La imagen de unos niños correteando por el patio de una prisión no suele sugerir sensaciones positivas, salvo que el centro penitenciario en cuestión se haya transformado en un espacio para la expresión artística. Este es el caso de la antigua cárcel de Segovia, situada en la Avenida de la Constitución, que en 2000 vació sus celdas para trasladar a los reclusos al actual centro penitenciario de Perogordo e iniciar una larga andadura para convertirse en un referente para la cultura y la creatividad.
La singularidad de su diseño arquitectónico, obra del arquitecto Joaquín Odriozola a principios del siglo XX, con el hierro y el cristal como principales protagonistas hace de la prisión un edificio singular, que ayer pudieron recorrer una treintena de segovianos por mor de la iniciativa “Domingos de Patrimonio” organizada por la Empresa Municipal de Turismo.
José Salas, guía de la Empresa Municipal, fue el encargado de explicar a los visitantes la historia y las características más singulares del edificio, para cuyo diseño el arquitecto Odriozola se inspiró en la vecina cárcel de Guadalajara y que sufrió no pocos avatares hasta que fue finalmente construida casi a finales de la década de los 10 del pasado siglo.
Tomando como referencia el testimonio de antiguos funcionarios de prisiones que trabajaron en este centro, así como de historiadores como Miguel Angel Chaves o Santiago Vega, el guía dio a conocer al público visitante retazos de la historia de este recinto, en cuyas celdas y galerías aún se conserva la pátina de la desesperanza de varias generaciones de reclusos que pasaron por el centro.
La estructura del centro, diseñado en forma de cruz con una parte central en la que se situaba el puesto de control y en cuyos lados se sitúan los cuatro patios en los que los internos pasaban sus ratos de ocio, deja ver la interesante disposición arquitectónica, en la que las escaleras y barandillas de hierro forjado permiten el acceso a los distintos niveles de las galerías.
Los visitantes tuvieron la oportunidad de visitar el interior de las celdas, algunas de ellas aún con elementos originales como las estanterías de obra, y otras completamente transformadas por el arte en una reciente intervención que tuvo lugar en el centro, ahora reconvertido en espacio artístico.
También pudieron pisar dos de los cuatro patios del centro, en los que impresiona ver la altura de los muros y las alambradas que parecen estrechar aún más su reducido espacio.
Cárcel municipal en su diseño original el centro penitenciario pasó a manos del Estado en la década de los 30, y fue prisión central de mujeres durante los años 40 y 50, para posteriormente ser conocida mundialmente por la fuga de una treintena de presos de ETA a través de su sistema de alcantarillado, que fue el inicio del fin de su vida activa.
Diez años después de dejar de ser cárcel, algunos de los pabellones del edificio ofrecen a los segovianos la posibilidad de encuentros artísticos en las Salas Ex.Presa, a la espera de que la rehabilitación del inmueble permita desarrollar el ambicioso proyecto cultural que pretende llevar a cabo entre sus muros.
