Ayer sábado 2 de junio tuve el honor de participar en Bernuy de Porreros en el I Encuentro de Danzantes. Allí se dieron cita distintas generaciones mostrando por tanto el valor patrimonial de las danzas de palos. Y es que las danzas de palos pertenecen a ese rico patrimonio cultural inmaterial que ha seguido manteniendo vivo la provincia de Segovia siglo tras siglo.
Según la UNESCO el patrimonio cultural no se limita a monumentos y colecciones de objetos, sino que comprende también tradiciones o expresiones vivas heredadas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes, como tradiciones orales, usos sociales, rituales, actos festivos, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, y saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional. Por tanto, la importancia de las danzas de palos como patrimonio cultural inmaterial, no estriba en la manifestación cultural en sí, sino en el acervo de conocimientos y técnicas que se transmiten de generación en generación.
Las danzas de palos como patrimonio cultural inmaterial son tradicionales, contemporáneas y vivientes a un mismo tiempo es decir, mantienen características transmitidas generación tras generación pero también recogen las incorporaciones propias de cada momento, como la aceptación de nuevas melodías o los cambios en la indumentaria del danzante. Son integradoras ya que comparten expresiones que son parecidas a las de otros, como sucede en la provincia de Segovia en la zona de la capital, compartiendo Bernuy melodías como Las Palomas con La Lastrilla o Tabanera del Monte. Se han transmitido de generación en generación, han evolucionado (en manos del pueblo y no de agentes exógenos) en respuesta a su entorno, y por tanto contribuyen a infundir un sentimiento de identidad y continuidad, creando un vínculo entre el pasado y el futuro a través del presente, tal y como vivimos el sábado en Bernuy. Además, contribuyen a la cohesión social fomentando un sentimiento de identidad y responsabilidad que ayuda a los individuos a sentirse miembros de una o varias comunidades y de la sociedad en general. Son representativas ya que no se valoran simplemente como un bien cultural, a título comparativo, por su exclusividad o valor excepcional, sino que florece en las comunidades y depende de aquéllos cuyos conocimientos de las tradiciones, técnicas y costumbres se transmiten al resto de la comunidad, de generación en generación, o a otras comunidades. Están basadas en la comunidad y como patrimonio cultural inmaterial sólo puede serlo si es reconocido como tal por las comunidades, grupos o individuos que lo crean, mantienen y transmiten. Sin este reconocimiento, nadie puede decidir por ellos que una expresión o un uso determinado forma parte de su patrimonio.
Las danzas rituales han adornado las procesiones de la provincia desde hace 500 años. Sabemos que formaban parte de la espectacularización de las procesiones propias del Barroco con gran esplendor en indumentaria e instrumentos, vaquillas, osos (tripudos), danzas habladas, fuentes de vino, arcos vegetales, tomillos, cohetes, danzas de zancos, danzas de negritos, danzas de gitanos, danzas de pastores, soldadescas…y es que muchos de los elementos que aún quedan en la provincia, esos tripudos de Arcones llamados osos en Santo Tomé del Puerto, remudaos en Orejana, Torre Val o Santiuste de Pedraza, y mascaritas en Tabanera del Monte, formaron parte del adorno de las procesiones y se han mantenido vivos generación tras generación durante 500 años.
Y al igual que se incorporaron como elementos imprescindibles, en el siglo XVIII, la filosofía de los Ilustrados y el Siglo de la Razón, fueron eliminando a base de prohibiciones muchos de estos elementos. Pero Segovia se mantuvo firme y siguió el adorno de sus procesiones con danzas rituales y otros elementos, tal y como hemos podido documentar en los libros de cofradías de casi 30 localidades, aunque otros de los elementos se fueron perdiendo.
Actualmente en la provincia de Segovia tenemos más de 30 localidades que mantienen las danzas de palos (y otras como La Cruz, El Caracol o El Arco) dentro de un contexto ritual. Ese mapa de danzas de palos lo hemos dividido según las características de las danzas en 3 zonas: la sierra, el llano, y el entorno de la capital donde se sitúa Bernuy junto con Tabanera del Monte, Basardilla, Revenga y La Lastrilla.
Cada zona tiene su propia idiosincrasia en el choque de los palos, los lazos y calles, el repertorio, la imagen a la que honran, o la indumentaria del danzante, y esas características se han ido forjando de generación en generación conformando un “acento propio”, tal y como vivimos en Bernuy, no debiéndose mezclar con recreaciones propias de agentes exógenos a la tradición.
En Bernuy, las danzas de palos son un ejemplo de danza ritual que se han transmitido de generación en generación por y para honrar a San Antonio. Y es que San Antonio es una imagen muy venerada en la provincia (Palazuelos de Eresma, Navas de Oro, Arroyo de Cuéllar, o San Cristóbal entre otros muchos) pero adornada con danzas de palos solo en Bernuy y en La Matilla (recuperadas recientemente) aunque anteriormente también en honraron a San Antonio con danzas en Sauquillo de Cabezas, que movió la danza hasta que las trasladaron a la festividad de San Pedro.

