“Ya que éste es el final, hagamos que sea esplendoroso”. Algo parecido debieron de pensar los once jugadores del Club Deportivo La Granja, los únicos disponibles para David Samaniego pese a que Víctor Pérez estaba incluido en el acta, y que dejaron la bandera del club si una sola mancha, después de doblegar al Cristo Atlético sin hacer un partido esplendoroso, pero sí siendo fieles a lo que nunca quisieron dejar de ser, un equipo unido y con ganas de dejarse la piel en cada partido.
Así, los granjeños consiguieron que un partido que comenzó con un silencio helador, por más que la temperatura ambiental señalara lo contrario, terminara entre los aplausos de los aficionados que entendieron y apreciaron el esfuerzo desarrollado sobre el campo. Y eso que la cosa no comenzó nada bien para los locales, porque con el lógico disgusto por el descenso, a alguno de los jugadores les costó un horror entrar en el partido. Fue el caso de Javi Marcos, que realizó un primer tiempo para enmarcar, con errores claros como el que supuso el penalti del 0-1, pero que se rehízo tras el descanso, siendo junto a Adrián el mejor del equipo en los segundos 45 minutos.
El Cristo Atlético quiso sacar tajada del bajón moral del equipo de casa, pero tras marcar el 0-1, y viendo cómo tanto Colino como Aitor sembraban el pánico en la zaga granjeña cada vez que les llegaba el balón, dejó de correr, esperando que los de casa fueran poco a poco entregando la cuchara.
Sin embargo, el equipo palentino no contaba con la capacidad de recuperación del CD La Granja, que a base de recibir bofetones se ha acostumbrado a levantarse de la lona, limpiarse la sangre del labio, y continuar peleando. Así, Jero avisó de las intenciones segovianas después de que Adrián peleara por un balón que pareció perdido cien veces, y poco después el mismo Adrián cabeceó fuera un buen servicio desde la banda izquierda. Ese fue el preludio del gol del empate, conseguido por Iván después de que Chiqui soltara un latigazo desde la frontal que el portero visitante no logró desviar por encima del larguero, dejando la pelota muerta a un metro de la portería vacía para que el más listo en el campo la empujase dentro.
Lo cierto fue que durante el primer tiempo, en el CD La Granja se notó mucho quién estaba dentro del partido, y quién seguía rumiando su disgusto. Colino aprovechó un mal despeje de Javi Marcos para fusilar a Yiyo poco antes del descanso, poniendo el 1-2.
Sin embargo, el paso por los vestuarios hizo mejorar al conjunto del Real Sitio. Samaniego consiguió que todos los jugadores apostaran por el final esplendoroso antes mencionado, y Adrián abarató el precio de la entrada tras enganchar un lanzamiento con su pierna izquierda que se convirtió en el 2-2 después de entrar por la escuadra derecha de un sorprendidísimo Tito.
Fruto del calor, y del esfuerzo realizado, el encuentro entró en una dinámica de ida y vuelta en la que tan pronto Yiyo tenía que lucirse a remates de Colino, y ver cómo Javi Marcos y David Arranz sacaban un bar de balones de la raya de gol, como en el otro área Adrián plantarse solo ante Colino, y hacer lo más difícil, que era echarle el balón a las manos.
Ya en la recta final, con los dos equipos sin querer pasar el balón por el centro del campo, y siendo verticales hasta el exceso, , Santi Marina se atreve a pisar la medular, y ve el enésimo desmarque de Adrián, al que envía un pase milimétrico, que el jugador granjeño aprovecha para lanzar una vaselina perfecta que se convierte en el 3-2. Que el bigoleador local estuviese o no en fuera de juego importa tan poco como el resultado final, porque lo que contaba en este encuentro era que el CD La Granja acabara una liga desastrosa con su orgullo intacto, y eso se consiguió de largo.