Después de la tormenta llega la calma. Y es que los rumores de que el Banco Central Europeo (BCE) pudiera estar interviniendo con la compra de deuda española favoreció que cambiara ayer unos cuantos grados la dirección de los mercados. De hecho, el diferencial entre el bono español a 10 años cayó 23 puntos, frente a los 30 que había escalado el martes. Al cierre de la sesión, la prima de riesgo se quedó en 418 puntos básicos. El Ibex 35 rebotó un 1,93% y logró reconquistar la cota psicológica de los 7.500, tras cuatro jornadas consecutivas en rojo que le devolvieron a niveles de 2009.
Benoit Coeure, miembro del consejo ejecutivo del BCE, consideró que, a pesar de la fragilidad de los mercados financieros de la eurozona, la reacción negativa hacia España registrada en las últimas jornadas no estaba justificada, y aprovechó para recordar que el programa de compra de bonos soberanos de la entidad sigue en vigor, aunque no haya sido utilizado en las cuatro últimas semanas.
«Estamos observando crecientes signos de normalización en un conjunto de mercados, aunque la situación de los últimos días demuestra que dicha normalización sigue siendo frágil», apuntó Coeure durante una conferencia pronunciada en París, donde, al referirse al acoso sufrido por España en los mercados subrayó, que «lo que está ocurriendo en estos momentos no refleja la realidad».
A este respecto, el banquero señaló que el Gobierno de Mariano Rajoy está adoptando reformas, por lo que apuntó que «no hay razón por la que la situación no vaya a normalizarse también allí».
De hecho, Coeure aprovechó la ocasión para recordar que el programa del BCE para comprar deuda pública en los mercados secundarios (SMP) continúa en vigor a pesar de que la institución no haya adquirido bonos soberanos en los últimos 30 días.
Por su parte, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, pidió «prudencia» en la Unión Europea y que cada país asuma su responsabilidad sin culpar a los demás, en referencia a las manifestaciones que en los últimos días han realizado dirigentes como el francés Nicolas Sarkozy o el italiano Mario Monti. Además, descartó que el país esté a punto de ser intervenido, como ha ocurrido con otros Estados «cercanos».
En un discurso ante los diputados del Grupo Popular, abierto a los medios de comunicación, el jefe del Ejecutivo afirmó rotundo que controlar el déficit público es la «mayor urgencia», porque no hacerlo significa «enormes dificultades para poder financiarse».
«Te prestan si confían en que tú vas a devolverlo, porque tienes crecimiento económico y generas empleo y, por tanto, ingresos. Hay países cercanos a nosotros que no pudieron y están en la situación de todos conocida. Quiero decir que éste no es el caso de España ni va a serlo en el futuro», enfatizó.
El líder popular aseguró que España está en la UE porque «es bueno» para el país y porque cree en ese proyecto. «Tenemos un compromiso europeo, que hemos asumido voluntariamente y que tenemos que cumplir», aseguró.
En este sentido, hizo hincapié en que el Estado cumplirá con el objetivo del 5,3% de déficit este año y con el 3% en 2013, porque, si no lo hace, «el prestigio, bienestar y crédito» del país quedarían «seriamente tocados».
Además, destacó que cuanto mayor sea el déficit público, mayor será el débito y «hoy» ya se dedican 29.000 millones al pago de los intereses de la deuda. «Por tanto, tenemos que salir de ese círculo vicioso que es el que estrangula a nuestro país», advirtió, para insistir en que cuando ha habido déficit público «nunca» creció la nación ni se creó empleo.
«El débito es malo, porque nos resta credibilidad, impide crecer a las empresas y pone en riesgo el futuro del país», señaló.
Por otro lado, el ministro de Economía, Luis de Guindos, defendió la reforma que el Ejecutivo está realizando. «Lo hace por «convicción», y no por imposición de Bruselas o de los mercados y negó categóricamente que los presupuestos de este año sean «un ajuste de cuentas» contra nadie. «Como vengan otros a hacer los presupuestos verán lo que es un ajuste», recalcó.
