La Ley Perpetua es el testamento político de los comuneros de Castilla redactado tras la Guerra de las Comunidades (1520-1522), en la que se levantaron contra las políticas del rey Carlos I y buena parte de ellos fueron ejecutados. Un documento que refleja el estado del pensamiento jurídico y político, así como los presupuestos morales y religiosos de un conjunto de españoles que querían alumbrar un nuevo Estado. De este documento, el fiscal, consejero, escritor, profesor y poeta segoviano Joaquín González-Herrero publicó hace un par de años el libro ‘La Ley Perpetua: fundamentos de una utopía’. Una obra de la cual mañana presentará, en el auditorio del Museo Esteban Vicente a las 18:00, su segunda edición, revisada y ampliada.
Allí estará el historiador segoviano y profesor de la Universidad Carlos III, Eduardo Juárez Valero, quien no solo ha sido el encargado de hacer el epílogo de esta nueva versión, sino que ha jugado un papel importante en su realización.
– ¿Cuál ha sido su papel en el libro de la Ley Perpetua?
– Principalmente, me he encargado de ayudar a Joaquín a encontrar la copia que quedaba de esta Ley. Me dio la pista de que estaba en la Biblioteca Nacional y, efectivamente, allí encontré allí un legajo complicadísimo con la copia. Tuve que extraerla del documento original y luego transcribirla del castellano antiguo al actual. También aporté un estudio territorial sobre las Guerra de las Comunidades y cómo afectó a los comuneros. Ahí analizo uno a uno a aquellos que fueron condenados y señalados y así estudiar, desde un punto de vista sistemático, hasta donde llega la guerra desde el punto de vista social, viendo, por un lado la procedencia de estas personas (y la mayoría eran segovianos, lo cual es muy destacable) y por otro, su estrato social, siendo la mayoría eran de lo que hoy llamaríamos de clase media: artesanos burguesía y baja nobleza, que constituye el grupo más castigado por Carlos I.
– ¿Algún nombre interesante?
– Pues aparte de los habituales, he encontrado dos posibles parientes míos, porque entre los comuneros condenados hay un Miguel y un Fernando Juárez. A Joaquín siempre se lo recuerdo en todas las presentaciones que hacemos: “hay dos Juárez condenados, pero ningún González-Herrero”. Además, curiosamente, el hermano de mi abuelo se llamaba Miguel y el hermano de mi padre Fernando.
– ¿Le costó mucho encontrar la copia en la Biblioteca Nacional?
– Buscar documentación en archivos históricos o en fondos bibliográficos, históricos o documentales no es tanto el que cueste como el que tengas suerte. Porque tienes evidencias de que está ahí. Así que encontrarlo es dar con la palabra clave para localizarlo. Y la Ley Perpetua, aunque historiográficamente se conoce como tal, no la llamaron de esa manera. Es uno de los Capítulos del Reino, que son los ordenamientos jurídicos desde el siglo XIII hasta el XIX. Y recuperar uno es difícil porque hay muchísimos. Al final lo encontré enlazado a las Cortes de La Coruña y las de Santiago de Compostela, ya que al jurista que conservó la copia le pareció interesante juntar las actas de estas cortes con los capítulos del reino. Y el legajo acabó, por las vicisitudes que sean, en la Biblioteca Nacional, donde está registrada como Capítulos del Reino, Cartas de las Cortes… Y asociando varias palabras conseguí llegar a él.
– ¿Y qué se puede leer en su epílogo?
– El epílogo es la transcripción íntegra del documento y un estudio de la composición de las bases comuneras a través de la información que hay conservada en el Archivo General de Simancas.
– ¿Cómo conoció a Joaquín González-Herrero?
– Él ya tenía relación con mi prima Mari Pili porque convivieron juntos y hasta fueron vecinos durante muchos años, además de que Joaquín trabajó mucho con ella en la Unión Europea en temas jurídicos. Lo conocí a través de la Asociación Martín Muñoz de las Posadas, por sus actividades culturales, las conferencias que he dado yo allí un par de años… Nos pusieron en contacto Juan José Alonso y Pedro Sáez, el cronista oficial. Desde entonces hemos hecho una amistad que yo creo que es profunda.
– ¿Y cómo le propuso participar en el libro?
– Cuando salió la posibilidad de participar en la presentación de la primera edición del libro, en noviembre de 2021. Fui al teatro Juan Bravo y discutí con Joaquín sobre los comuneros, la monarquía, el proceso jurídico, la Ley perpetua… Luego presentamos otra vez el libro en el San Antonio del Real, en el aula de Hontanares, con muchísima gente, ahí y volvimos a discutir y a debatir, además de una forma encarnizada, porque, como buenos amigos, nos discutimos todo. Ahí me preguntó que si me apetecía participar en la segunda edición y yo acepté.
– ¿Qué supone para Segovia contar con un libro como este?
– Pues, sobre todo, conocer su pasado. Esto es importante porque no somos conscientes de la importancia que tiene el ser segoviano, que significa formar parte de una comunidad que nunca pierde esa conexión con la raíz. La Ley Perpetua está regada con la sangre de muchos segovianos y muchos de ellos no querían constituirse como una entidad, sino que querían formar parte de una sociedad mejor. La Ley Perpetua enseña cómo el sacrificio de unos pocos por el beneficio de todos debe seguir siendo una inspiración para la mayoría. Yo creo que ahí radica la importancia para los segovianos de recuperar la memoria Guerras de las Comunidades, no solo una fiesta el 23 de abril. Como dice el lema de los comuneros, ‘En Castilla nadie es más que nadie’. Eso es lo que define ese espíritu segoviano. De hecho es quizás por la Guerra de las Comunidades por la que luego Felipe II hizo capital de España a Madrid y no a Segovia o Toledo. Son muchos detalles de la historia de los que se pueden sacar de conclusiones. Hemos formado parte de la historia de este país y de la historia del mundo. Por eso es esencial comprender ese protagonismo.
– ¿Cree que los segovianos tienden a minusvalorar su propia historia?
– Eso es algo que pasa con todo el país. Somos así, en general, es una enfermedad propia de la Península Ibérica y del sur de Europa. Ese eurocentrismo en el que se entiende la historia del mundo comete el error de creer que el sur es atrasado, pobre, paleto y folclórico, y que el progreso está en el norte. Es el éxito que ha tenido la propaganda de la cultura anglosajones. Los españoles, los segovianos… todos pensamos que no somos importantes en la historia, que nuestro momento ha pasado y miramos siempre al pasado con nostalgia. Que también es uno de los problemas, mirar al pasado con nostalgia y no con inspiración. Yo creo que libros como el de Joaquín sirven para comprender que la importancia tiene que ver con lo que uno hace, y lo que uno ha hecho debe servir eso. Es un aliciente para seguir avanzando.
