El presidente de la Generalitat, Artur Mas, defendió ayer ante el Parlament que la contratación pública de la Generalitat es “impecable” y cada vez más exigente, y que él estaría comprometido en que funcione bien este sistema, con transparencia y buenas garantías para todos. Al iniciar su comparecencia a petición propia tras la operación Petrum en que se detuvo al director de la empresa pública Infraestructures.cat, dijo que la operación policial de esta semana es la segunda en muy poco tiempo sobre Petrum, y que parte de la prensa estaba preavisada, “cosa ampliamente sospechosa de lo que se pretende y se quiere trasladar a la opinión pública”, aunque admitió que también se pretenderá investigar, lo cual apoyará si hubiera indicios de ilegalidades.
Mas —que ha llegado con los consellers Francesc Homs y Andreu Mas-Colell— reiteró que estaría a favor de que se investigue, pero no en que además se busque el espectáculo y perjudicar a CDC, según dijo, y lamentó que además “esta vez se ha ido más lejos” porque se ha detenido al director de una empresa pública.
Asimismo hizo un alegato en favor de la transparencia de la contratación de la Generalitat y cedió a los grupos parlamentarios un documento con las principales actuaciones dirigidas a fomentar la transparencia y las buenas prácticas en la contratación pública entre 2011 y 2015, con 18 puntos, que a continuación desgranó minuciosamente.
El presidente destacó que Cataluña es actualmente la administración pública autonómica “más transparente” de toda España, ya que Transparencia Internacional les da una puntuación de 100 sobre 100: así, destacó que en 2012 la Generalitat estaba en el puesto 10 de transparencia en España, y en 2014 pasó al primer lugar. Para él, el nivel de transparencia y de buenas prácticas en la contratación pública de la Generalitat ha sido creciente y que el grado de exigencia es “realmente alto”.
“No hay errores ni, por supuesto, posibilidad de influir de una manera partidista o personal sobre este sistema de contratación pública”, además de afirmar que el sistema se ha ido sofisticando para limitar cada vez más la posibilidad de influir. Desde hace cinco años, ha intentado que “los niveles de exigencia fueran cada vez más fuertes”, garantizando la transparencia y llegando a ser un ejemplo de buenas prácticas en este caso.