En Bernuy siguen paloteando 8 hombres. Realmente las danzas de palos fueron siempre masculinas, pero otras danzas rituales no, ya que durante 500 años hemos demostrado la presencia de la mujer en la danza. Actualmente solo Bernuy, Fuentepelayo y Tabanera del Monte siguen manteniendo la exclusividad de las figuras masculinas en la danza de palos. A los danzantes, en algunas localidades como Bernuy, les acompaña la figura de la zorra. Durante siglos, esta figura, el zarragón, aparece documentada en la provincia con una indumentaria característica como la recogida en el ejemplo de Prádena a base de retazos. Esa indumentaria de la zorra o zarragón se mantiene en Gallegos o Carrascal, pero la figura se conserva en muchas localidades de la provincia. En ocasiones se le denomina también guión como hemos recogido en la danza de la cruz de San Pedro de Gaíllos o La Puente de Torre Val, donde ese guión va guiando la danza deshaciendo cruces por medio de la figura del caracol.
En cuanto al repertorio paloteado en la provincia de Segovia, es rico y variado: piezas de la lírica antigua como La Panadera; marchas como La Marcha Real; cuplés como Las Modistillas; polkas como Las Palomas de Madrid; jotas como la llamada La Comunera; piezas de la misa para dulzaina, como el credo tan popular en la zona de la sierra; canciones de ronda como El Clavito; o repertorio vocal como Las Catañuelas de Tejo. Y es este repertorio el que unifica las zonas del mapa de danzas de palos de la provincia ya que en prácticamente todas las localidades estudiadas tienen una melodía común a su zona y otra común a la provincia. Teniendo en cuenta además que la misma melodía puede recibir distintas denominaciones como sucede con la melodía de La Panadera de Tabanera del Monte llamada Napoléon en la zona de Abades y Carlos V en la zona de Fuentepelayo.
Bernuy es la localidad de la provincia que más repertorio único mantiene. Solo comparte con localidades cercanas y de la sierra, Las Palomas -una polka, cuya melodía se palotea también en Tabanera del Monte, La Lastrilla, Las palomitas de Rebollo (San Pedro de Gaíllos), Valleruela de Pedraza y Orejana-, y La Marcha, una recreación del Himno Nacional muy utilizada en la provincia para la salida de la imagen del templo. El resto de su repertorio, Pasacalles, Herradura, Las Olas, Mutilán, Señorito, es único y exclusivo de Bernuy.
Las danzas de palos tienen tres componentes fundamentales: la melodía para dulzaina, el sonido de los palos, y los lazos y calles (coreografia). La dulzaina en la provincia de Segovia, lleva acompañando la danza desde al menos 1791 que tenemos el dato en Melque de Cercos para la festividad de San Esteban, y sabemos que desde 1833 está totalmente generalizada en las procesiones. En Bernuy actualmente, la melodía de la dulzaina corre a cargo de la excelente ejecución de Rita San Romualdo.
En cuanto al sonido de los palos, otra de las características de cada localidad y de cada zona del mapa de las danzas de palos, Bernuy es rápido y preciso destacando en el Señorito, Las Mocitas, y El Pasacalles, los golpes en el suelo, o los golpes de los palos en cruz y subdivididos.
La indumentaria igualmente también es un elemento importante en los danzantes de Bernuy. Se basa en el modelo de calzón corto en paño marrón, adornado con picados en negro y complementado son faja azul y esquero y pañuelo de cuadros rojos y negros. Similar al recogido en Revenga. En la provincia ahora y en siglos pasados, hemos encontrado dos modelos en la indumentaria del danzante. El primero modelos, las enaguas, presentes actualmente en siete localidades de la provincia, todas ellas en la sierra: Torre Val, Arcones, Gallegos y Orejana con enagua blanca y distintos encintados de colores; Valleruela de Pedraza con enagua rosa; San Pedro de Gaíllos con enagua de estampados florales; y Castroserna de Abajo con enagua de terciopelo granate y espalderas con flores de papel aunque en tiempos lejanos se documentaron enaguas en Torrecaballeros, Valverde Caballar (toneletes) o Cerezo. Y el segundo modelo documentado en la historia y presente actualmente es de calzón corto con chaleco. Lo encontramos en todas las localidades (excepto en los ejemplos de enaguado). Tenemos ejemplos de chalecos conservados desde el siglo XVIII, como los encontrados en Muñoveros y en Veganzones; o más recientes, las casacas de Carrascal de la Cuesta.
Segovia cuenta con un rico patrimonio de danzas rituales, que además ha sido muy documentado gracias a las publicaciones, conferencias y congresos impulsados por el Instituto de la Cultura Tradicional Segoviana “Manuel González Herrero”, que ha sabido poner en valor la cultura de los pueblos de la provincia de Segovia.
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* Investigadora de la Cultura Tradicional Segoviana.
