Cuando un equipo alcanza las tres cuartas parte de una temporada en la situación en la que se encontraba el CD La Granja, hundido en la clasificación, con un entrenador abandonando el barco fruto de la “falta de ilusión”, y con los efectivos justos, la plantilla tiene dos opciones: O dejarse llevar esperando que se acabe el calvario, o echarle co… raje (aunque la palabra acabe en … jones) y buscar entre todos pelear hasta el final, como debe ser.
El CD La Granja, con David Samaniego en el banquillo, ha apostado por la segunda vía, y resulta digno de aplauso ver cómo un equipo desahuciado hace cuatro tardes se rebela contra su destino, y pone todo lo que hay que poner sobre un campo de fútbol para conseguir sus objetivos.
El técnico volvió a poner en juego un sistema ofensivo, arriesgando con David Martín y Javi Marcos acompañando a Pluma, porque ninguno de los dos jugadores está acostumbrado a caer a las bandas; con dos laterales mucho más ofensivos que defensivos como Yersith y David Arranz; dos centrocampistas, el imprescindible Guille más el liberado (en todos los sentidos) Chiqui, y machacándose en la ofensiva con Jero, Iván y Adrián. Podrá salir bien, como ayer, o mal como en Burgos en la jornada anterior, pero al menos el equipo quiere morir con las botas puestas, y frente a un Mirandés que no ponía más en juego que sus ganas de agradar, (que no fueron demasiadas, la verdad), el CD La Granja se hizo acreedor a los tres puntos.
Aunque los sistemas pueden lanzar mensajes a los jugadores, otra cosa bien distinta es que el juego sea mejor cuantos más futbolistas ofensivos pongas. En este caso, el partido fue mucho más de pelea que de toque. Comenzó el conjunto local apostando fuerte con un lanzamiento de David Arranz desde la frontal al que Sergio respondió con una gran intervención, pero no tardó el rival en mostrar sus armas poderosas en el juego aéreo, con un remate de Jon Vega que detuvo Yiyo, más otro después de un barullo dentro del área que Iván sacó de la raya.
Ambas acciones se produjeron tras sendos saques de esquina, por lo que el aviso para el CD La Granja estaba más que claro, y los locales dieron un paso hacia delante tratando de no pasar demasiados problemas atrás, algo que consiguieron, puesto que salvando un par de amagos por parte rojilla, el balón rondó bastante más el área mirandesista, que el granjeño.
Los locales no tienen juego para dominar de manera constante a su oponente, pero sí para, en sucesivas oleadas, crear dos o tres ocasiones prácticamente seguidas. Así, en la primera parte Iván y Guille dispusieron de sendas opciones para haber colocado el 1-0, pero la defensa y el portero del Mirandés B estuvieron a la altura de lo que se esperaba, al menos en la primera parte.
Sin embargo, tras los quince minutos de descanso algo cambió en el filial del equipo de Segunda División, que no saltó al mojado campo de El Hospital con la misma actitud con la que lo hizo en la primera mitad, todo lo contrario que los de casa, que redoblaron sus esfuerzos en busca de un gol que les pusiera en franquicia en el marcador. Y el tanto llegó a poco de reiniciarse el partido, cuando Andrés cometió el penalti menos protestado del mundo al derribar a Adrián dentro del área, y le dio la oportunidad a Guille para colocar el balón desde los once metros a la escuadra derecha de la portería de Sergio. Poco antes, los visitantes habían reclamado penalti por una acción similar de Pluma sobre Asier, pero lo que en un área pareció un tropezón, en la otra tuvo toda la pinta de pena máxima.
El gol tuvo en el Mirandés B el efecto gaseosa, ya que el conjunto rojillo se espoleó durante algunos (pocos) minutos, obligando a Yiyo a despejar un envío envenenado de Felipe. Pero en cuanto los visitantes vieron que no se podía empatar de manera inmediata, volvieron a bajar en su intensidad, hasta el punto que desde el banquillo se les reclamó insistentemente que volvieran a meterse en el juego.
Adri tuvo el 2-0 en sus botas tras culminar la mejor acción ofensiva de los locales en todo el encuentro, pero su remate cruzado se encontró con la manopla salvadora de Sergio, empeñado en que su equipo siguiera dentro del partido. Poco después, Iván Yubero cayó en el área burgalesa en una jugada que pareció lo que el árbitro no pitó.
Esa acción fue la última de mérito en lo que a peligro real sobre la meta mirandesista se refiere, porque al CD La Granja empezó a entrarle el vértigo propio de un equipo que se ve en condiciones de ganar un partido importante, y los locales comenzaron a tener dudas, porque desde el banquillo se les reclamaba continuar presionando con las líneas adelantadas, pero el miedo hacía recular a los de atrás, lo que creaba espacios que estuvieron a punto de ser aprovechados por los visitantes, que en el último cuarto de hora pusieron en un brete a los de casa con varias ocasiones claras.
La primera oportunidad para empatar el partido la tiraron por la borda entre Eric y Alberto, que a la hora de rematar un perfecto envío al corazón del área no se entendieron, llegando el balón manso a las manos de Yiyo, que posteriormente rechazó en el palo corto un disparo de Felipe, y más tarde desvió con la vista el perfecto lanzamiento de Eric, que se estrelló con el larguero. En esta ocasión la suerte le sonrió al CD La Granja, que demostró en el campo lo que lleva anunciando desde el principio: Que por mucho que llueva en el Real Sitio, el equipo no va a dejar de pelear.
