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«Todos los pueblos cercanos a Fuentepelayo se benefician de la feria de El Ángel»

por Redacción
28 de febrero de 2012
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A Daniel López Torrego le apasiona la política local. Fue alcalde de Fuentepelayo durante cuatro legislaturas (dieciséis años). Tras ocho años fuera del cargo, regresó al mismo tras las elecciones del 22 de mayo de 2011. Sigue compatibilizando esa responsabilidad con la de orientador en el instituto “Vega del Pirón”, de Carbonero el Mayor. De cara a los próximos cuatro años, tiene dos prioridades: arreglar las calles del pueblo y ampliar la residencia de ancianos. Sabe que en la coyuntura actual no resulta sencillo encontrar financiación, pero asegura que no va a desesperar en el intento.

Usted es ejemplo de que la política engancha. Estuvo cuatro legislaturas ejerciendo como alcalde y, después de ocho años, ha regresado al mismo cargo…

Es cierto. La política engancha. Después de estar tantos años como alcalde, necesitaba respirar, tomar oxígeno, descansar. Y, sobre todo, necesitaba retomar mi trabajo, porque no nunca dejé de ejercer mi profesión. Necesitaba ponerme al día, reciclarme, ya que mi dedicación al Ayuntamiento, tarde tras tarde, me lo impedía. Muchas veces pienso que si hay gente que se dedica a hacer trabajos sociales, o a oenegés, la política es algo parecido. El esfuerzo que haces casi siempre merece la pena; merece la pena trabajar por tus vecinos, incluso con los berrinches que ello lleva. Yo tenía un cierto gusanillo por la política. En los pueblos estamos acostumbrados a exigir, a criticar, pero cuando pides participación, a la hora de hacer las listas (electorales), es más difícil comprometerse. Yo ahora estoy trabajando desde la experiencia. A pesar de la crisis económica, hemos hecho unos presupuestos, y no nos han salido mal.

Ocho años después de dejar la alcaldía de Fuentepelayo, cuando se ha vuelto a sentar en ese sillón, ¿qué es lo que más le ha sorprendido?

Tengo que decir en la pasada legislatura ya estuve en la corporación, aunque fuera en la oposición, así que seguía las actuaciones que se estaban realizando. Pero, en respuesta a su pregunta, lo que más me ha sorprendido ha sido, posiblemente, que cada vez los vecinos exigimos más, e incluso intentamos resolver las cosas no como antes, hablando, dialogando. Ahora se judicializan los conflictos enseguida (…) Con respecto al Ayuntamiento, cuando dejamos la alcaldía había una serie de proyectos que después se han ido desarrollando. Otros de nuestros proyectos han cambiado, pues cada uno tiene sus prioridades, sus ideas (…) Ahora se presentan cuatro años difíciles, por las circunstancias en que estamos. Estamos fastidiados porque probablemente no volvamos a conocer los planes especiales que subvencionaban proyectos. Ojalá surja alguna posibilidad de desarrollar algún proyecto de envergadura en el pueblo. Vamos a ir trabajando en función de las necesidades de los sectores industriales que tenemos. Fuentepelayo ha sido un pueblo en el que nunca ha habido paro y ahora es un problema que estamos sufriendo. Desde el Ayuntamiento, tenemos que ver cómo se puede ayudar a paliar ese problema, si es preciso con obras pequeñas pero que puedan generar nueva mano de obra.

A nivel social, ¿es muy diferente el Fuentepelayo de hoy al de hace una década?

La gente sigue con su dinámica, con sus trabajos, con sus cuestiones. No ha cambiado demasiado. En los pueblos cuesta más notar los cambios, el tiempo es más pausado. Aunque Fuentepelayo siempre ha sido un pueblo dinámico. Hace veinte o treinta años era de los pueblos que más universitarios tenía. El afán de aprender, de adquirir cultura, de traspasar fronteras, siempre ha existido. En ese aspecto también seguimos igual. Y, en cuanto a población, n os estamos manteniendo gracias a las empresas que tenemos, pero también es cierto que hoy muchos de nuestros jóvenes se van a otros sitios a buscar trabajo acorde con su preparación.

Fuentepelayo tiene fama de pueblo emprendedor. Y, en ese sentido, hay dos empresas, Proinserga y Dibaq, que han marcado el ritmo al pueblo. ¿Se ha resentido Fuentepelayo con el derrumbe de Proinserga?

El tiempo cura las heridas, es cierto. Pero se notó y en cierta medida se sigue notando lo que ocurrió con Proinserga. Bastantes personas tuvieron que dejar el puesto de trabajo que ocupaba. Algunos encontraron acomodo en otras empresas, mientras que otros lo siguen buscando. También afectó a los agricultores y ganaderos. Hace poco, uno me decía que todavía no han solucionado el problema. Se sigue notando el golpe sufrido. Proinserga era una empresa fuerte, dinámica, que a Fuentepelayo vino muy bien porque era innovadora. Al parecer, se tomaron una serie de decisiones que no fueron las adecuadas y que acabaron llevando a la situación que hoy estamos. También tengo que decir que hubo muchas promesas de ayudas que nunca llegaron.

¿Qué representa hoy Dibaq para Fuentepelayo?

Es nuestro buque insignia. Da empleo a mucha gente de Fuentepelayo y de toda la comarca y eso es bueno a todos los efectos. A veces los municipios somos egoistas y queremos que todas las empresas se ubiquen en nuestro municipio. Pero hay que pensar que lo más importante es que haya trabajo a cinco o a diez kilómetros. Lo importante es que se creen empresas para poder ir a trabajar. Dibaq está pasando algunas dificultades, como es normal en esta época, pero gracias a que está presente en muchos países está sabiendo sortear la crisis (…) En este Ayuntamiento se ha intentado que se construyeran viviendas de promoción pública. Tanto en mi época de alcalde como cuando ha estado Lorenzo Tejedor. Es importante que aquí, que viene mucha gente a trabajar, se vayan quedando algunos, para así incrementar la población.

¿Cómo es hoy Fuentepelayo?

Es un pueblo con muchas industrias. He hablado de Proinserga y de Dibaq, pero también hay que citar a Fernanz, con su maquinaria para ganadería, a Prosanzcu, de herbicidas, a Caja Cega… Además de esta pujanza industrial, hay que decir que tiene muchas cosas que ver. El pueblo se tiene que dar a conocer. Tenemos dos monumentos que están declarados BIC, la iglesia de Santa María y El Salvador; una preciosa Semana Santa; una magnífica fiesta local, la Octava; las fiestas de agosto, con sus toros, sus verbenas y sus carrozas, que nos distinguen de otros municipios. Y también tenemos bonitas rutas, que están siendo ahora promocionadas por Honorse Tierra de Pinares y el Centro de Iniciativas Turísticas. En definitiva, tenemos muchos encantos que ver.

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