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Cedros, rosales y alegrías en los jardinillos de San Roque

por Juan Manuel Santamaría (*)
16 de abril de 2023
en Sin categoría
Jardinillos de San Roque. Plantación de alegrías delante del gran cedro. / Juan Manuel Santamaría

Jardinillos de San Roque. Plantación de alegrías delante del gran cedro. / Juan Manuel Santamaría

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En la parroquia de San Millán había un paraje conocido como Campo de San Roque por las ruinas de una ermita dedicada al santo curador de plagas que allí existió. Estaba alejado de la Ciudad no por la distancia sino por el curso del Clamores, un río sobre el que no había puente. Si alguien quería ir al dicho campo sin riesgo de mojarse los pies tenía que hacerlo dando un rodeo, bien desde la carretera vieja de Madrona, próxima a Santo Tomás, bien desde el Puente de Sancti Spiritus, al oeste del barrio. Sólo era frecuentado por pastores y labradores dueños de las fincas colindantes, uno de los cuales hizo una oferta para su compra en 1864. El Ayuntamiento acordó no vender el solicitado “trozo de terreno al Sitio de San Roque”.

Foto 2
Vista de la fuente construida en 1867. A su alrededor, los bancos donados por la desaparecida Caja de Ahorros.

La situación cambió a partir del año 1867, cuando las autoridades municipales acordaron la construcción de un puente, a levante de la iglesia, pues aquella obra, en principio sencilla, se convirtió en incentivo para otras acometidas por el mismo Ayuntamiento, que, al poco tiempo, presupuestó 6.100 pesetas con 10 céntimos para conducir agua, instalar una fuente y plantar árboles en el Campo de San Roque. Como en otros lugares de Segovia, la conducción de agua, la instalación de la fuente, grande, proporcionada al espacio y elegante con su cantarín surtidor, y la plantación, fueron los pasos previos a un ajardinamiento que habría de coexistir con la arboleda.
Los trabajos más básicos habían concluido en 1872 pues, en el acta de una de las sesiones municipales de aquel año, se lee: Habiéndose abierto al público los jardines del Campo de San Roque se nota en ellos la falta de asientos precisos para la comodidad y recreo de los concurrentes. Muchos años más tarde, se pusieron los bancos actuales, costeados por la desaparecida Caja de Ahorros.

¿Por qué los segovianos rechazaron la palabra jardines y pasó a llamarles jardinillos? Para ellos, jardines eran los del Real Sitio, extensos y espléndidos; los de San Roque, aunque trazados a su semejanza, eran pequeños y modestos así que… mejor jardinillos.

Los jardines segovianos, que tanto contribuyen al ornato de la ciudad y que tanta

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Rincón de los jardinillos en fotografía de 1974. La topiaria del seto era de olmo. Aún no había llegado la grafiosis.

admiración despertaron en viajeros foráneos, no han conseguido motivar a escritores locales, entusiastas glosadores de los grandes monumentos pétreos de la ciudad. Es posible que siempre les hayan juzgado demasiado humildes y, por lo mismo, no merecedores de gastar tinta en ellos.

Marceliano Alvarez Cerón, uno de los fundadores de la Universidad Popular Segoviana, empleó su pluma en cantar a un jardín, a éste precisamente.

PASEOS EMOTIVOS. Los jardinillos de San Roque. ¿Estuviste alguna vez en ellos después de un aguacero estival? Seguramente no, porque en circunstancias tales los hemos visto solitarios, tan solitarios que, en la apacibilidad maravillosa de los crepúsculos apacibles, tienen algo de místico. Si el aguacero fue reciente y fugaz, y ya el cielo se ha pacificado, el césped estará brillante, el follaje habrá adquirido una tonalidad más intensa o más solemne y ambos parecerán de terciopelo esmeraldino… Ni una hoja se mueve. Las calles ramosas, geométricas, recortadas, húmedas todavía, poseen un encanto inaudito… (El Adelantado de Segovia, 4-VII-1916).

Foto 4
Rosas.

No nos extrañe que fuera un jardín solitario. Cuando la municipalidad decidió su creación, eligió un espacio bastante alejado del área ocupada por el caserío de la ciudad, un espacio al que la gente no estaba acostumbrada a ir y, a veces, no es fácil romper las rutinas y los hábitos ciudadanos.

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Mata de Kerria japónica, uno de los vistosos arbustos del jardín.

Tras un talud tapizado con césped que por el oeste salva el desnivel existente entre la calle y la superficie aterrazada, ésta se dividía en dos partes prácticamente iguales: en una, árboles, la fuente con surtidor y bancos, todos de granito, aunque los antiguos fueron sustituidos por otros que donó la desaparecida Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia; en la otra, dispuestos a ambos lados de dos calles que se cruzan, parterres de desigual dibujo, limitados por setos y sencilla topiaria de olmo (hoy de aligustre). Al norte, los dos cuadros están acompañados por una alineación paralela de cipreses y a levante, por dos cedros, ya más que centenarios. Hay chamaeciparis, algún abeto, rosales y otros arbustos, como prunus y kerria japónica.

Fue siempre un espacio tranquilo, idílico casi, cuidado y embellecido con el color de las rosas y de las flores de temporada que se cambian siguiendo el ritmo de las estaciones.

Ha conocido transformaciones y sabido de daños. Se le quitó un trozo el año 1943, cuando

Foto 6
Vista del jardín. En el cuadro, césped, rosales y tagetes

la Delegación de Sindicatos construyó, destinado a Feria de Muestras, un pabellón que luego ha tenido diversos, y útiles, usos; ganó público cuando el trazado de la Avenida Fernández Ladreda, hoy Avenida del Acueducto, hizo más fácil la comunicación con la ciudad; se le dotó de un kiosko-bar con terraza frecuentado, según las horas, por los amigos del vermú, del café con leche o del refresco; también de una pista de cemento en la que, según la edad y el momento, se bailaba o se patinaba; acogió un tiovivo que hizo las delicias de los niños durante décadas… Y en los últimos tiempos, la sombra de los castaños próximos a la fuente, conoció la llegada de una caseta móvil que ofrecía a quien quisiera leerlos, periódicos, revistas y libros. Hoy ha sido sustituida por una instalación fija, de madera, sujeta a uno de los cedros de tal manera que parece fuera a estrangularlo. Hubo protestas y la construcción, sólo apañada, ha sido separada del tronco.

Foto 7
Cedro del Atlas con el pabellón construido para la Feria de Muestras de 1943.

El año 1958, en la cabecera y enmarcado por los que ya eran dos imponentes cedros, se levantó un monumento dedicado al escultor Aniceto Marinas, que había nacido en el barrio, en una casa cercana al jardín. Es sencillo: unos bloques y un pedestal de granito entre los que casi se pierde el busto del homenajeado, realizado en bronce por Mariano Benlliure, también artista de fama merecida. Anualmente, en torno a este monumento se celebra un acto emotivo y de agradecimiento. La Cofradía de la Soledad de San Millán, imagen procesional esculpida por Aniceto Marinas y que éste donó a la iglesia del barrio, en la que fue bautizado, convoca cada Domingo de Resurrección a todos los segovianos que quieran honrar su memoria a llegarse hasta el jardín, escuchar un breve y emocionado discurso y descubrir cómo las plantas se abren a la primavera.

—
(*) Académico de San Quirce porunasegoviamasverde.wordpress.com

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