El 1 de octubre de 1590, de madrugada, fue robada una valiosa lámpara de plata del altar mayor de la Catedral de Segovia. Como no podía ser de manera, el suceso conmocionó a la ciudad, iniciándose de forma inmediata una investigación para aclarar el sacrilegio y castigar a sus culpables. Aunque la resonancia del hecho coleó durante años, el inexorable paso del tiempo se encargó finalmente de borrarlo de la memoria colectiva. Y así, olvidado, permaneció durante siglos. Hasta que la recordada Manolita Villalpando, dedicada en cuerpo y alma a investigar en los archivos de Segovia, descubrió un protocolo notarial donde se relataba, con todo lujo de detalles, las pesquisas llevadas a cabo para resolver el caso. Considerando de interés el hallazgo, la historiadora redactó un artículo, publicado después en la revista “Estudios Segovianos”, que logró rescatar del olvido el robo.
Nada más leer ese trabajo, Francisco Javier Mosácula María comprendió que la trama resultaba “muy novelable”. Así que él, un historiador de vocación tardía especializado precisamente en la época de ese episodio, empezó a dar vueltas a la cabeza sobre cómo podía escribir una novela basada en aquel hecho real. Hace tres años tomó la decisión de componer el libro, a la postre titulado “Robo sacrílego en Segovia”. El primer paso fue el más dificultoso. Mosácula transcribió, una a una, las cerca de 1.500 páginas del protocolo notarial. Después de esa larga fase de documentación, trazó los ejes de la novela y, por fin, se zambulló en la labor más creativa, la redacción del libro, si bien intentando respetar las expresiones características de los segovianos de finales del siglo XVI.
Los dos principales sospechosos del robo, Hernando García y Bartolomé Palomo, rebautizados por Mosácula como “el Pícaro Pintor” y “el Hombre del Capote Verde”, son los protagonistas centrales de la novela. El primero fue un hábil pintor, con buena educación, aunque “se echó a perder”. Compadre de pícaros, mujeriego e inclinado a la vida golfa, la conducta de Hernando García se sitúa en el límite entre lo legal y lo ilegal. Bartolomé Palomo tenía otro perfil. “Era un desalmado, con un largo historial de delitos por toda España”, resume Mosácula.
Las presurosas indagaciones de las autoridades segovianas acabaron señalando a un culpable, aunque ¡ay! tiempo después la verdad acabó saliendo a la luz.
Mosácula advierte que su obra “no es la típica novela histórica”. “Yo —agrega— no soy un novelista, sino un historiador que trata de acercar la historia lo más fielmente posible a los lectores”. En ese sentido, para este doctor en Historia por la UNED, el primer objetivo era “presentar la sociedad segoviana de la época”. Consciente de que “Robo sacrílego en Segovia” no iba a convertirse en un best seller, Mosácula se autofinanció la publicación del libro, que aparece en la editorial Círculo Rojo.
La presentación de la novela tendrá lugar este jueves, 4 de diciembre, a las 20,00 horas, en La Alhóndiga. El acto estará presentado por Fernando Ortiz, licenciado en Filología Hispánica y coordinador de Actividades Culturales del Ayuntamiento de Segovia.
