubo mucho más en una primera parte hipotensa, algo que por otra parte muchos esperaban. La incógnita era ver si los dos equipos se conformaban. La respuesta se obtendría en la segunda parte.
Mourinho fue el primero en mover pieza: a los 57 minutos sacó a Cristiano e, inmediatamente, comenzaron a ocurrir cosas en el área del Barcelona. Bastó la entrada del portugués para que el Real Madrid comenzara a ofrecer mejores sensaciones que su rival.
El conjunto visitante prosiguió con su movimiento cansino de balón, falto de profundidad y sin apenas subidas de sus laterales. Como el pasado martes, los defensas locales vivieron tranquilos.
El Real Madrid avisó a los 75 minutos y Víctor Valdés sacó prodigiosamente un remate de Morata. Y, tres minutos después, llegó la sentencia. Fue en un saque de esquina, tan mal defendido por el Barcelona como acostumbra, cuando Ramos se elevó y marcó.
Poco después, CR7 mandó una falta al palo en pleno delirio de la grada, que añadió motivos para creer en la victoria en Old Trafford. Todo lo contrario que el Barcelona, que necesita doblar sus sesiones de diván.
El equipo azulgrana protestó una jugada final en la que Adriano cayó en el área. Acabó desquiciado y Valdés fue expulsado por llamar «sinvergüenza» al árbitro. El Barça acabó preso de un ataque de nervios, con 13 puntos sobre un Real Madrid eufórico.
