Un americano en París, un inglés en Nueva York (Englishman In New York), un yanqui en la Corte del Rey Arturo… Las grandes historias, en el cine, en la música y ¿por qué no? también en la gastronomía? las escribe gente que llega de fuera a un lugar movida por las más diversas circunstancias. El caso del joven chef Blaz Kostanjsek es el de un esloveno en el Real Sitio de San Ildefonso, concretamente en las cocinas del Parador de La Granja, donde este verano está trabajando tutelado por el también joven chef Adrián Salas.
Kostanjsek, de 21 años, es uno de los trece cocineros internacionales que forman parte del Programa de Formación en Gastronomía Española del Instituto de Comercio Exterior (ICEX), una de las becas gastronómicas más completas del panorama internacional, que alcanza ya su séptima edición.
La elección del Parador de La Granja no parece casual, es uno de los más modernos a pesar de encontrarse en un edificio del siglo XVIII. Además, Salas (extremeño de 26 años) es una de las figuras emergentes de la red estatal y en solo tres años su cocina ha conseguido un Sol Repsol. Entre ellos se aprecia fresca camaradería, una compenetración que en los fogones ha sorprendido al chef español, porque Blaz, en muy poco tiempo, ha demostrado ser “muy espabilado, es impresionante como capta todo rápidamente.
El joven esloveno, por su parte, se muestra encantado con el cochinillo asado o los vinos españoles y no tanto con los judiones. Su mentor en La Granja recalca que ha aprendido “muy rápido” la preparación de carnes, pescados, platos fríos, etc. Incluso admite que también su equipo del Parador, jovencísimo, ha aprendido de Blaz, por ejemplo salsas o la forma de emplatar.
No en vano, a pesar de su juventud, lleva estudiando Cocina cuatro años y ha trabajado en grandes hoteles de Alemania e incluso en uno de Estepona. Simpático y espontáneo, explica su plan de trabajo diario: “trabajo hasta las cuatro o las cinco, después descanso y luego, en el pueblo, cervezas, chicas…”. Kostanjsek dice no añorar su tierra —su familia vive a una hora de Liubliana, capital eslovena— y, aunque Salas puntualiza que no entiende expresiones como “echar de menos” y habla casi a diario con su madre, lo cierto es que, al preguntarle si en el futuro abrirá un restaurante en su país, asegura con contundencia que no, que es pequeño, que solo son 200.000 eslovenos y sus ambiciones y sueños son más elevados. Tiene la vista puesta en la alta cocina, en dirigir un restaurante con estrellas Michelín. De momento, cuando acabe su estancia en La Granja, continuará la formación en Gerona, nada menos que en Can Roca, considerado el mejor restaurante del mundo, para envidia de cuantos le rodean en el Parador granjeño, inclusive el propio Salas. Blaz admite el reto: “es el primerísimo nivel internacional”.
