El escritor Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) no tiene un libro en puertas, pero asegura que no para porque 48 horas sin escribir le “cansan demasiado, no sabría qué hacer”. Momentos antes de iniciar la lectura pública en Segovia de su último libro, en torno a los días previos a la guerra civil española, Mendoza confiesa que, durante los fines de semana, si puede, se escapa un rato a escribir: “siempre tengo en la cabeza algo y la única forma de que eso no se convierta en obsesivo es escribiéndolo”, explica.
El autor de “El misterio de la cripta embrujada” o “La ciudad de los prodigios” hace balance de su carrera, en una entrevista con EL ADELANTADO, para concluir que con “La verdad sobre el caso Savolta”, su primer novela, tuvo una acogida que no podía ni soñar, tanto de crítica como de público. Desde entonces, reconoce, “con altibajos hasta el Premio Planeta”, no ha parado de “ganar siempre, si no el premio gordo, el segundo o el tercero”, y de contar con unos lectores “muy fieles”.
Una de las mayores satisfacciones para este autor es que sus libros hayan entrado en la escuela, con el “Caso Savolta” y “Sin noticias de Gurb”, a la que considera una obra como “muy marginal” pero que ha iniciado en la lectura a muchos niños, que ahora, ya de mayores, se lo reconocen por la calle.
Sin embargo está menos contento de los trabajos literarios que se han adaptado al cine pues, sin poder echar la culpa a nadie, reconoce que “nunca” un trabajo suyo ha sido el origen de una “película magnífica”, que es lo que le haría “mucha ilusión”. Primero, en su opinión, “porque lo que quería era ver una buena película, fuera fiel o infiel, y luego porque tiene una repercusión enorme; pero ha sido una ilusión no cumplida”.
Si en “Riña de gatos” se mueve en un momento convulso, en 1936, bromea con que tendrían que pasar 80 años para trasladar a una novela la situación actual por la que atraviesa el mundo: “Se está sembrando algo que, a plazo relativamente corto, llevará a un cambio grande”.
Mendoza aboga por un nuevo modelo de gestión de lo publico, aunque no significa que la democracia tenga que desaparecer o que sea un modelo obsoleto, a su juicio, “pero es verdad que tiene que organizarse algo, y si lo supiera estaría dando conferencias en Harvard”.
Pero hablando de futuro, el escritor barcelonés tiene grandes esperanzas en el libro electrónico, el que dice que está en el espacio y uno lo baja lo lee y lo devuelve, aunque no oculta que “es posible que repercuta negativamente en los ingresos de los escritores, eso me gusta menos”.
Tras reconocer que los escritores han vivido un periodo de bonanza único en la historia, frente a épocas anteriores, no muy lejanas, de forma manera bohemia y casi mendicante, Mendoza no oculta que si sabe que todo lo que escribe luego se leerá gratis en Internet, “a lo mejor pierdo parte de la motivación”.
Pero ya va tratando de inventar fórmulas: “Se compensará de alguna manera, a lo mejor los libros se leen gratis y cobramos por hacernos fotos, pues ahora en vez de pedirte la firma la gente se hace una foto, cobraré un euro por foto y me ganaré la vida así…”, ironiza.
