El viernes 4 de agosto se clausuró el XXIII Festival de Narradores Orales de El Espinar, precisamente en núcleo de El Espinar, con la contada A batallas de amor, campos de plumas de Andrea Ortúzar en el Patio del Antiguo colegio del Arenal.
La narradora chilena tuvo que vérselas con la noche más fría del verano lo que a lo mejor explica también la tenue participación del público a la hora de ir abriendo las cajitas que ocultaban, junto con corazones, las historias, pues la sesión estaba estructurada a partir del cuento Taller de corazones de Arturo Abad cuyo protagonista repara y guarda corazones. Y es que todas las historias tenían distintas vertientes de la temática amorosa como los cuentos del cortesano infiel y la historia de la carpa sacadas del libro Poderosa Afrodita de Isabel Allende, un cuento cómico-erótico de origen africano o La rebelión de las lavanderas de John Yeoman. Cuentos de muy diversas procedencias que Ortúzar amoldó a su contada y a su forma de contar. Y su forma de contar es, sobre todo, corporal, pues su cuerpo siempre está en movimiento y es el cuerpo quien le marca el ritmo a la voz, aunque los matices de su bella voz no se percibieron bien por causa del micrófono con el que estaba contando. Asimismo, cuenta más con el gesto que con las palabras -palabras a veces poco precisas, a veces enmarañadas- porque su fuerza de contada es mucho más visceral que lingüística con lo que en el escuchador no quedan tanto las palabras sino la intensidad de contada de esta narradora.
Tal vez una mayor variedad de ritmos, o al menos con contrastes más marcados, hubiera ayudado a resaltar ciertos momentos de las ficciones que en general resultaron un tanto planas al ser contadas con tanto ímpetu. Pero precisamente este ímpetu fue el que tuvo bien sujetas y atentas a las criaturas que asistieron a la sesión familiar, registro en el que Andrea Ortúzar es toda una maestra: creación de personajes con las manos, objetos o pequeñas marionetas, mucha expresión corporal, interactuación muy cercana con los más pequeños, retahílas, canciones y cuentos acumulativos… Un catálogo de técnicas, sorpresas e historias, que embelesaron al público más numeroso y heterogéneo de todas las sesiones familiares del Festival.
El XXIII Festival de Narradores Orales de El Espinar ha traído muchas sorpresas agradables tanto de la mano del Ayuntamiento de El Espinar con sillas confortables (¡mil gracias!) y un día más (¡cien mil gracias!) como de la de su director Carlos Yañez, quien ha propuesto durante esta semana a los ya experimentados escuchadores del festival reunirse durante el resto del año para continuar disfrutando de historias… Ahí queda eso y el anuncio de que la vigésima quinta edición se va acercando y hay que celebrarla como se merece.
